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Evocación d e tieinpo me ores Y peores. V A l r e d e d o r di e l r o s c o morfosis de l a antigua feve tallada con escrupuloso arte en forma de cruz o de estrella, en memoria de la que guió a los Magos. La Epifanía, fiestadélos limpios de corazón: el reinado de los pobres ¡Benditos tiempos aquellos en que la E p i fanía era la fiesta de los niños y de los pobres, porque, por lo visto, era también la de los limpios de c o r a z ó n! E n muchas buenas casas se partían lastortas o roscos en varios pedazos; los p r i meros eran para los pobres; los segundos, para. la V i r g e n y a veces para los Magos, y en fin de cuentas, iban a parar a manos menesterosas. Así se veía aquella jornada a los pobres lucir sus andrajos con ufanía, como insignia de su eminente dignidad, de puerta en puerta, reclamando su parte, no como merced, sino como realísimo derecho. Y había poblaciones donde recorrían, las calles cantando coplas estrambóticas, burlonas, asaz locas, pidiendo a los señores la i arte de Dios o el pastel entero, si no. podían cortarlo bien. Y donde los menesterosos asaltaban las casas, después de aporrearlas estrepitosamente, hasta hacerse franquear las puertas. A su invasión, los dueños y sus invitados se defendían, arrojándoles a los asaltante; a guisa de proyectiles, pan, ceniza, hasta gatos vivos, que volaban lanzando mau II i el o s y bufidos espeluznantes. ¡Y d e s p u é s de aquel ruidoso jolgorio, no había nada que la- mentar! ¿Se podía celebrar hoy la fiesta de aquel modo sin antes hacer el caldo gordo a las Compañías de seguros de todas clases? Apetitoso ágape de día de Reyes, la belleza de cuyas comensales tienta a un clásico asalto del siglo XVIII. (Cuadro de Madame Achule Fctdd. Li moneda y ei muñequito del rosco L a costumbre repostera dé esconder una moneda en nuestros roscos es importada de- Escocia. Los pasteles escoceses, propios de la Epifanía, contenían üria brizna de mirra, un grano de incienso y una moneda- -de oro. p a r a l a s mesas r i- cas- en recuerdo de los presentes de los Sanios Magos; E n I n g l a t e r r a el pudding de Reyes contiene un haba y un guisante. L a primera hacía reina a quien caía en suerte, y si e r a v a r ó n le facultaba para elegirla; el segundo hacía. r e y y si recaja en una mujer la h a b i l i t a b a para elegirlo. De allí pasó l a costumbre de l a feve o haba a Francia, donde el a g r a c i a d o con ella, si era mujer, eleg í a esposo a su gusto: pero si v a r ó n l a u r b a n i d a d le i m p o n í a l a elección a favor dél a m á s joven de la reunión. i L a costumbre de i n t r o d u c i r u n muñequito en el rosco es relativamente reciente, tal vez rio llegue a centenaria, y francesa. E l L a alegría hogareña de la fiesta de Rem u ñ e q u i t o representa yes en el siglo XVII. (Estampa popular í francesa- iá Pcre Noel, meta: Las fiestas de Reyes y de M o mo, simultáneas: bromazos Antiguamente, la fiesta ele Reyes coincidía con el C a r n a v a l e m p e z a d o a fines del mes anterior. L a s m á s caras asaltaban las casas, se bebían el vino de los señores, les gaTorta de Reyes que ya no tiene secretos naban el dinero a los para estos curiosos niños del siglo XVII. dados y les gastaban toda suerte de bromas, (Grabado de Vagniel. sin que, por impertinentes que ellas fuesen, permitiera la costumbre ponerlas de patitas en l a calle. Así en pleno siglo xvn, en ¡a severa mansión de un magistrado francés, se colaron unas cuantas, propusieron una partida y, con una suerte loca, les, ganaron todo el dinero a él y a sus invitados a la fiesta. Pero uno de éstos, de muy poca conformidad, no se avino con su mala suerte. Disfrazóse, se mezcló con los intrusos cuando se iban como uno de tantos; averiguó quién llevaba el gato de las ganancias y hábilmente 1o desvalijó y se ¡levó el botín a casa del magistrado, donde lo repartió alegremente entre quienes lo habían perdido. Pero... al freír será el r e í r al otro día- -la fiesta duraba varios- -volvieron las máscaras. Apostaron, en vez de dinero, lo que llevaban: confites, caramelos, grageas, anises. Y con suerte tan loca como la víspera lo perdieron todo y se fueron tan campantes. Mas, ay! que el gozo de los gananciosos d u r ó poco; todas aquellas golosinas eran fuertemente purgantes... y, ¿paraj qué detallar? ¡Pies, para qué os quiero! clamaban todos. Inútilmente, porque las tripas no querían llevar a los pies... 1 imsiiirr Tl: r T lr
 // Cambio Nodo4-Sevilla