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A B C. D O M I N G O 7 DE E N E R O D E 1934. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 34. L A T R A G E D I A D E- BU 1 ALANCE El calvario del guardia Félix Bujalance. M u y temprano. Mañana de enero. Sol andaluz. Y frío norteña A l g o así como fuente de vida y riqueza y. nuncio dehambre, dolor y muerte. Contrastes. L a carretera, u n horniguero humano. Los hombres, con susiargas varas, sesgadas y al hom foro, para arrancar a los olivos su fruto, que mozos, mujeres y chicos recogerán para lie- nar los trojes. Todos alegres, discurren y se expanden por. senderos y caminos e invaden cerros y cañadas. V a n al trabajo. -P o c a cosecha, pero jugosa. Quizá con quince celemines salga este año la arroba de aceite- -dice un entendido. -Todos trabajamos; grandes y chicos. Pera faltan muchos... ¡H a y tantos presos, señor! -nos dice una mozuela de ojos tristes- Y a han soltado bastantes, pero que dan más. Y sigue el desfile en busca del jornal. Jornal, jornal que no debe faltar en un término tan rico y feraz como esta mancha de olivar, tan pulcramente labrada, con los árboles tan limpios y l a tierra tan mullida y cuidada; con tantísimo olivar joven, sostenimiento paira el momento actual. Entramos en el pueblo. P o r las calles sigue el. desfile hasta el campo. Y a no se vén hombres solos con escopetas y pistolas; n i c i viles, a pie y a caballo, vigilantes y avizores. N o A h o r a van los vareadores con sus largas picas. P o r cada vara, dos mujeres, y los jinetes cabalgan en mulos, que luego acarrean aceituna... ¡L a p a z L a paz que nunca- debió faltar. Hace tiempo, cayó un esquirol asesinado y destrozado; hará unos meses, en plena calle, cae otro de un balazo... Y lloraba momentos antes de morir. Suplicaba a l a hermana de la! Caridad y a l médico: ¡M a d r e D o n ¡Antonio. Y o no quiero morir. M i s tres hijos que tengo, uno con siete días! Luego, atraco a mano armada a un patrono en Cañete. Casi; a l mismo tiempo, Gaspar Z u r i t a un hombre bueno, en plena edad, con cinco hijos, muere asesinado cuando regresaba de la finca... ¡Huérfanos y. viudas por doquier! Se pretexta ahora l a desesperación, el acoso por el hambre, lá intransigencia patronal en l a discusión de las bases de trabajo... N o no. N o era eso. ü r a un ataque a fondo al régimen, ni Estado. L a s órdenes. llegadas la noche del 11 de diciembre no admitían duda. L a s conversaciones de los emisarios venidos de Córdoba, increpando, a l a Junta revolucionaria local, por no haber hecho nada cuando ya en toda España se había implantado el comunismo libertario. Todos están con nosotros. Se lanzaron a l a aventura. Desaparecieron los emisarios, no hubo huelga de ninguna clase en Córdoba, y las calles de Bujalance se ensangrentaron. L a Cuardia civil, heroica siempre, siempre benemérita, dio generosa su sangre. U n guardia muerto en circunstancias horribles, que ponen frío en el alma; dos oficiales heridos, varios números heridos y contusos... y a la hora de sepultar cadáveres esos guardias, algunos con vendajes y otros con los capotes taladrados por el plomo enemigo, humanos, como hidalgos hispanos, llevaban los ataúdes en los que los rebeldes a la autoridad y ai Estado yacían, caídos ante la fuerza pública, y también bajo el plomo de los que se llaman sus hermanos. N o es que faltaron los sepultureros. Allá arriba, en e l ¡cementerio piadoso dieron tierra a los cadáveres de los que tres días antes habían asesinado ál pobre guardia Félix Wolgeschaffen. E l guardia Félix, ¡qué valiente, qué hom 1 bre, qué mártir! Las ocho y media de l a ma- J j ñaña del 12 de diciembre. Y a están desde bien temprano los distintos grupos rebeldes de ataque en los sitios designados, después de algunos asaltos a mano armada a las casas de gente pacífica. L a Guardia c i v i l rodea la manzana donde se hacen fuertes los rebeldes. Estos, con A n tonio M i l l a al frente, se cruzan órdenes, que llevan a l a casa del Parrado, cuartel genera del movimiento. L a Guardia civil, a pie firme toda l a noche, vigila. P o r fin se consigue atacar a las fuerzas para distraerlas en determinados sitios, dando ocasión a que huyeran el del Haro, E l Gato y otros. Desde las casas número 1 y 3 de l a inmediata calle de Santa Cruz, donde se hicieron fuertes el Mataciviles y el Pachorrita, el tiroteo es continuo. U n a pareja hace frente a esta agresión, doblando la esquina. Otro guardia, Félix Wolgeschaffen, avanza, pegado a l a pared, con el fusil prevenido, hacia el rincón donde le acecha l a muerte... Pasa por delante de l a escuela de párvulos. -Señora- -dice a una curiosa, si que también espantada mujer que inquiere por una ventana- ocúltese que voy a tirar. E l M i l l a desde la cámara de casa del Fachorrito, dispara ía pistola; se le encasquilla, y cuando el guardia ya ha dado con ellos, el compañero de M i l l a tira y tumba al infortunado Félix. E l tiro de postan le ha dado de lleno- en l a parte izquierda del rostro, cuello, y tronco. U n a posta le ha vaciado el ojo derecho. Y a caído, casi en la esquina, desde la casa del Mataciviles, otro de los del grupo, por una ventana alta de la cámara, hace fuego. E l guardia se extremeció. A c a baban de atravesarlo con un balazo por la cadera derecha. Los rebeldes salen de su refugio. M i l l a se adelanta hacia el guardia que parece muerto, y con precaución coge el fusil y tira de los pies del guardia, llevándolo a rastras cuatro o cinco pasos, hasta entrarlo en la calle de Santa Cruz. L e quita el correaje, vacia los cartuchos en su bolsillo, se coloca el machete e n- l a cintura medio metido en el pantalón, y abrazándose al Niño del Aceite gritan: ¡Uno menos! Gritos de júbilo mezclados con el grito de guerra: ¡A r r i b a águilas de l a F A I Y dando gritos, salen a l campo para entrar por l a calle del Huerto, cuartel general del sector rebelde. M i l l a lleva en alto el trofeo de su hazaña; el fusil del guardia. E l pomo, del machete le asoma por ia ¡cintura. Mientras tanto, el guardia se levanja, malherido y moribundo, y con la sangre va regando la calle de Santa Cruz baja. ¡Es su calvario! Solo, sin una puerta que se entreabriera. E l glorioso tricornio en la mano izquierda: lento, vacilante, apoyándose en puertas y ventanas, allá v a subiendo. ¿N o hay caridad en este pueblo? pensaría aquel valiente. Los rebeldes le acechan, y uno de ellos entra en casa del H i g u e r a y g r i t a P o r medio de la calle de la Cuesta sube un guardia solo, que debe estar herido y Coca ordena a tres o cuatro qtje salgan al encuentro. E l M o r i l l a llega delante, seguido de otros, que disparan nuevamente sobre el guardia, que cae de nuevo. Dos de sus agresores, se aproximan con cautela y muy próximos a él, balbucea M o r i l l a P á rate, que aún se mueve y cegado, a tres o cuatro pasos, le descerraja un tiro de bala que, entrándole por el parietal izquierdo, le atraviesa el cráneo y le sale por el lado derecho del- cucllo. ¡remató! Pobre F é l i x! Otros malvados le roban, el reloj, una sortija y l a cartera, que llevan como trofeo. Esta es l a verdadera tragedia del ciraíüd guardia. Que la sangre derramada redima á ¡este pueblo, merecedor de quietud, bienestar, j paz y trabajo. Todos en especial los intransi- gentes de arriba y de abajo, mediten y vean i si ha llegado la hora de alargar simultánea- mente las manos y. estrecharlas con l a fuerza 1 de corazones generosos, en los que no anida i ni puede anidar la insidia v el rencor. FRANCISCO Q U E S A D A 1 SALEN DE VALENCIA PARA CÁDIZ VARIOS CONDENADOS POR LOS SUCESOS DE AGOSTO Valencia 6, 4 tarde. E n ía tarde de ayes llegaron a nuestra ciudad unos agentes afee tos a l a Dirección General de Segur idac que hicieron el viaje en automóvil. E s t a mañana, antes de las siete, se nersonarori dichos, agentes en el penal de San Miguel; de ios Reyes, y tras los requisitos reglamen- tarios, fueron sacados de dicho establecimienjto los siguientes señores: D. JC. Í? Pozaetá Guerra, capitán de Infantería que fué p r i sionero de A b d- e l- K r i m durante año y med i o D. José Sanz dé Diego, capitán- cíe C a ballería, y D Ricardo Uhagón, capitán áo Cabllería también. Los tres están cumpliendo condena como consecuencia de los sucesos delio de agostoJ Los señores Pozaeta, Sanz de Diego, y! Uhagón subieron a los coches, y custodiado por los agentes de Vigilancia, emprendieron la marcha hacia Alicante. En, esta población se supone que serán recogidos o! general; Cavalcanti, el coronel Gutiérrez de Leóhyl el conde de Casalombillo y el coronel Cano Ortega, y una vez efectuado coontinuarán eli viaje a Cádiz. E n el penal de San Miguel de los Reyes han quedado el general de la Hen- ánz y e l teniente coronel Ugarte. 1 LOS CONFLICTOS SOCIALES P a r e c e que ios camareros no irán de nuevo a l a h u e l g a M a d r i d 7. Convocada por l a presidencia! del. Jurado M i x t o de hostelería de M a d r i d se ha celebrado una reunión de los vocales patronos y obreros ipertenecientes a l a sección de cafés y bares, con objeto de buscar una fórmula que. evite un nuevo conflicto como el que últimamente ha causado tari graves perjuicios a los elementos interesados y al público en general. E n esta reunión se acordó, que, una vei terminado hoy, día 7, el plazo de l a fórmu- i la transitoria del ex ministro de Trabajo, Sr. P í y Suñer, mañana se cumplen en stt totalidad las bases de trabajo aprobadas por. el Jurado M i x t o S i n que este acuerdo pre- juzg ue la aceptación por ninguna de las representaciones del Junado, éstas han accedido a estudiar las fórmulas que presenta la! presidencia con el fin de intentar satisfacer a los sectores de l a industria sin desvirtuar las referidas bases. 81 p a r o o b r e r o en R í o T i n t o H u c l v a 6, 4 tarde. E n vista de la situación lamentable por que atraviesan los obreros parados de Río Tinto, él gobernador c i v i l ha telegrafiado al ministro de Obras Públicas rogándole envíe urgéntísimamente el libramiento para la construcción del camino, vecinal, aprobado, entre Río Tinto y Nerva
 // Cambio Nodo4-Sevilla