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jardín ha conseguido una realización escenográfica inverosímil de puro bella, y los cisnes, estupefactos al romper los cristales coa los pies: de color de rosa, son tamfoiéa unos espectadores escarchados, que se esfuerzan por conseguir el mismo color de los arboles y la misma ligereza de cristal. ¡Qué, áspera está la palmera! Sus cabellos sueltos, que descubren calvas venerables, tienen canas, y sus arrugas son de uria vejez indigente y triste, que languidece en las Verdes espadas de las hojas en ese tono pajizo que en la existencia vegetal es anuncio de la muerte. Y vivirá así muchos años. ¿Cuántos años vive una palmera. Ya sé que esto rio es problema para un botánico, así como el naturalista conoce exactamente la edad de los elefantes; mas la estética, la pura contemplación del objeto en quien no tiene interés de percibir el tiempo en torno de su tronco, no sabe de edades, v no puede emocionarse sino en el instante fugitivo en el. que la palmera sufre en un cercó da hielo. Unas palmadas en la espalda, que la palmera recibe inmóvil, como si rio las sintiese, como si ni siquiera se hubiese dado cuenta de nuestra presencia, y nos alejamos acariciando su recuerdo tropical. ¡Cuánto calor aquella mañana! Las aceras de. las calles, de mármol. Era un invierno en el trópico, y los negros vestidos de blanco, los negros elegantes, habían sacado dé la funda los sombreros de copa y se habían anudado al A consecuencia del crimen político que co. v- cuello las grandes corbatas de plastrón. U n tó la vida al Sr. Daca, se han prohibido en poco de frío en el trópico, que es cuando todo el país, sujeto ahora a los rigores de las palmeras aprenden a temblar, pero en la ley marcial, los festejos de fin de añolas terrazas de los. cafés. A l mediodía los El presidente del Consejo rumano y jefe y Año Nttevo. El Sr. Arigelesco, qué des- hombres se, enjugan el sudor con pañuelos del partido liberal, doctor Juan Duco, asesinado en la estación de Simia por un es- empeñaba la cartera, de Instrucción pú- de seda. Las mujeres juegan al frío con abrigos de pieles, y el cielo se ha puesto dé tudiante ultranacionalista, qué disparó so- blica, ha sido encargado de la jefatura, del un Gobierne. (Fotos Suwa y Ortiz- Keystone. azul de invierno, de un azul. marino, al j bre él cuatro tiros de revólver, que. dari valor las arenas, en las que el sol se hace material y sensible, y- la luz- busca a la helada; ni las acacias, ni los castaños les de la ciudad, todos menos esta palmera las moles para hacer sombras claras. Allí de Indias, ya aclimatados con este nombre solitaria, florecidos de escarcha con esa for- sí; las palmeras todo lo conocen, y están tan remoto; ni los álamos, delgados guar- ma submarina del anís escarchado, como si alegres. No lo estarían tanto si supieran que dianes del frío junto a las aguas heladas, todas, las ramas rindiesen un homenaje an- hay algunas palmeras solitarias sufriendo en un letargo invernal, pero con fe cons- ticipado de los almendros, pero cotí una en el invierno de Castilla. tante en los rumores de la primavera, cuan- transparencia de cristal fino y quebradizo, do el deshielo obra de nuevo, el diapasón de ansioso de luz, para tejer reflejos entreganondas. Hoy han amanecido todos los árbo- do el blanco a los lirios y las violetas. ¡EJ FRANCISCO D E GOSSIO l DÜCO y su sucesor. La catástrofe del avión Apollo El avión inglés Apollo de la linea Colotáa- Bntselas- JLondres, chocó cofíira la torre de una estación de telegrafía sin hilos y cayó a tierra, incendiándosei cerca de Ostenáe. Ocho pasajeros, el piloto y el radiotelegrafista han perecido carbonizados. (Foto Días Casariego.