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ahí un aspecto parcial de la Puerta del Sol en la noche del domingo. Un pública, numerosísimo la invade para oír las doce en el reloj de Gobernación, presenciar la caída de la bola e injerir alegremente las inevitables uvas. Foto- Días Casariego. España quería anular, si lo que la angusque políticamente le correspondía. Y a petiaba y oprimía no hubiera sido m á s que sar de estos amaños y de aquellas mentiras, el tono izquierdista, sectario y socializante todavía ha logrado eliminar del Parlamen- que se había dado al régimen, bien fácil to algunos personajes tan funestos como la hubiera sido demostrarlo dando el triunartificiales, que durante, estos dos años y fo a esas candidaturas moderadas que remedio habían sido el alma de una situación presentaban, en teoría, una rectificación indigna de un país donde hay tantas intedentro de los moldes actuales. N o ha sido ligencias y tantos corazones. E l ridículo, así y no podía ser así, aunque alguien penque es el m á s temible de los castigos para sara y esperara otra cosa. E l instinto del los soberbios y vanidosos, siempre huecos, pueblo español, uno de los pueblos m á s i n- ha caído sobre ellos, aplastándolos. teligentes de Europa, digan lo que digan N o importa que celebren a espaldas d e l los pesimistas, le había advertido en el curpaís esos cónclaves de nulidades, esos conso de estos dos años y medio, de la común ciliábulos de despechados, esas ridiculas responsabilidad que envolvía en la misma asambleas de impotentes. L a suerte está culpa a los que trajeron alegremente una echada. Se ha roto la corteza de arbitrarierevolución, que luego no supieron b no pudades y de crueldad refinada que impedía dieron encauzar por donde habían ofrecisalir a la superficie el decoro de España, do, y a los que la Levaron por los rumbos que tenían enterrado, y E s p a ñ a h á surgido que a ellos convenían y que habían sido por todas partes decidida a borrar de su hisprevistos, a tiempo por quienes no quisietoria unas páginas que j a m á s debieron esron mezclarse en este movimiento insensacribirse. to, a pesar de los optimismos de sus coY para ello es preciso que la derecha siga mienzos. conservando l a serenidad de que ha dado muestras tan claras y palpables. Y l a conLas palabras, por elocuentes que sean; servará. Estos señores, estos excelentísimos los discursos, por fogosos que resulten, por señores, como dijo el otro día en el Congreso intensa que sea ia propaganda que se reael Sr. Prieto, inconsciente de que su ironía lice, no tienen juntos la virtud de poder muy relativa era una verdad como un temborrar de la memoria de las gentes el replo; estos señores excelentísimos desde el cuerdo de hechos concretos y estrepitosos, punto de vista de la abnegación y el patrioque se vuelven con su aplastante realidad tismo, sabrán llevar a feliz término una l a contra todos los argumentos que se embor que empezaron en momentos bien difícipleen para anularlos. L a opinión pública, les y que poco a poco se va acercando a l por medio del sistema archidefectuoso del éxito estable y definitivo. sufragio universal inorgánico, ha elegido, sobre todo, a quienes estaban limpios de E s menester que se contagien los dirigiculpa de aquellos días tristes y bochornodos de la serenidad de los directores. Que sos, que se recuerdan hoy como se recuerse fíen de todos y de. cada uno de ellos. De da una pesadilla trágica. Y con finísimo todos y de cada uno. L o hemos dicho cien sentido de justicia ha graduado su repulveces y no nos cansaremos de repetirlo. sa en tales términos, que si no fuera por Nada de suspicacias, nada de desconfianzas, las mentiras y los amaños del sufragio, hunada de envidias ni de personalismos. Con, biera quedado cada cual en el sitio exacto la mirada puesta en España, pensaudq so- SER 1 E N 1 D A D Todo el que sea imparcial tiene que reconocer que las derechas saben triunfar sin ruido y sin escándalo. Serenamente, como le corresponde al que está seguro de su fuerza. Esta ha sido la característica m á s acusada del triunfo: l a serenidad. Serenidad ante las amenazas pueriles de unos y de otros, que anunciaban su decisión de echarse a la calle al día siguiente de un triunfo que o l fateaban, aunque no tan rotundo y tan decisivo como el que l a realidad nos ha deparado. Serenidad ante la coacción innoble, cobarde y soez que se ha empleado sobre todo con las mujeres para que no se atreviesen a llevar su voto a las urnas. Serenidad ante el resultado aplastante de la votación, quizá la m á s difícil de mantener, porque cualquiera que tenga experiencia de l a vida sabe que es m á s difícil ganar correctamente que perder con educación, cuando se tiene. De los que no la han conocido jamás, no se puede hablar ni. en un caso ni en otro. Hemos triunfado. De un extremo a otro de España, desde Galicia a Murcia, desde Andalucía a Cataluña, la voz de l a derecha ha sonado con acentos claros y vibrantes, y ha dicho lo que quería, sin dejar lugar a dudas. Y a estoy contemplando desde aquí la sonrisa escéptica de alguno de mis lectores ¿L a Monarquía, no... Pues no. EMo ha dicho eso en todas partes, aunque en casi todas haya dicho algo parecido. L o que ha dicho, desde luego, es que no está conforme con el régimen actual. Y si no, la prueba: E n toda España, frente a las candidaturas de extrema derecha y extrema izquierda, han luchado candidaturas afectas al régimen, de centro republicano. S i lo aue
 // Cambio Nodo4-Sevilla