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Hulee peso de las tradiciones populares y de los usos hogareños, y hacen t a m b i é n d e l fin de año un remanso, una tregua en éli düro y constante pelear. Los hombres todos abandonan s u gesto. dev córhbati. entes para: mostrarse cordiales, efusivos, humanos, eíi fin; se cambian entre todos ofrendas muestras de amistad, deseos de ventura para el porvenir. ¡Señores que gobernáis y legisláis! V o s otros, m á s que nadie, debéis a E s p a ñ a una prueba de amor y una g a r a n t í a de que de veras deseáis su ventura y trabajáis por su paz. ¡Sea la amnistía vuestro aguinaldo para E s p a ñ a! FEDERICO SANTANDER NUESTRA OBLIGACIÓN Parece mentira que a las puertas del año 1934 haya todavía en España personajes políticos que se imaginen que se puede hacer política al estilo de 1895. N o s e han enterado estos señores, por lo visto, y si sé han enterado lo olvidan con lastimosa frecuencia, de que hay en España, desde hace dos años, un factor, con el que hay que contar, y que antes no existía: la opinión pública. Ya he dicho, y lo repito, que este suceso es el único beneficio positivo que ha aportado a nuestra Patria l a revolución. N o se han enterado o no quieren enterarse, porque no les conviene, de que las Cortes -ictuales son la resultante de un estado de ánimo nacional y que la misión que les corresponde es dar satisfacción a las exigencias de ese estado de ánimo que se ha creado por los errores y las insensateces cometidos por las Cortes Constituyentes, que se obsti- naron en sobrévivirse con los Gobiernos qué de ellas nacían, contra l a manifiesta hostilidad del país. N o se han enterado o no Quieren enterarse de que todos los pactos, todas las componendas, todas las intrigas que puedan urdirse en los pasillos y los rincones del Congreso son completamente inútiles, y, además, contraproducentes si pretenden variar el rumbo que la opinión se ha marcado o po- ner obstáculos a un avance que cada día será m á s arrollador por la fuerza de las circunstañcias. Y o comprendo que para muchos. es una tragedia lo que está ocurriendo. Pero es una tragedia que se anunció por quienes la preveíamos, no una, sino docenas de veces, de buena fe, desinteresadamente, sin conseguir otra cosa que sonrisas de desprecio y mira- das despectivas por encima del hombro. Y sin embargo, habíamos acertado. Noveles, aprendices, debutantes, profanos, como se quiera llamarnos, vimos más claró que los doctores, los técnicos, los infalibles. A h í están los resultados. una fuerza da derechas compacta en lo substantivo, aunque se diferencie levemente en lo adjetivo, y, frente a ella, una fuerza de izquierdas, que es otra realidad nacional, hoy por hoy, aunque esté en franca decadencia, digan lo que digan los optimistas por las circunstancias mundiales en general y las nacionales en particular. Y a pesar de estar tan distantes en ideología, hay algo que es común a ambas: su faifa de fe en el sistema democrático y parílamentarlo, que es la médula y la esencia del régimen republicano. N o se hagan, ilusiones los republicanos históricos y, los republicanos episódicos. P o r la derecha y por l a i z- quierda, aunque con distinto ritmo y d i f e rente presión, se les va minando vi terreno a los entusiastas, de mejor o peor fe, de un sistema anticuado y anacrónico, y llegará u n día, más pronto o más tarde, en que sobreven: ga fatalmente l a asfixia. Y no ¡podrán impedirla de ninguna ¡manera, y menos de. ésta, esos cabildeos por los pasillos- tíel Congreso, esas combinaciones, que no sé ¡si calificar de maquiavélicas o; de infantiles, que sé tejen y se destejen a diario en un ambiente enrarecido por tantas! causas morales v materiales. Fuera del Congreso está España. Espa, ña, que acaba dé hablar liacé muy pocos días y acaba de decir, bien c ara y terminantemente, lo que quiere. Y quiere. todo menos habilidades. j. j E s p a ñ a emiere, sobre todo, paz. Paz espiritual y paz material, que db las dos necesita para poder vivir. Pero no una paz en equilibrio inestable, hecha de transacciones y pactos inconfesables, una paz artificial y mentirosa, ciuéi lleve en sus entrañas el germen de luchas m á s enconadas, una paz que sea paz para: hoy y guerra para m a ñ a na. E s p a ñ a quiere una paz estable, duradera, efectiva. U ñ a paz que alcance- a todos, absolutamente a iodos los- sectores sociales, y que no tenga enfrente m á s que a la mino ría insignificante ¡de los perturbadores profesionales, llámenle como se llamen. Y. para llegar a esa paz es condición i n dispensable poner ral Estado y á sus órganos de gobierno en condiciones de establecerla y poderla mantener- -E s indispensable que la gran m a y o r í a de, les ciudadanos, de todas las clases sociales, 3 e encuentren tan a gusto con: ella, que sean ellos sus primeros y más firmes defensores. Y esta situación, a Ja que es menester llegar a toda costa, es absolutamente incompatible con el sistema actual. P a r a los enamorados de este, ideal, lá democracia es una amante yieja y. pros. tituída. i E s p a ñ a lo sabe por instinto y por experiencia. Son muchos los años que ha tenido que soportarla después de haber quedado ya inservible, pero sobre todo los! dos últimos han. sido bien ejemplares y definitivos para que pueda equivocarse. Y esa gran masa 1 Administración: Apartado 571. SIADR r T ro TTTIir