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1 gor- que otras a lo largó de las representaciones infantiles. -Pues no, señor- -me decía Loreto- que estoy muy contenta. cuando veo a los n i ñ o s que me aplauden mucho, que me regalan flores con bastante frecuencia y que algunas veces, al final de la función mientras cae el telón, suelen darnos vivas a Enrique y a- mí. Chicote, por su parto, me contestó a s í -L o que sí. le puédoi. as. egurar es que estoy tan habituado a ellos, que cuando no los veo en el teatro los echo de menos. Me enseñó después un precioso- álbum y algunos cuadernos, regalo de los niños, y en los que éstos, por indicación de sus profesores, habían expresado sus juicios y sus impresiones respecto a algunas de las obras que habían visto representar: T a m b i é n me enseñó una cláusula del contrato que tiene firmado para actuar dentro de unos días- en el Muñoz Seca, imponiendo la- asistencia gratuita de los niños a las funciones dé tarde. Para los madrileños hay. nombres que tienen una significación especial y que; siempre se recuerdan con cariño, porque su popularidad está basada en el impulso cordial para realizar- el bien. Los nombres de Loreto Prado y de E n r i- que Chicote pueden- muy bien figurar al lado de oíros- que fueron muy queridos en- M a d r i d Felipe Ducazcal, D. i Alberto Aguilera y una infanta, que falleció hace paco m á s de dos años y medio. 1 5 ptté- S- ié h fitriciánr- -por sus infantiles admiradores. (Fofo Duque. fierc a su alcance, Loreto y Chicote, con su certero talento artístico -y con su conocimiento profundo del corazón humano, saben cuáles son las fibras más delicadas de la sensibilidad y. se complacen en ¿derramar un poco ¡de alegría. én. los espíritus- infantiles, manteniendo! en ellos, las rosadas ilusiones que han dé hacerles risueños los albores de. la vida. E s tan grato para a propia conciencia el c o n t r i b u i r l a que nuéstiros selriéjanfes puedan ser felices. Y m á s aúri, cuando se trata de los niños: Ocurre también que muchas veces es posible conseguirlo a muy poca costa: un juguete, un halago, una caricia y, en ocasiones, ni éso siquiera, pues basta con una sonrisa o con un gesto amable. L a sociedad suele descuidar muchos aspectos relacionados con la infancia, sin tener en cuenta lo que ello significa para él florecimiento y para l a prosperidad de las naciones. Los niños son capullos de flores que lo pueden ser y son flores, además, que algún día se convertirán en fruto, y cuando no se cuida de esas, flores y de esos capullos, mipidiendo que los envuelvan la luminosidad de las ilusiones y el calor de los sentimientos, que son para los corazones lo que la luz y el sol para las. plantas, sus almas serán como flores sin perfume y como frutos desabridos y secos. H a y quienes creen que ciertos cuidados se pueden encomendar a instituciones y organismos de estructura meramente burocrática, con abstracción de toda noción afectiva y sin m á s normas que las contenidas en los regkunentos, todo frialdad, todo rigidez y todo inversión del tiempo a horas fijas... L o peor no es esto, sino que muchas familias lo entienden así, y desde los tiempos de Pequeneces, en que Curriía; Albornoz se despreocupaba por completOi. de sus hijos, sigue siendb de buen- tono- entregar a los niños en manos mercenarias y entre las nurses, l a nnsery y el comedor a p a r t é hay padres y madres que sólo pueden besar a sus: hijos- -cuando los besan- -a la vuelta del teatro y mientras los pequeños duermen. Y así sale ello... ¡M á s ternura y menos ternera! A s í es como en este caso podía estar concebido el aforismo de mi cosecha, según expuse en alguna ocasión, sin perjuicio de: que otras veces sea necesario anteponer a la ternura la ternera. ¡H a y muchos que no se acuerdan de los niños m á s que en estos días de Reyes! Y si, vierais con qué- complacencia trabajan todos los artistas de l a compañía delante de los muchachos y con qué semblante de regocijo y con qué. alegría asisten éstos a la representación. Todo lo aplauden, -todo lo ríen- y todo lo comentan después en sus casas y con los compañeros de clase. A lo mejor, en medio de la función, un gesto de Loreto, tan r e q u e t e s a l a d í s i m a s i e m p r e o una frase de Chicote hace prorrumpir a los infantiles espectadores en sonoras risas y en aplausos; pero no es sólo eso, que el público, como magnetizado, aplaude y ríe también en sana y generosa alegría, y no sabe si es a los autores a quienes aplaude, o a los niños, o a los niños y a los actores juntos. Les preguntaba yo si recordaban algún rasgo saliente, alguna impresión que se hubiera grabado en sus espíritus con más v i 1 Loreto Prado ¡y Enrique Chicote, rodeados en el escenarior- des- A. RAMÍREZ T O M E La aplaudida pareja, cu una de las obras últimamente (Foto Zearí. -o estrenadas. i
 // Cambio Nodo4-Sevilla