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las puertas del campo ladraban Otros animales convivían con ellos. E l con -futía cuando iba a visitar a mis judío aportó un buey rojizo, de cuernas entres amigos, él moro, Said- el- Arfoí; el corvadas como dos Hoces, belfo baboso, mejudío, Simba, y el malagueño. Marbesurado de paso, cola en cadencia. E l mu 11o, que, porqué había nacido en Marbella. así sulmán, un caballo que pisaba chispas nerle llamaban. L a labranza estaba cerca de un viosas y sacudía su cabellera de mujer md de agua resbalosa y pegadiza, gris y con enarcando el cuello al olor de las ráfagas. verrugas de aire, como si llegase lavada con E l cristiano llevó su asno de peluche pimucho jabón. Con aquella agua sucia habían zarroso y orejas sensibles a las moscas, conseguido desendurecer un lomo de tierra obstinado en mirar sus pisadas. Los tres los tres colonos asociados. A l año de trabá- anímales, dóciles, perseverantes, trabajaban ja. r cultivaban una huerta, allí donde no como sus dueños: el buey eri arar, el cabaencontraron más que arcilla casi petrificada. llo en acarrear, el asno en el artilugio para Y a tentaba a los ladrones la riqueza de aquel subir agua del río. Mientras había luz aquéoasis, fresco de verdor y. de jugosos frutos. llos seis seres, hermanados e infatigables, Por eso rodeaban las lindes ios perros. Los se derrengaban hollando el secarral que iba perros, en Marruecos, son las puertas del a ser huerta, resudados, comidos y acecinacampo dos de sol, tirando con extenuación de la Simha tenía hermosos los ojos, de un ne- labor. E l buey se ecl aba. sin apenas pacer, gro mate y azulado, como la sombra cuando al crepúsculo, y sus ojos, puestos siempre hay hiña. Said- el- Arbí destellaba en la boca én lo lejano, se cerraban de agonía. E l cael relámpago de una sonrisa blanca; Mar- ballo entraba en la noche como sumergiénbello, como andaluz, tenía la cintura que- dose en agua negra, dilatadas las narices brada y andares en baile. Pero aquellos eran para respirar nueva vida. E l asno quedaba sus únicos bienes. Los tres, agotados. por el inmóvil junto a la noria en la tregua nocesfuerzo, engañaban el hambre con bocados turna, esperando que e suelo le devolviera de cuzcuz y postre de palmitos, y se encor- por la raíz de las patas la fuerza que le había consumido. vaban sobre aquel áspero vientre de tierra virginal amasándola, i vivificándola con Semi. Y los tres colonos- yacentes bajo un árllas; L a miseria. ios. unió para el mismo pro- bol, do oridos ios miembros, procuraban pósito y en la miseria reposaban, descarna- dormir, seca la imaginación también, sin tedos, solitarios, norte a su esperanza ner hada qué decirse, sintiendo el vaho de No salían nunca de allí. Compañía y seres la hierba y el rocío descendente como conque sintieran con ellos sólo en las puertas suelo. A l alba, cansados aún, buey y asno, del campo los encontraron. Los hombres judio y español, caballo y moro, jadeaban necesitan un hilo de anior que ios ate al con. sus trajines, del riego, del abono, del gran ampr de la Humanidad, para no sentir arar. Hombres y animales enflaquecían, la l ¡i desesperación del aislamiento, xjue ani- piel flotante sobre los músculos desnegados. quila. L a sonrisa de un desconocido que Sólo las puertas del campo rollizos y pasa puede consolar de no tener a nadie contentos, vigilaban las lindes, sé guarecían, al lado: indica que nos rodea la fraternidad, del calor v reposaban a toda bota de sus y que como él mundo no está vacío, nuestro pocos ladridos; sólo para los perros, lo que grito tendrá respuesta. Las puertas del hacían no era quehacer. campo con sus zalemas y toscas caricias enternecían a los tres habitantes del silencio, cercados por la montaña, los altos yebel; V i los lentos progresos del predio de mis perdidos en aquel olvido. Gracias a las puer- amigos. Pasaba por allí con frecuencia y los tas del campo sus ¡sentidos estaban porosos, animaba. ¡E h Simha Marbello, E l Árbí. y, sus pensamientos eran de alegría Tanto eso va bien! Levantaban la cabeza y me hay de humano en el perro. sa udaban; la prime- a vez pisando. los teODAS 1 T rrones pelados; luego, sobre tímidos brotes de verdelimónnuévecitó; pocos meses después la pompa de hojas y tallos entre las rodillas. L a huerta se colmaba, se apretaba de plantas, viciosa de umbría. Caían las cosechas en lluvia rodada a las seras de esparto, los pelotones de arcilla, eran ya patatas harinosas, tomates sanguíneos, remolacha. Empezaban a auparse arbolitos, manzano y oliva, la higuera de ramas despatarradas, el cerezo de los- cien milcorazoncitos Más tiempo, y una casa deslumhraba con su jabelgo andaluz; ruidos mecánicos se oían en él huerto, el laboreo se hacía por cuadrillas. Sólo las puertas del campo substituían a: la cerca inexistente, y én. la abundancia, como antes en la estrechez, sesteaban, hacían caricias a los dueños y gru- nían fncorerentes a los vilanos, que son las burbujas de la atmósfera. De los otros animales, Marbello, Simha y E l Arbí, contáronme el prodigio. Una. tarde sé. soltaron de la pesebrera y, aban- donando la cuadra, caminaban hacia los límites. Las puertas del campo escandalizaron para avisarles la. frontera; los colonos les daban voces, silbaban tras ellos. Cuando un perro se les quiso oponer, el buey presentó sus hoces, desgastadas en 1 a raíz por el yugo. Los colonos corrían para sujetarlos, alarmados, temiéndose un enfurecimiento, la irritación del tábano quizá, que íies imoelía a la fuga. Alcanzados al fin, caliados los perros, iban a ponerles, mano sobre los lomos. Los tres animales, haciéndoles frente, al dar media vuelta, les. obligar o n a esperar quietos. ¡E l buev le dijo al judío: Hombre, no tienes derecho a retenernos más. Hemos trabajado para ti v en nuestro cuerpo están í las señales. Más de 16 que nos has dado te dimos nosotros. Siendo animales fieros, conl tigo hemos sido dulces y sumisos. Gracias a nosotros, has podido vencer a la Naturaleza. L a Naturaleza nos és buena, nos provee de lo que necesitamos, -te es hostil y has de arrancarla por fuerza lo que precisas. Sin