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Escucha. ésa vieja tne íodia que, canta en un desván de tu memoria. C a l l a ya. N o sea. que, a lo. -mejor, ó a lo p e o r enturbies, con sabiduría fácil y esta- dísticas, un alma en flor, abierta a la escarcha de la leyenda y a la lluvia mansa de la poesía Recuerdo aquella confesión de Juan G a briel de Ibsen. Juan Gabriel ha. bía leído en la Biblia unas palabras misteriosas, c u y o sentido obscuro, no llegara a. entender. Son e. -as palabras: en d o n d e se habla de un d c 1 i. t q. m á s grande que todos los delitos, de un pecado mas grande que todos los pecados, un- crimen horrible para el cual no concede el Antiguo T e s t a m e n t o- -violencia y ternura, sangre y rebaños- -la a r la plaza en fiesta de Sonneberg pasa un dromedario de Oriente, como en un Van der Goes. gracia del perdón. U n día, el enigma se le, esclarece. Ese crimen que la B i b l i a no nomde las h e r r e r í a s M e l o d í a de la obra bien citds efe diez centímetros qué corren, baía bra, es matar en alguien, en quien sea, la hecha, cadencia de la garlopa en la madellones menudos que evolucionan y ganan baposibilidad de la ilusión. Porque de ilusiora, estrofa del torno, soplido del fuelle en tallas, barcos que van con sus velas hinnes se vive y no de otra cosa. Despertar la fragua. M ú s i c a de mil pequeños ruidos, chadas y rumbo cierto, por un lago menor ilusiones, es el más bello don que haya socon aire antiguo y litúrgico, semejante al que una palangana. E n el Museo de jueguebre la tierra. Y es por eso, por lo que acadel viento en la selva cuando la- floresta tes de la ciudad. Porque éste pueblecito do so la T u r i n g i a sea, entre todas las comarcas canta en latín, como un órgano. casas humildes con techos de pizarra tiene de Alemania y entre todos los países de E u sus escudos. Príncipes y duques han sabido Floresta de la Turingia del Sur. De tu ropa la r e g i ó n poética por antonomasia, el su nombre. E l mismo. Carlos V en su corazón salen, con l á g r i m a s de cristal, a l sitio en donde 1 a actividad m á s prosaica, la soledad de Yuste, escribió alguna carta a godón de nieve y plata de. luceros, los meindustria y el comercio, toda esa fealdad su hijo, preg- untándole si había llegado ya nudos pinos- de Navidad que hoy presiden horrible de! humo y la chimenea, el mostraaquel pedido que encargara a Sonneberg. el rito familiar en todos los hogares. Sondor y la caja, se redime de sus culpas y, Siempre tuvo esta gente laboriosa fama neberg de Turingia, de tu labor paciente, angélicamente, se embellece. por el primor y el cuido de su artesanía. noble y primorosa, salen los m á s lindos j u N i siquiera Nuremberga pudo ganarle la guetes, por arte, de amor y cálculo, que es Pienso en él pueblo de Sonneberg. U n a palma. E n Nuremberga sitúa Wagner la I- también arte de magia. E n tus talleres peiglesia de torres puntiagudas. U n a casa en fiesta rítmica de los maestros cantores. Pero queños, sin marxismo. y sin. prisa, en esos donde vivió- -i quién lo diría? porque él fué aquí, en un palacio, turingio, camino a la talleres que San José, carpintero, hubiese la antigracia, la desgracia de l a Edad M o Franconia, cantan, en el segundo acto de amado, dicen que se. hacen las flautas m á s derna- en donde vivió, anchóte y bárbaro, dulces que a ú n puedan oírse. Y o ya sé tumultuoso y rudo, el reformador Lutero. Tannhauser- los poetas que hermosearon el mundo con las, baladas de T r i s t á n e quién toca en ellas. El. espíritu, viejo taU n a salita, en: el palacete municipal, llena Isolda. Fuera dé los muros palaciegos, en ñedor de flauta. de relojes, artilugios, magia prodigiosa de las calleias artesanas, cantan los martillos- i cuerdas, aves de madera que vuelan, coche, EUGENIO M O N T E S GnlU en en el país de los enanos de madera, conduce su escuadra por poéticos mares de algodón y papel de plata.