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Iraf o r HB ¡a c ¡5 orae s y r c r f a j e s E l Albaicín tiene sobre otros muchos pueblos que le exceden ¡en lujo y en belleza el privilegio de hablar al alma del viajero, de contarle su historia, de hacerle comprender, a primera vista, el genio y l a naturaleza de sus moradores. Cierto es que carece dé grandes monumentos por el estilo del alcázar de la Alhambra ó de la inacabada Catedral; pero, en cambio, muestra la obra del. tiempo; no lo que el tiempo destruyó, sino lo que ha creado; no edades desvanecidas, sino edades condensadas, superpuestas, fósiles, como las. vemos en los cortes geológicos que se hacen en las montanas. Y es que en estos pueblos islamitas, tan. indiferentes al progreso y a toda variación, nada, cambia de ¡forma, ni se modifica, ni se altera. U n siglo no corrige a otro, ni se atreve la mano del hombre a la fatalidad consumada de las cosas. Amontónanse, pues, hechos sobre hechos, vidas soyidas, payesas sobre pavesas, polvo sobre polvo. E s decir, La torre de San Nicolás, cuya aguda silueta, dominadora de todo el Albaicín, se veía desde los cuatro rumbos del cuadrante. la fronda enormes bandos de pajarillos. L a s palomas se alinean en los aleros como animales de cimera heráldica. A b r e el Dauro, en lo m á s hondo, su profundo camino acuático, de un color parecido al del ajenjo. Y enfrente, álzase, espléndido y soberbio, el A l b a i cín, con las blancas torres de sus templos cristianos, que fueron aljamas, y en cuyos alminares, hoy sostén de las campanas, cantaron los almuédanos las glorias de Alá. y de su profeta. ¡Apresuraos, los que sentís emoción del arte granadino, a fijar en la memoria la imagen bellísima de ese Albaicín, único en el mundo! ¡Recoged en vuestros kodacks la silueta de tanto y tanto campanario! ¡V e n i d lo antes posible a recrearos- -quizá por vez postrera- -en el cuadro sin par que se os ofrece desde los miradores de la A l h a m -bra! Porque- sabedlo- -una ola de incendiarios va destruyendo, en vesánica furia, lo más bello, lo m á s atrayente y lo m á s típico del barrio moro de Granada. De aquéllas mezquitas en que la madre de Boabdil lloró sus celos de sultana, y que los Reyes C a tólicos convirtieron, m e j o r á n d o l a s en templos de la Cruz, no van quedando y a más que el recuerdo, y, dentro de poco, si He aquí un bello ejemplar de arte mudejar en Granada: la iglesia un poder, superior no de San Miguel, que fué palacio de los primeros Reyes de Granada. lo remedia, el A l b a i cín, falto de su mejor ornamento y de que lo muerto no se entierra; que lo que nace vive adherido a lo sus joyas más ricas, que pereció; que, levantando una y otra capa de: ceniza, se encond e s a p a r e c e r á tamt r a r í a n a ú n las raíces del primitivo Albaicín; que su símbolo no bién, cottio esas ciudebe ser aquella vivida serpiente que muda su piel de tiempo en dades egipcias, de las tiempo, sino- -como quería A l a r c ó n- -u n a especie de banco de moque sólo tienen notiluscos cuyas partículas se van superponiendo unas sobre otras, y, cia, por viejos jerosiendo todas animadas, forman un pólipo sin vida. glíficos, los a n t i L a s costumbres modernas han cambiado la fisonomía de todos cuariqs de la H i s los pueblos, menos la de este barrio granadino, que parece eterno toria. como una momia. Las- calles son tan angostas, y el caserío tan apiñado, que aparenta componerse de un soló edificio. U n a vastísiL a iglesia de San ma azotea, dividida en pequeños cuadros, m á s altes o, m á s bajos, Nicolás, cuya siluelo cubre por completo. E l piso lc ¡esta azotea, dividida en mil ta, visible desde los cuadros, o de. estas mil azoteas yuxtapuestas, encierra el secreto cuatro rumbos del albergue de una raza ya apartada del mundo; el misterio de una cuadrante, marcaba olvidada historia, el de la díscola civilización mal ometana, que un hito brillantísidesapareció de E s p a ñ a y vive escondida, solitaria, maerta... mo en el policromaHe aquí otro campanario- -el de Santa IsaAsomaos a cualquier mirador del maravilloso alcázar de ia A l- do tapiz del A l b a i cín, fué bárbaramenhambra. Vienen del bosque nubes de mariposas bla icas y r o j i bel la Real- -que también fué alminar de. te destruida por el zas, -introduciéndose en el interior de los aposentes. Se. alzan sobre f uva igesHuáto.
 // Cambio Nodo4-Sevilla