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viiBC EN m BERUN Cbnlra el A mediados del siglo Xix, en el P a r í s del Segundo Imperio, y en su buhardilla dé la me Monsieur- le- Prince; el filósofo Augusto Cpmte sintió el capricho de promulgar. un calendario. U n calendario que ordenase urbi et orbi la procesión de los trabajos y los días. L a obra de Comte le pareció a las gentes una verdadera maravilla de universalidad y matemática. N o tenía m á s que un defecto: el de haber olvidado el hemisferio austral. Confesemos que tal olvido es comprensible. A todos nos sucede lo mismo, y a todas horas. ¿Q u i é n repara en ese hecho- -e l mayor lujo cósmico- en ese hecho silencioso y fastuoso. de que, al pasar el E c u a d o r a l cielo se le antoje mudarse de estrellas, como al pasajero Je traje? ¿Quién recuerda que. bajo la cruz del S u r í a N a vidad coincide con la madurez del grano y hay sitios en donde, por el Corpus, las campanadas caen, tiritando, entre nieve? Cuando ese recuerdo llega a mí, siempre se me empaña- de leve melancolía. M e lancolía por esos poetas de Rosario de Santa F e que no pueden entender un solo verso antiguo, porque toda la retórica clásica, de Homero a V i r g i l i o y de F r a y L u i s a M i s tral, está llena de alusiones meteorológicas. iY no ya melancolía, -sino pena, por esos chicos dé Buenos A i r e s- ¡q u é nombre, este nombre español: Nuestra Señora del Buen A i r e! que apenas sienten emoción alguna ante el pino de Nochebuena, con huella de luceros y algodón en las ramas. L a emoción del nacimiento, el temblor lírico de, los orígenes, donde se siente m á s ha u r e v i f r í o mb en- el clima nórdico. Nuestras fiestas españolas piden luz de raso y cigarras de estío. Se llaman el Carmen, Santiago A p ó s tol o Corpus Christi. -Cuando hay sol y sombra y la tierra ésta madura. Cuando, hay- estampidos de. cohetes, estupor de pólvora, corridas de toros y: volteo de campanas. N o es que sea verdad- ¿cómo podría serlo? -aquella broma de Enrique Heine, según la cual el catolicismo es una religión para los países de largo verano. Pero es cierto que a nuestras V í r g e n e s de ojos grandes les gusta ir, entre el charol de la Guardia civil, por los caminos y las calles del mediodía. E n los países católicos la procesión anda por fuera. E n los climas protestantesr ateridos, la procesión anda por dentro. Por l a intimidad del hogar, por la cocina, donde, como én los cuadros de Vermeer dé Del ir. hay grandes losas a cuadros y un ama cíe casa que, con sus manos gordezuelas, abrillanta lentamente los cobres. P o r el comedor, donde el abuelo fuma sus pipas patriarcales y la madre cose -gafas y agujas- -bajo una luz de Rembraridt, y tiemblan, hacia el fondo, las llamas bailarinas en la gran chimenea. E n ese aire íntimo, de interior, en ese aire. de las tablas flamencas, plácido, suave, antiguo, la Nochebuena tiene sus m á s bel l a s ternuras. Toda la m a ñ a n a ha estado cayendo, con mansedumbre, la nieve. A las tres de la tarde ya obscurece. Entonces comienza a caer sobre los corazones una ternura que ablanda el egoísmo empedernido. H a y que encender las lámparas. Y el p. á- bulo se propaga poco a poco, y el fuego de la caridad sé hace un mitin de luces. Los dias navideños son los días m á s compasivos del año. Nunca como ahora es, un deber para el hombre ayudar al hombre. ¿F i l a n t r o p í a? Y o prefiero decir y oír; la palabra religiosa y. cristiana caridad U n a limosna por el amor de Dios, como dicen a ú n los mendigos en España. España, que- és la nación en donde se pide m á s porque es la nación- -hay que tener el coraje de escribirlo- -donde se da menos. Sí, cualquiera- da diez céntimos a quien los demanda. Pero el aristócrata que- da diez céntimos y cree quedar ya en paz con su conciencia, debiera ser objeto de degradación pública. E L rico ha de socorrer como rico, y el noble ha de ser noble siempre; porque! nobleza obliga. E n esto sé revela, como en ninguna otra cosa, la profunda decadencia de nuestra; estirpe. Antes, en Espafía, la dignidad era patrimonio común. Los pobres sabían sufrir con altura ejemplar. Los pocos afortunados que había sabían serlo dignamente. Ahora, a ú n hay quien aguanta con señorío: la derrota. Esas viudas- sin recursos, de manto; negro y rosario, son. todavía lo m á s grande de la casta. Bajo sus mantos rotos, descoloridos, mil veces remendados, vive lo poco que le queda a una nación que fué Imperio. E n el pórtico de San Vicente d e A v i- la alguien vio una vez dos señoras. E r a n como un grabado en madera, acuchillado; por el dolor, hundido a fuerza dé desventuras. Se adivinaba, por su gesto, que esperaban una cristiana ayuda. Pero su porte tenía tal condición hidalga, que el v i a j e r o ya coh la EL MA Q UILLA GE Y LA PERSONALIDAD No basta q e u vuestro m a q u i l l á g e sé armonicé con el vestido que llevéis, con el alumbrado o con la estación. Lo imprescindible es que sea el que corresponde a vuestra personalidad. Dorothy Gray os ayudará en la elección de vuestros fards ofreciéndoos no solo una gama de colores de una variedad infinita, sirio también enseñándoos su teoría tan personal del maquilláge 1 Solo las mejores C a s a s de España poseen los productos Dorothy Gray. Pedid los que exactamente convienen a vuestro tipo. i P A R Í S NUEVA YORK, M A D R I D Distribuidor para España R, J A R A G O N É S- Barcelona, Casqnpya 75. Madrid, San Bernardo 1 Í 8. S A N SEBASTIAN BARCELONA, VALENCIA, SEVILLA.
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