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TEMAS ECONÓMICOS L a agricultura, riqueza madre E s indudable, que el mundo económico se ¡agita por corrientes subálveas menos inconexas de lo que pudiera parecer a simple vista. Examinando la morfología, nacionalista económica de, estos últimos. meses, cabe ¡registrar movimientos casi unánimes y tén. dencias muy uniformes. U n a de ellas es, la vuelta a la agricultura en la preocupación primacial de los E s tados. E l siglo x i x y lo que va corrido del xx se caracterizaron, sin duda alguna, poll a obsesión industrial e industrializadora. E n esta última centuria, la Humanidad lia conocido grandes inventos, todos de tipo in- dustrial, y su puesta en marcha ha estimulado el maqumismo, y, -con él, la producción, y para ello, o por clip, las grandes aglomeraciones proletarias. Delaisi, en su ya famosa obra sobre las dos Europas, separa, como es sabido, la Europa A- -simbolizada por el caballo de vapor- -de la Europa B- -cuyo símbolo, es: el caballo de t i r o- aquélla vive para la industria y ésta dé la agricultura. Puede- discutirse algo la exactitud de l a línea divisoria trazada; por Delaisi, pero no que existan dos fisonomías europeas, y menos aún el hecho de que hasta ahora la r i queza ha sido patrimonio de l a Europa A tanto como la penuria lo es de la Europa B. Después de la gran guerra, los pueblos se sintieron, presa de un agudo. nacionalismo económico. Se difundió con rango dogmático la teoría, auíárquica, cuyo lema es: Cada pueblo- debe, bastarse por sí mismo y i ello precipitó la industrialización de ná- j clones de tipo agrario en que hasta enton- cés habían encontrado mercados propicios i las viejas potencias industriales. E l fenómeno es tan reciente como notorio. Y sus consecuencias, más aún. U n a de ellas de; las más destacadas, se tocó en Inglaterra. Y sé hizo plástica en septiernbra de 19,31 c o n la caída de la libra. L a moneda británica abandonó el gold standard, claro. es; porque se había estabilizado demasiado alta, o sea, a su vieja paridad; pero su vieja paridad era insostenible, porque las exportaciones clásicas, de la Gran Bretaña tropezaban con obstáculos cada vez mayores en los países súbitamente abiertos al proteccionismo y la industrialización, y la balanza de pagos comprometía su secular excedente. Esa corriente nacionalista, determinando una febril tendencia a crear industrias autónomas por doquier, incluso faltando l a base de primeras materias propias- -caso que se da en alguno de los nuevos Estados nacidos en Versálles- explica en el fondo la gran crisis mundial, porque explica la sobreproducción. Y es un fenómeno tan universal cómo los dos que la han sucedido, y a que ahora asistimos, a saber: a) la exaltación de las actividades agrarias; b) el estímulo a los mercados interiores de consumo. L a preocupación. agraria se encuentra en Italia, en Alemania, en Inglaterra, en los Estados U n i d o s ésto. es. en pueblos de diversa fisonomía, lo que hace más señalada esa coi cidencia. L a política de. Muss. oli. ni es sobradamente conocida en este particular. E l mismo 1 a difundé en los numerosos! artículos qué dedica a la Prensa mundial! Acabo de leer uno en Le- Journal du Comtiwrce, y de él entresaco estos datos escuetos. E l año 1932- 33, la producción nacional de t r i go se ha elevado a 110 millones de hectolitros, cifra jamás alcanzada; el rendimiento medio por hectárea asciende a 21,5 hectolitros contra 13.5 antes de la guerra, batiendo el record, no sólo italiano, sino mund i a l la provincia de Crernona. con un coefi- cíente de 43 hectolitros en; fin, la política fascista ha puesto ya en condiciones de cultivo 688. 00. hectáreas, antes estériles, y sé propone conseguir lo mismo en otros dos millones de hectáreas. D e los Estados Unidos bastará decir que eje una política agraria: la política dereyalorización de los productos agrícolas. Las medidas adoptadas son numerosísimas: reducción de superficies, sembradas en un. 15 por 100; préstamos a corto, sobre cosechas, (la Keconstruction Fhmnce Corporation ha concedido. 133 millones de dólares) presta ritos a largo plazo, de la F a r m Credit A d m i nistraron a los granjeros, para convertir hipotecas (59- millones de dólares, hace tres meses) y, sobre todo, devaluación del dólar, panacea infalible, a juicio del presiderrte. americano, pero no al de muchos técnicos. (L a Argentina piensa como aquél, y acaba de iniciar una brutal dcsvalorizáción del- -peso, ad mayor en, ffloriam, y provecho de feus agricultores; Pero... E l programa nazi rinde a la agricultura un verdadero- cuito. L a tierra, no es solamente un factor de- producción, sino además expresión de la Heimat, del país, que debe hacerse accesible- a las masas Uno de los primeros decretos de Hitler aligeróde modo- considerable el peso de las deudas incidentes sobre la tierra, reduciendo el i n terés a un máximo del 4 y- medio por 100 (al. que el Rcich agrega uu 1 por 100 más) y convfrtiendo las deudas a corto en deudas a largo plazo, amortizables en fracciones anuales del 1 y medio al 5 por 100. Otro, de fecha, anterior (marzo 1933) contingentó la fabricación de la margarina que se hacía a base de primeras materias extranjeras- -y monopolizó la importación de aceites y substancias grasas: todo, en beneficio de la mantequilla nacional. A parecido designio respondieron l a denuncia- del Tratado francoálemán y la cancelación del germanosueco, medidas con las que Alemania desconsolidó numerosos productos agrícocolas o derivados. S i Brüning, apoyado por los socialistas, había desarrollado una poli- tica de baja general de precios- -incluso los agrario? -Hitler, tiende a elevar los agrícolas, deprimie, do- los ind fisirialcs. Y eri efecto, el índice de aquéllos; asciende desde, enero a junio, de 80,9 a 85, r. E n fin, H i t l e r trata a toda costa de crear pequeña propiedad, parcelando los; latifundios. Su p r o g r a ma era muy radical. Hasta ahora en lo radical, está incumplido. L a expropiación sin indemnización ofrecida á las; masas, no tendrá ya lugar. Tanto mejor. L a experiencia española muestra que las confiscaciones son desmoralizadoras, y que las reformas agrarias bruscas, destruyen y perturban con daño para todos. Inglaterra, con sus 4 millones de. habitantes y un limitado territorio, no; puede soñar en una autarquía agraria. N i le convendría, contando como cuenta con dominios de fisonomía agrícola, cuyos productos puede canjear por los propios de su industria. Sin embargo, Inglaterra vuelve los ojos a l a tierra. E n un sentido agrícola- y en un sentido industrial. E L primero, no necesita explicación. E l segundo, sí. Nos la da André Siegfried en un sugerenté artículo de la Révué de París. Antes, Inglaterra sólo se cuidaba de exportar; despreciaba su consumo interior. A l amparo del libre cambis- mo, el ciudadano ingles satisfacía muchas necesidades; propias con manufacturas ex- tranjeras, menos costosas, aunque ambién menos perfectas que las nacionales. L a exportación inglesa es en general de calidad y además, cara, porque la tiran Bretaña vive en uní standard muy, alto. E s a carestía se ha corregido parcialmente con la depreciación monetaria. E l remedio es ineficaz, sin embargo, en cierros c? sós, primero, porque, lo emplean, neutralizándolo, otros pue; 1 1 1 la magna concepción jooseltviana tiene como blos; segundo, porque el afán efe industrializarse, protegido con barrarás aduaneras elevadísimas, cierra de todos, modos impór- tantes mercados. De ahí el proteccionismo inglés. Que ha abierto los ojos a muchos, no sólo faeraj sino dentro ds: ia riaciós. En ese proteccionismo, en efecto, colaboran i n dustriales y consumidores. Aquéllos v s una cantera casi inexplorada en el consuma interior; el consumidor se regocija de poder adquirir productos nacionales que antes desdeñaba, porque los extranjeros encarecen, y aquéllos, no, gracias al milagroso estacionamiento del nivel de precios. Resumen: la agricultura es- riqueza primordial; el consumo interior, puede redimir a los pueblos; de los desastres que les inflige el colapso, internacional. Magnífico resumen, si se piensa en España. Porque poseemos una base agraria, formidable. -Y porque nuestro mercado interior de consumo es todavía virgen, por su bajísimo nivel, para tina infinidad de productos manufacturados. Ciego será quien no vea en tales hechos el camino t r a z a d o p o r la Providencia para guiar nuestra política económica i inmediata, L a experiencia extranjera, casi universal, nos lo muestra cómo camino de perfección y de progreso... 1 MÁXIMO FERTÍ- LÍZACION D E PLANTAS FLORALES Según experiencias efectuadas modernamente en Francia, en toda la región de los Alpes Marítimos y en la. Costa de Oro, que, como se sabe, es una región en que abunda mucho el cultivo de plantas dé llores, que son objeto de un activo comercio, se puede aconsejar- para la fertilización de plantasflorales que se cultivan al, aire libre, y no en macetas, -la fórmula siguiente: -Nitrato de Cal, 300, a 400 kilogramos por hectárea; süperfosfato dé cal: de- 18 20, 500, cloruro potásico, 350. L a mezcla de estos abonos puede efectuarse en el momento de su empleo y se repartirá la fórmula recién preparada en dos veces: la primera, antes de la cava, y la. otra, al recalzar las plantas. E n veranó se empleará una disolución de 500 gramos de n i- trato dé cal. ¡granulado de Noruega, én 1.000 litros dé agua para regar dos. o tres veces durante dicha estación. P a r a algunas plantas de hojas ornamentales y abundante follaje ávidas de nitrógeno, como son las fúeh sias, geráneos, violetas, rodondendros, etc. se puede aumentar la dosis de nitrato de cal hasta 500 kilogramos por hectárea. Cuando las plantas están cultivadas e n macetas se prepara la mezcla siguiente: Nitrato de cal, 500 gramos; süperf osfato, 400; cloruro potásico, 300; Esta mezcla puede emplearse bien espol- veteando la superficie de; los: tiestos o bien disolviéndolo en la regadera para proporcionarlo al regar. E n el primer caso, se repar rá un, gramo de l a mezcla por ca 1- 600 gramos- de tierra- -cantidad que corresponde próximamente a la que contiene un tiesto, de 12- centímetros de diámetro- -y después se regará inmediatamente. Para emplear el abono en disolución, que es un método preferible para el cultivo en tiestos, sé disuélvemelos g amos de la mezcla anterior por litro de agua, removiéndr o mucho, porque- el superfosfato de cal no es completamente soluble. Inmediatamente se regará, operación que debe ¡hacerse una vez por semana, y alternando con riegos de agua p u r a es decir, que cada tres o cinco días sé regará una v e z con la mezcla fertilizante y otra vez sin aborto. Dicha práctiea conviene que se opere, de, marzo a noviembre y más generalmente hablando, en el período de vegetación activa. E n invierno, solamente en condiciones excepcionales, será útil L. dar abono. -J. M S i Adyertimos a los lectores de estas P á ginas Agrícolas que l a correspondencia referente; a tal suplemento debe dirigirse a nuestra- Administración, al redactor encargado de la misma, don José María de Soroa