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DIARIO ILUSTRA- MARIO ILUSTRA- í 0, ÁKO TRI G E- D O A Ñ O TRIGÉSIMO. T (L C E N T S NUMERO D E 1905 P O R D T O R G U A T O LUCA D E TENA SIMO. 1; Q C E N T S NUMERO: ¡FUNDADO E L i D E JUNIO W U N A R i P U B LlCA D E M l O NÁ RQlí ICOS E l Caballero Audaz acaba i dé publicar un interesante l i j bro de lá colección A l serví- i do dol pueblo con el; título i que encabeza estas líneas. De éí entresacamos el siguiente ca pítulo, que ofrecemos hoy a í nuestros lectores: L a s elecciones españolas, su proceso y sus. resultados, lian. constituido un tema dé gran curiosidad política para toda E s p a ñ a i Entre los m á s famosos corresponsales europeos vino a E s p a ñ a un genial, reportero; francés, que, desde uno de los periódicos más. difundidos de. P a r í s todos los días nos sorprende con un sensacional reportaje. Como enviado especial de su gran; diario, llegó a M a d r i d en vísperas electorales. -Nos vimos varias veces y cenamos juntos; U n o de los días que i siguieron a las elecciones, durante la comida, departimos cor- dialmente. Desde su psicología francesa, mi: amigo el. gran reportero no podía descifrar: ciertos fenómenos que se producían en la política española... Y claro está, recurría a m í Los- periódicos t r a í a n ya noticias concretas deL resultado electoral, reflejando e l triunfo avasallador de las derechas... E l enviado especial del gran diario francés, en su afán informativo, cotejaba; datos y demandaba referencias insaciablemente. -V e a usted- -me decía- aquí aparece el nombre de M i g u e l M a u r a como triunfante por Zamora gracias a los votos de Santiago Alba. -E i i efecto, como usted sabe, es: el hijo, ele aquel gran gobernante de la, Monarquía, otgullo. de lealtades... Miguel Maura fué ministro de la República y antes había sido monárquico. Sus campañas en el Ayuntamiento dé M a d r i d contra los socialistas le, hicieron una reputación m u y simpática y sólida. -Mohsieur A l b a ocupa el primar! puesto de los triunfantes en esta provincia Monr sieür Santiago A l b a es casi un político de Francia, ministro. de D. Alfonso X Í I I j desterrado por la Dictadura. Y o recuerdo la entrevista de este político con su Rey en el hotel Maurice, de P a r í s- -r e m e m o r ó el i n signe reportero. -E n efecto- -repuse y o- A l b a es sin disputa el político, de m á s talento: que tiene; el partido radical. -I- Cómo radical -Sí, señor; se hizo republicano y acaba de ingresar en el partido de L e r r o ü x y su triunfo és el. de un candidato radical... Seguramente las próximas Cortes l o! nombrar á n su presidente, y en nadie mejor puede recaer esta elección. Superior a, Besteiro yel único capaz cíe dominar este difícil momento parlamentario. -Royo Villanova- -prosiguió comentando mi interlocutor- tiene muchos sufragios por Madrid; aparece triunfante por otras dos capitales... ¿C u á l es su filiación... i- -Ahoraj en estos días, este insigne baturro- -expliqué- -se ha hecho republicano... Fué- antes diputado y senador monárquico. Militó sucesivamente bajo la jefatura- de; Ivomanoiies, de- García Prieto. y- de; Santiago A l b a Fíjese usted que n o l o digo Cómo censura, sino todo lo contrario... -Y és m u y importante el triunfo de la L l i g a en Barcelona. Aóarece también triunfante monsieur C a m b ó -Cambó- -repetí yo, como quien evoca algo olvidado- Otro viejo ministro dé la Monarquía... Y de los que más tardaron en convencerse de la existencia en E s p a ñ a de un gran movimiento ántialfonsino... Dias antes del 14 de abril de 1931 el Sr. Cambó decía que la República era la quimera de unos cuantos intelectuales ilusos dé Madrid, y que nb habría fuerza posible que cambiara el régim en monárquico Así continuamos analizando los antecedentes de todos- los i nombres triunfantes en las listas de los escrutinios electorales. Ninguno traía en las calificaciones oficia- les la denominación de monárquico Y sin embargo, tenían todos ellos. los mismosantecedentes. E n todos los flamantes repu- blicanos existía la tilde, el. origen, la nombradla del antiguo régimen. Calvo Sotelo, el conde de Guadalhórce, ministros de la Dictadura primorriverista; Cabanellas y Fanjul; generales- que hicieron juramento de fidelidad al R e y G i l Robles, directivo de la. Unión Patriótica en Salamanca; Rodríguez de VigurL ministro con Berenguer; Melquíades AlvarCz- y A z a ñ a reformistas, de un partido que dio ministros a la Corona Goicoechea, -antiguo m i nistro de la, Gobernación de D Antonio. M a u r a Ventosa, consejero de l a Monarquía; Blasco: Garzón y L a Bandera, libera- les, sevilla ios, -borbollistas, que ahora apare- cen como radicales; Chapaprieta y Matesanz, diputados y senadores adictos al r é gimen caído. Doscientos más, unos triuti- fantes, otros derrotados, todos con entronques y antecedentes en la Monarquía. Y en l a- m á s alia magistratura de da, nación, un hombre insigne y bueno, que f u é v a r i a s veces ministro de Alfonso X I I I -Es extraño, es. e x t r a ñ o- -m u r m u r ó mi ilustre amigo ante esté fenómeno de; resurrección de monárquicos- A principios del año 1931 yo estudié otra vez el panorama político ele Usjpafiá... Daba entonces la sen sación de algo caótico e inclasificable. -E r a una Monarquía sumamente ráral. U n a M o- Y narquía en la que sus, políticos más ¡famo- sos, sus militares! sus catedráticos, sus funcionarios públicos, sus más reputados periodistas, sus. sacerdotes y sus grandes abogados eran republicanos... Y ahora se da el mismo extraño fenómeno confuso. Solamente que a la inversa. El; de una República, cuya mayoría: representativa tiene filiación o antecedentes monárquicos... Y o creí que la; República había alumbrado nuevas fuerzas, nombres nuevos... r 1 1 Nps. v e m o s f a v o r e c i d o s d i a r i a m e n t e con i n n u m e r a b l e s cartas, en q u é los lectores de A B C e x p o n e n i n i c i a t i v a s y obs e r v a c i o n e s m u c h a s de ellas oportunas y p l a u s i b l e s N o s i é n d o n o s posible m a t e r i a l m e n t e c o n t e s t a r a; tan copiosa correspondencia, r o g a m o s a nuestros c o m u n i c a n t e s q u é r e c i b a n c o n estas l í n e a s nuestra- disculpa y no interpreten a d e s c o r t e s í a l a falta de respuesta particular. -Sí- -lé interrumpí- son precisaniér los derrotados, los que cl pueblo ha barril los hombres dé Acción Republicana representados por A z a ñ a los de la Orga, capitaneados- por Casares Q uiroga; los. república nos- socialistas, dirigidos por Marcelino D o mingo. Son los tialarza y los Tcotlomiro Menéndez, los N é g r í n y los Eduardo Orte- ga Gasset... Es decir, todos los que E s p a ñ a lia repudiado por malos gobernantes. ¿Y los intelectuales? -Hicieron el papel de esos médicos ilustres que sólo sirven en. las consultas supre- mas para ponerse de acuerdo en que el enfermo agonizante ha de morir... Doctoresde. pesimismo que no aportan, un remedio salvador... Cuando el enfermo necesita cuidado, iniciativa, trabajo, no aparecen... N o quieren responsabilidades... Así ios ve usted que los más insignes- se hári apartado de la República, declarándose desdéfiosos o as queados de la política... y lian vuelto a. sus cátedras, a sus, laboratorios, a sus bufetes, de los que no debieron salir. De los que no saldrán a. tio ser que; otra, vez sea necesario emitir doctoral- y enfáticamente el diagnóstico pesimista sobre un. enfenrió que ya no tenga, salvación... Así sé declararán una vez más de sabios infalibles. -Entonces- -me preguntó asombrado- ¿para q u é h i c i e r o n ustedes 1 a revolución si en realidad las Cortes actuales van a ser las mismas que hubiera. deseado el ex Rey para tener una mayoría cáSi total? L a pregunta de mi amigó: es tan certera q u e m e hace vacilar. ¿Para qué hicimos una revolución... Apenas lo, sé. P a r a que salieran unos cuahtos personajilIOs- grotescos ó. trágicos. P a r a que tuvieran auto oficial unos oficinistas me- diocres y periodistas obscuros; para que saciaran sus apetitos un puñado de arribistas que rugían sus rencores, y sus envidias en las tertulias de los cafés, y delAteneO v. en la, Rotonda de, París Porque aquí, átmV. go mío, rio se hizo una revolución contra un régimen ni en favor de otro; no se conmovió el país impelido por úíia ideología, sentida profundamente y comprendida en toda su integridad... Aquí, simplemente, lo que se hizo fué cambiar de rótulo y protestar contra un hombre... Mejor dloho: contra un nombre. YY- ¿E l de Alfonso X I I I? -Justamente: Alfonso X I I I que- en su destierro será el único cjué tiene derecho a sonreír- irónicamente, cuando contemple el panorama político actual y- ver. que casi todos los hombres representativos de España son los mismos que úh d í a le prometieron fidelidad o atravesaron respetuosos los salones de su Palacio... Alguien ante este fenómeno tiene derecho a pensar que éste es un país de traidores o de; cucos. r. ego entonces los hombres nuevos de la República no han: sabido conquístala opinión? N i n g u n o de, ellos... Lerroux, ta? vez la hubiese consolidado en su momento; pero se encontró rodeado U l e enemigos entre los revolucionarios. Y ahora sonólos viejos y los jóvenes políticos: de la Monarquía los que, sin explicarnos por qué, van a tomar a su cuidado, a lá joven República. Quién sabe, si; el propio conde de Romanones, será el encargado de llevarla, por el buér ca mino ¡Q u é fenómeno tan e x t r a ñ o!
 // Cambio Nodo4-Sevilla