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EXTRAORDINARIO D E A B C D E F I N D E AÑO P A G 47 obrero sindicalista fué asesinado el día ióV Tres fechas después, en plena celebración de la Feria, caía a balazos, en su propia casa, el joven doctor Ferreras, afiliado al comunismo. Aquélla transcurrió en una calma ficticia, incómodamente apoyada en carabinas y fusiles, entre el ir y venir de camiones de Asalto, motos de la Guardia civil y demás medios de transporte festivo, pintiparada sustitución de los trenes enjaezados a la andaluza. E l malestar que aquellas abrumadoras garantías sopenaban, no pasó inadvertido a la consideración nteligenfce de D Julián Besteiro, huésped ilustre de nuestras casetas. E n la noche del 24 de abril, una bomba de terrible potencia semiderrumbó la casa de D Marcelino Bomet. L a F E D A un día m á s tarde, anunció el viaje colectivo a Madrid, en apoyo apremiante de su escrito de cuarenta días antes, que el Gobierno a ú n tenía por contestar. Antes de que la excursión se realizase hubo tiempo para que dos artefactos m á s fueran colocados y estallaran reposadamente: uno, el 2 de mayo; otro, el 6, en casa del Sr. Ybarra. E l domingo 7, los trenes de los manifestantes partieron. Prejuicios políticos resta- ron a la protesta los apoyos unánimes que el bien de Sevilla r e q u e r í a mas esto no i m pidió que el enérgico gesto ciudadano a l canzara una fructífera trascendencia para el porvenir. Pero a que la oprobiosa pasividad del Poder central comenzase a ceder ante nuestra tragedia l a sangre generosa de D Pedro Caravaca, criminalmente vertiáa el día 20, ayudó no poco. Fecunda su muerte, como lo había sido su inteligencia clarísima, puesta al servicio de l a ciudad, ella hizo viriles y amenazantes los plañidos estériles y desdeñados. N o se podía ya desoír el clamor indignado de Sevilla. E l Sr. C a sares Quiroga pudo atestiguarlo así. E 1 25 de mayo, una tragedia de la aviación, sobrevenida en Gelves, costó la vida a dos militares. E n lo social, junio tampoco estuvo ocioso: en su primera jornada murió un hombre en ocasión de un tiroteo ocurrido en el Pumarejo; el 17, lució l a bomba de la calle O r fila- -quizás la última de l a serie- P o r los pueblos, la huelga de campesinos llevaba muy próspera vida. E n otro orden de cosas, tuvimos el vuelo y el duelo del Cuatro Vientos, henchido de gloria y de pesadumbre. Y la célebre palabra de honor, al regreso de uno de sus múltiples cuanto inútiles idas a Madrid, del señor González y F e r n á n d e z de la Bandera, nuestro alcalde entonces; hoy, nuestro diputado porque así lo ha querido la voluntad del pueb l a Sí. E n pleno julio, y muy oportunamente- -el traslado de veraneantes a los puertos reclamaba toda suerte de colaboraciones- surcó por primera vez el proceloso piélago de l a vida el yodado Grupo Marítimo del Partido Radical. Sin otros acontecimientos trágicos nos metimos en agosto- -digno, por cierto, de sus más ardorosos predecesores- y durante su transcurso asistimos al desarrollo inquietante, no limpio de sangre, y desenlace feliz de la huelga del Puerto. L a saludable energía del Sr. Alonso Mallol dio fin de imposiciones y vetos, insufribles por l a economía ciudadana, a que la debilidad de sus predecesores! había eludido poner coto. E n el transcurso de aquel conflicto ocurrió el execrable atentado en la persona de D Víctor Ramos Catalina. Otros hechos análogos fueron cometidos en las calles Sier. pes y Adriano. L a labor de la Policía, eficaz auxilio de l a firmeza gubernativa, comenzó a reconquistar la confianza- -por lar so tiempo perdida- -de la gente, 1 SEVILLA A L AÑO H M u y malos recuerdos deja de sí el a ñ o recién extinguido; tanto, que en número y desagrado quizás le permitan tutearse, de tumba a tumba, con sus dos difuntos predecesores. S i n embargo, menos contumaz que aquéllos en lo nefasto, sensiblemente inclinado a la enmienda- -quizás porque veía acercarse s u fin- -en el último tercio de su existencia- -sabido es que el último tercio es el de l a muerte- 1933 puede que sea digno de una despedida, si no cordial, benévola al menos, no desprovista de alguna esperanza en la labor de sus herederos en l a línea directa del Tiempo. De cómo nació y fué creciendo el bebé, guardamos los sevillanos recuerdo tormentoso- -que eco de tormenta nos parecen, sumados añora en l a vocación sintética, las detonaciones de las bombas y las armas del período, homicidas muchas veces y desV tructoras siempre de la paz interior en que ha de basarse la vida fecunda de una ciudad civilizada- Venido al mundo entre carabinas- -era uno de los infinitos períodos N de precaución aconsejados por el famoso crecimiento espiritual- -en sus primeros días participó 1933, envuelto en la bandera roja de sus pañales, en los designios levantiscos que por entonces, una vez m á s conturbaron a E s p a ñ a y que- -tal vez lo recuerde el Sr. Azaña- -tuvieron histórico desenlace en Casas Viejas. E n L a R i ñ o nada, Las Cabezas y otros pueblos sevillanos, el movimiento alcanzó repercusiones sensible- -atenuada a veces l a gravedad de las circunstancias por la generosa ingenuidad de las masas revolucionarias- y la capital, sin alcanzar, como en otras ocasiones pretéritas, el honor de un papel principal en el reparto. conoció también- -sobre todo en la madrugada del 9 de enero- -las repercusiones del complot, en el cual las autoridades, sagaces somo siempre, advirtieron un carácter francamente anarcosindicalista. Esto aclaró muchas dudas. Entre bombas, tiros y atracos, fueron pasando los días, y aun los meses, sin mezcla alguna de acontecimientos agradables. N a turalmente, no hemos de repetir ahora la cinta, por entonces cotidiana, de cada una de aquellas atrocidades. Mientras los atentados se desgranaban, al margen de lo social otras cosas sobrevinieron que merecen ser recordadas, unas con pesar, como el fa ¿üecimicnto del venerable escolapio padre J e r ó n i m o de Córdoba, ocurrido el 11 de ener o otras, con íntimo regocijo, como l a p r i mordial intervención sevillana en l a A s a m blea que en l a hermana Córdoba laboró por el Estatuto regional, objeto de todos nuestros amores y remedio de una gran necesidad histórica que a todos nos abrumaba. E l 11 de febrero iros visitó D Indalecio Prieto, que halló un poco largo- -menos, desde luego, que su memorable estancia en Obras Públicas- -nuestro marchoso pasodoble estatutario. E l 15 dejó de publicarse el viejo e ilust y v I plicábanse, y el marasmo de l a autoridad permitía que gozasen de impunidad inefable lo mismo los autores de los atentados como los promotores de unos conflictos que, envolviendo rara vez lícitas ansias sociales, iban minando a prisa la industria y el comercio de la ciudad. E l 17, en una casa de la Punta del D i a mante, desarrollóse el doble drama que en Raafelito Bienvenida tuvo una de sus víctimas. P e r d u r ó durante el mes de abril la racha odiosa de los crímenes sociales, Culminante, por aquellos primeros días, en el atraco homicida cometido en la calle Alonso el Sabio. E l entierro de las víctimas deparó a Sevilla nueva ocasión en que expresar dolientemente su indignación ante aquel estado de cosas. L a Semana Santa, privada por segunda vez de sus cofradías incomparables, sí transcurrió en paz. Las imágenes veneradas- -algunas colocadas sobre la maravilla de sus pasos- -recibieron en los templos l a salutación devota del pueblo. Mantillas y claveles, entre el perfume penetrante de la primavera sevillana, enjoyaron las calles en l a tarde de aquel memorable Jueves Santo, en que el amor a las tradiciones sacrosantas refulgió con tanto brillo como en las más gloriosas jornadas cofradieras; tanto, por lo menos, como el fervor republicano en las fiestas del segundo aniversario del régimen, aplazadas espontáneamente al 15 de abril para no deslucir la celebración del Viernes Santo. Gentileza laica, seguramente. L a huelga de panaderos comunistas ava loro l a rica serie de las que ya existían. U n Compañía Anónima de Seguros Subdirector en Sevilla r publicanos no había hallado el auxilio de que era digno como único defensor, entusiasta y decidido, dentro de la Prensa local, del régimen nuevo. Amenazante, como sus predecesores, advino marzo, en que, bombas aparte, origináronse las dilatadas huelgas de los ramos de productos químicos y aceituneros. E n roedio de aquel ten con ten, la Universidad fué teatro de unos lamentables sucesos producidos por l a intromisión criminal de ciertos pistoleros entre las fracciones cstudiantiles. F u é a mediados de aquel mes cuando la F E D A elevó inútilmente a los taponados oídos del Gobierno A z a ñ a la exposición razonada de su inquietud: como los golpes de mano armada, las. huelgas multi- tre Noticiero Sevillano, que en nuestros re- ESAR ALBA VALENCIA, 11 Teléf. 25369 Seguros de VIDA, MARÍTIMOS, INCENDIOS, ROBO y TUMULTO POPULAR
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