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nosotros te hubiera sido imposible. Los animales, compadecidos de tu debilidad, te hemos auxiliado decidiendo en favor tuyo la victoria. Eramos l i bres y hemos preferido lá servidumbre por afecto a ti. Ahora recobramos ¡nuestra l i bertad El caballo le dijo al moro: Hombre, nos marchamos de tu hogar porque ya no te hacernos falta. Inventaste con qué substituirnos. E l motor nos ha liberado. Y a no necesitas de mí, qué, enganchado al carricoche, arrastraba pesos; tienes la camioneta. N i del buey, que tiraiba deí arado: tienes el N i del asno, que recorría él círculo de la noria: tienes la bomba eléctrica. Si al principio los animales fuimos enemigos tu, yos, después tuvimos la paciencia de esperar a que pudieras valerte solo. H o y comienza nuestra era. En lugar de las bestias, está la máquina Y el asno, de peluche blando como plumón, le dijo al cristiano: Hombre, volvemos a la vida primitiva de hermosa pureza, praderas y bosques sin h u m a n o s Que la suerte te acompañe. Guárdanos ra. r ititud. Acuérdate de los sufrimientos q u e padecimos a tu lado, de los golpes, sed y hambre, de la carga e x c e s i v a- q u e nos aplastaba, dé las- llagas, de la muerte aii- tes dé la vejez. De nuestro dolor insultado... Los trabajadores que, g r a c i a s a las mansas bestias, habían podido crear su paraíso, se miraban avergonzados. Ninguno de ellos se m o v i ó E l buey, el asno y él caballo emprendieron de nuevo la marcha hacia la montaña: detrás de los yebel estaban la selva i n t a c t a y los campos que nadie pisó. E n la huerta civilizada vivía el dispararse enérgico de los motores brutales, insensibles. Los trabajadores lloraban viendo alejarse a las. tres criaturas, a su instinto. Sólo las puertas del campo saltarines, para lamer sus manos, les consolaban. Los adictos puertas del campo más inútiles, más perezosos, que de ¡todo habían renegado por no renegar de su amistad. TOMÁS B O R R A S (Dibujos de Barbero.
 // Cambio Nodo4-Sevilla