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N UMERO EXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO MO. A BC EN T R 1 G E S I- ABC BERLÍN NUMEROEXTRAQRD I N A R I O 20 C E N T S AÑO MO TR 1 GES 1- VIDA Y MUERTE DE HAMLET ALPINO y rigodón. Voces de tiple, envueltas en serpentina y carcajadas. Hasta que, de pronto, la gran araña central se entenebrece. Hay un rasgar de espejos antes intactos. E n los encajes de la Reina, aparece, roja e imprevista, ana gota de, sangré. Mágicamente, el retrato de la condesa Orlamonda, sin que nadie lo toque, se desprende del marco. Unas horas después Maximiliano siente fiebre. Unos días después, cuatro duques lo llevan, por las calles de Munich, a hombros de romance. A Rey muerto, Rey puesto Todas las gracias se citan para asistir a la ceremonia. Todas las gracias y todas las desgracias. E l agüero de la condesa yerra por el aire. ¿Mé conoces? ¿No me conoces? U n antifaz es siempre un enigma y el lema del enigma es éste: adivíname o te devoro. Adivinarse, conocerse a sí mismo, perseguir el rumbo vago de sus sueños, escuchar la sonata interior de su ser íntimo, tal es la vocación del príncipe. Si Luis de Baviera tnira liad a dentro es porque sabe que allí está su drama. L o lleva, como la fruta el gusano que la come. E l dilema del enigma es inexacto. Adivinarse no es conjurar, cuando ló que tino adivina es que quiere perderse. Poco a poco lo va devorando a Luis Wittelbasch, Hamlet alpino, un gusano sutil que le viene de lo hondo. Su nombre, psiquiatras, reza así: melancolía. Blanco, con sus monárquicos armiños, él E L C A S T I L L O D E L I N D E R H O F CAMINO D E OBERA M M E R G A N U N O D E LOS L U G A R E S P R E D I L E C T O S D E L R E Y WAGNERIANO íÁ del cumpleaños del Rey, en febrero del 64. Volteo de campanas a las doce, y dulzor de acordeones a la tarde. Tiroleses en ronda, plumita de gallo, las manos juntas. Mozas doradas en las cerverias y, más dorada aún, la cerveza en el cristal del jarro. Para la- muchedumbre, cohetes; para la gente de pro, baile de máscaras. Munich, tiene siempre algo de Venecia, por lo, que tiene de musical y teatral, de aventura y de ópera. Pero no hay aventura sin misterio, o mejor, sin sombra de drama. Luego, en Munich, en la Baviera del 19, r i gen los Wittelbasch, dinastía ilustre con diez siglos de linaje. Y a está dicho todo. Diez siglos de linaje, son cien castillos. Y cien castillos son, al menos, cien fantasmas. Este es un cuento fantástico, de lagos, vientos, florestas y encantadores. Lohéngrin, en el Residenz; nieve, en la calle; en los salones palatinos, el terciopelo negro de los antifaces. Llegan las madamitas en sus coches. Se sacuden el frío y pasan entre la empelucada fila doble de criados. Pasillos y cortinas. A l fondo, Maximiliano, bajo el viejo cuadro que representa, dura y terrible, a la condesa Orlamonda, momificada en amarillos. A su vera, la Reina María, ángel católico que el demonio de Bismarck. no pudo torcer a la heiejía. L a corte en torno. Primero, la reverencia, y, tras ella, el vals, el tropel y las burlas. Tumulto de disfraces. Una falsa española, nostalgia de Lola Montes- -que era irlandesa y de Litrierick- un arlequín a cuadros, un. pescador de Ñapóles y un friso de egipcias eli el bullicio del sarao. Aquí, el séquito: patillas y galones. Allá, D El enigma de Starnberg. a la luz de dos bujías, un mitin de suspiros, en derredor él piano forte. En ecoutaM de Schubert la wvmique plaintive Pero en medio, nada de suspiros. Bromas AfiUI, E N L A SALA ÁUREA D E L A RESIDENCIA D E M U N I C H S E A N U N C I O CUANDO E L B A I L E MASCARAS E N HONOR D E M A X I M I L I A N O E L P R E S A G I O D E L A CONDESA ORLAMONDA DE