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la pólvora, curia i blanda y sutil de todas las tentaciones! E n él reefugio- del Zoco: IChico- -café; italiano, café francés, café español, Icafé ingíés- -una! golfería perezosa, con ojos propicios a todos los ofrecimientos, se mezcla con los pregones casi a: ndaluce y con los turistas recién llegados al corazón alucinado de la ciudad. Calles pinas arriba, cuestas abajo, del Zoco al muelle yo me pregunto en esta; primera etapa, cuando todo es proyecto y t o d o a ú n es posible: ¿por dónde vinieron a estas tierras? P o r allí, por el M e diterráneo. De ¿Jónde venían, tampoco lo ignora nadie. E n él Zoco Ch íco, como si el calendario no hubiera llovido las hojas de los ¡años; sobre la calle de Cristianos y l a calle del Comercio, los veo sentados en, las terrazas de los cafés, meditandó sus manejos, en el prólogo eterno d e la tragedia del levantamiento cle Yebala con sus consecuencias: del abandono de Xauen y; la empeñada defensa de; Küdiá- Tahar. T á n g e r lejos de A x d i r alejada de las lomas santas de Beni A r o s y de los cedros de Retama, es; sin embargo, empunto neurálgico de Marruecos con el peligro insomne de convertirse cualquier día. en el punto neurálgico del mrindo. Los prisioneros: salen- -en el caso de que salieran, qüe ¡es, precisamente, el capítulo que hay que escribir con el argumento de l a verdad; encontradá -de las playas de A l h u cemas, ícamino de: los oasis del Tafilete por las ásperas montañas del Atlas: a muchas leguas de T á n g e r jla ciudad que es partida, ruta y i posible fin: de mi viaje. Pero no importa E n las terrazas de los cafés del Zoco Chico me p? rec ver sentados en todo tiempo y en cualquier hora los hombres de conciencias obscuras y perfil borrero, dueños del secreto abominable. Son los que tantas veces, hubieron de pasar los contrabandos de armas y. de víveres a los cabecillas yeb! lies y rífenos. L o s que en las iiocb. es de Marruecos, frente á la misma bahía en que las olas chocan unas- veces en romance castellano y otras en el gutural árabe de Berbería, sirviendo criminales designios, alentaban el caudillaje y esperaban la aurora viendo girar lachóla sobre los treinta y siete casilleros de los treinta y siete pecados mortales que la civilización ha patentado en el mundo internacional de T á n g e r N o siempre son, no obstante, los mismos quienes e s t á n sentados en las ío r r a z á s de los cafés del Zoco C h i c o Unos van y otros vienen, y ¡todos son iguales. H a c i a dónde se d i s p e r s a f o n aquellos que entonces vivían las templadas noches tangerinas al borde de los lunados escotes! de las mujeres, con párpados pesados sobre los rostros et e r ú a m e n t e sonrientes? Hacia, dónde fueron aquellos qué poseían sin duda m á s secretos que el de nuestros sol d a d i o s prisioneros q u e s e cree caminaron bajo cielos intactos, en horas de fiebre; por las veredas be ib eriscas? L o s vientos Mar internacional, en donde los peces no. nialos, los crepúscusaben si son latinos, ingleses, andaluces los que anuncian el o moros. negocio de las gue rras y el negocio de las propagandas pacifistas se los llevaron. A Siria, donde losidrusos se. oponían a l a obra de pacificación francesa. Allí estaban los caballeros negros. dé los Casinos y los cafés; de T á n g e r azuzando el. odio de razas en Palestina, lanzando al árabe contra el, j u dío en Jaffá, Jerusalén y T e l- A b i d en esa; Sion hecha con los planos de las poblaciones granjeras de América, y, posiblemente, hoy se encuentran atareados: en tierras distintas y distantes, donde el negocio de la guerra o de la revolución atiza las hogueras: en el Chaco paraguayobóliviauo, en Manchukuo, en Cuba y en España, o en, este continente africano, má. s allá del Draa, por donde puede situarse la base de los prisioneros españoles del Sahara. A n d a r á n a través de la geografía, ál costado de- las mujeres hermosas, de párpados pesados, que, en la y i da, como en las ¡películas, se filtran, por los gabinetes, cíe las Embajadas y abreri con una sonrisa las cajas de combinación donde se guarda, la seguridad de miles, y miles de hombres inocentes, Yo veo sus sombreros hongos en el Zoco Chico de T á n g e r y me los imagino a través del mundo, con misiones de llanto y de ruina, traficando: con las l á grimas. como joyeros que trafican con las amargas perlas del j dolor de ttna Humanidad sobrecogida y negociada. I r Sirena de la pólvora, centro específico de los treinta y dos picos de la rosa de los vientos marruecos, Tánger- -lejos de. Axdir- -poseyó mejor, que otras latitudes, m á s señaladas por el dedo frecuente, el secreto de nuestro pretendido éxodo militar. Después, las poblaciones moras se encadenan, siempre; lejos de la bahía de Alhucemas y. de la columna monstruosa del Atlas que se precipita abrupta y pobre en valles, sobre el desierto, ahogándose en el mar seco del Sahara. Rabat, Casablanca, Mazagán, entre cuyas murallas portuguesas espero, surja l a primera confidencia importante, Marrakex, puerta encarnada del Atlas, ruta de T a filete y. de una ruta oriental, y Taroudant, puerta del otro itinerario, donde dialogan las. armas en l a empresa colonizadora de F r a n cia, en el irecodo marcado, por las unas de mis dedos, del río Draa. Que e! viento de la fortuna hinche las blancas velas desveladas i de los albornoces de la. tierra llana de D. ukala en l a desorientación de tantos caminos y me ayude a encontrar el único, si acaso existe uno, entre palmerales infinitos o sobre dunas de arena fina. Este es mi anhelo al salir de Tánger, sirena de l a pólvora, frente, a un mar que no está bien identificado y cuyos peces ignoran si son latinos, andaluces, moros o ingleses. Aquí, en T á n g e r puerta de la confusión costera y, racial del Mediterráneo. 1 Por estas callejas próximas a la de Cristianos corrió i del Zoco Chico a la Alcazaba de Tánger. la aventura CÉSAR GONZALEZ- RUANO
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