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DIARIO ILUSTRA DO. A Ñ O Áp. GES 1 M O N O V E N O 10 C T S N U M E R O FUNDADO E L i. DIARIO fm ILUSTRA- jT jl Rol- M ANO. Y I G E SÍ- MVO- fo V E N O Q: CTSi N U M E R O LUCA D E TENA DO D E JUNIO D E 1905 P O R D T O R C U A T O D 1 YAGACION S O B R E UN NACIMIENTO E n un ambiente de violencia en el que. las ideas y aspiraciones humanas buscan elementos explosivos y destructores para imponerse, suenan a conceptos casi arqueológicos las palabras iniciales del cristianismo: paz a los hombres de buena, voluntad. Y en vein- te siglos de dar vueltas a infinidad de normas que aseguren la convivencia humana no se ha encontrado un concepto más expresivo para: unir en la paz a los hombres de buena voluntad. Estas palabras anunciaron el nacimiento del H i j o de Dios, y desde entonces la Humanidad no ha hecho otra cosa que vulnerarlas por la violencia. L o s huma- nitaristas laicos se han esforzado para sübs tituirlas por otras mejores, mas sin encontrar, una norma, ni más justa n i m á s eficaz. iY es que estas palabras encarnaa una doctrina y también una p r á c t i c a viva de l a fraternidad humana, de la que Jesús fué m i nutante perpetuo, dejando en el Evangelio no y a las normas, sino los hechos, para que los hombres, siit otro esfuerzo que el de. seguir su ejemplo, tuviesen buena voluntad, fuesen hombres de buena voluntad, ya que en esta: virtud se halla la clave de toda pacificación. N o ha desaparecido del todo la tradición de los nacimientos, pero hay que reconocer que se ha desvirtuado bastante. L a Navidad sigue siendo en el mundo la gran, fiesta, y ella por sí justifica todas las raíces de nuestra civilización; pero, sería conveniente qué la infancia continuase rindiendo cuitó a esta construcción del pueblo de: Belén, pueblo que rebasa- toda geografía, y, sobre el cual apareció escrita; esta sentencia admirable: G l o r i a a Dios en las alturas, y paz a los hombres de buena voluntad N o existe en el mundo una mitología i n fantil de tan hondo sentido poético como la de los nacimientos. Constituyen la primera decoración del drama cristiano, y errellos se ensaya la m á s ingenua escenografía, para situar a Dios humanizado en su escenario de tierra. L o s principios abstractos del cristianismo se. humanizaron én formas concretas, en una naturaleza arbitraria, y ¡la aspiración del que construye un nacimiento es l a d e crear un pueblo cristiano, u n Belén imaginario que sirva: de decoración adecuada a l sublime misterio. nazca J e s ú s Muchos niños de ciudad, no tienen otra aproximación a la Naturaleza que la de los nacimientos. Caminos de montaña, que nos llevan a aquella lejanía por 1 a que han de trasponer los Reyes Magos y estos Reyes astrólogos son, sin duda, los que- producen la magia de este paisaje, en donde se concentra toda la alegría de l a Navidad. Esto, en sus esencias, es teatro, y, gracias a este teatro, la infancia acerca a sí el primer paisaje del cristianismo y obtiene con él el auténtico color de la N a vidad. H a y un color de Navidad inconfundible. Si algiin a ñ o las piedras de las aceras y de las torres no toman este color de cristal opaco, vacilante entre la escarcha y ia nieve, no creemos que pueda llegar Nochebuena. H a y un viento de Navidad que ajusta los. mantones al talle y afila las narices de los niños, envueltos en toquillas blán- cas; un viento; que hace temblar das p a K meras secas ele dos balcones, moribundo re- cuerdo de las palmas de la entrada de Jesús en Jérusalén. i A l otro lado del Ecuador nos; sorpreu- ¡den todos los recuerdos de Navidad. E n el Brasil los negros sudan en Nochebuena. ¡Y es tan necesario: para comprender leí signi- ficádo de la Redención el. punto inicial d e frío en la noche, sin otro calor posible, -para el recién nacido que el aliento de irnos animales Esta escena de nacimiento tan repetida en las tablas primitivas y cjn las v i- o drieras de las Catedrales es l a que d a e l tono justo al color de Navidad. L a escarcha sobre los pañales tendidos. el arroyo de cristales; el humo llevado de ún lado a otro por el viento por cima, de las torres, y m á s que nada ei color blanquecino de da: piedra, en la que se. refleja la nieve del- cielo. 1 anunciaron los ángeles. Y es que no hay hombres de buena voluntad, como estos pastores que por el camino nevado llevan sus ofrendas a la gruta donde acaba de nacer él Gran Pacificador. FRANCISCO D E C O S S I Q GRACIAS. A U N A N O N 1 M 0 Las pequeñas ciudades en estosj días pa- recen llenas de posadas y de establos. De aldabones para llamar en la nochcj con una ventanita sobre la puerta por la que. sé. asome una cara con sueño para decfr que n o hay alojamiento. L o s pobres, en: Navidad, parece que buscan siempre a un, posadero caritativo. Todas las posadas llenad de gente que ha venido, a empadronarse, porque así lo ha mandado el César. Mas el liacimiento está en un rincón tan tibio, que l i a de esforzarse la fantasía para dar con el auténtico color de la Navidad; Cuanto; más frío haga fuera, más alegría dentro; jla alegría de Ja abundancia contra todos los acciden- Todas las ideas para llegar a ia entraña tes adversos; la nieve, el hielo, ¡el venda- i del pueblo necesitan tina escenografía. Y val... L a civilización de nuestro iticnipo ha qué mejor. conmemoración que l a de crear acumulado elementos para hacer: más eviuna naturaleza para revivir en ella el epidente- el contraste: la calefacción, la elecsodio que trata de conmemorarse. E l ju ¡tricidad, el gramófono, la radio. f V i l l a n c i construye un nacimiento no necesita ningún cos en conserva, en discos; misa del gallo modelo. N i siquiera la tradición ofrece una transmitidas por las ondas... Nadie se aso- topografía de Belén que asegure. la verosirha á. las vidrieras para descubrir erí la calle militud del escenario. De Belén ciertamente el color de ¡a Navidad. Nadie sube al to- no se, sabe, sino que. había posadas; un río rreón para descubrir íá. Navidad jen el campara que las lavanderas lavasen j pañales, po, en la llanura, en los caminos desiertos montanas con nieve, y pastores, muchos pascon los charcos helados, con ios chopos finos, tores, que. son los, primeros que leeniel anunsin hojas, temblando de frío... cio y que han de llevar sus ofrendas al N i ñ o Aquí, en l a estancia donde juegan los Dios. Con estos elementos bien combinados niños, se han: eseondido todas las sugestio- cualquiera construye un nacimiento, ¡y es culies de la Navidad en el nacimiento. N o debe rioso observar cono todos los nacimientos morir esta, tradición, que cada a ñ o constru- se parecen entre íi. ye. en! el hogar: el escenario doiíde se pre- ¡para toda la civilización cristiana. Pesan Pero lo maravilloso de lo. r nacimientos sebre nosotros veinte siglos de nacimientos, es cómo en ellos l a Naturaleza, con un y es- triste pensar que en este tiempo a ú n no sentido religioso, se reduce a puro juego. hayan conseguido los hombres ja paz que Es crear una Naturaleza para que en ella He- caído una vez más- -y p r o c u r a r é no reincidir- -en l a ingenuidad de leer un anónimo. N o traía insultos; pero sí la torcida interpretación de unai frase, que me eonviena aclarar, por si también- la interpretaron torcidamente los demás lectores inénos comunicativos. Dije, en u n a r t í c u l o c u y a s p a labras exactas no recuerdo, porque ni releo ni guardo lo que a, mi pudefr- ie conviene o l vidar, que yo dialogaba con los maestros, ganoso de aprender, y no discutía nunca de arriba a. abajo, sino de aba jo: a arriba, j o r qué ansiaba que mis palabras volaran. y así procuraba ponerles las alas de. mi alma D e l anónimo resulta que he- cometido, sin- percatarme de. ello, un pecado de soberbia, y me afean que no quiera hablar con el d e a b a jo- -me refiero á supuestos niveles intelectuales- que es, con ¡quien debiera hacerlo para enseñarle. Nada se puede aprender de m í pero yo tampoco he dicho eso; TJ- ría vez más. mi tristeza de escribir mal; se agravaba con la certidumbre d é q u e algunos ine leen peor. Dialogar y discutir no es hablar solo, y a hablar yo solo, a. pronunciar rhis tnonóIogos. estoy siempre dispuesto, para que me escuche quien quiera; pero siempre hacia arriba, a fin de que las palabras vuelen, y no para que distraigan con las espirales de su vuelo, con el movimiento sino con su calidad de pájaros, que e. s sú significado. P o r eso es m i c u i d a d o evitar las, imágenes, y por eso he renunciado ha tiempo- -teniendo facilidades para ello- -al lujo enga- ñosó de llenar con líricas divagaciones y. con elocuencias retóricas él vacío de mi pensamiento. -E l exhibicionismo verbal que tanto me molesta en los otros, lio lo quiero en mí, y así me lo afeen duramente: cuando caiga en él, y- Dios quiera perdonármelo. ¿Filósofo y poeta, -además? me dice con sarcasmo- otro p á r r a f o del anónimo. N o nunca me creí poeta por haber buscado a l gunas relaciones dé ideas aparentemente lejanas y haber querido juntarlas con ei. lazo no muy prieto de una rima pobre y fácil; ni filósofo por haber discurrido- por mi propia cuenta, según mi- leal saber y entender- -q u e n o tiene g a r a n t í a de- autoridad- ante un suceso cualquiera. Y es el caso que con haberme lisonjeado, que sí me hubiera, y mucho, el haberlo: sido, no me ctecle no serlo, pensando en: que, dado él momento por que- atraviesa nuestra patria, filósofos y poetas son como estiletes de dos filos. Porque el vate y el augur ya no- se dan, y. filósofos y poetas. -suelen referirse casi siempre a los hechos consumados, sobre los cuales cantan o razonan cuando ya no tienen remedio. N o a s í el político que suele ser un- vidente sin sueño, mañoso y precavido. A l- filósofo, por; superioridad de su razón, no se- le alcanza, generalmente la razón práctica y utilitaria de los. demás, ni 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla