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rriría preguntarles por qué van al cinemat ó g r a f o si no han de entrar en situación, si no han de disfrutar de él. N o vale la pena, sin embargo, da perder el tiempo en. un i n terrogatorio que habría de resultar infructuoso. N o saben por qué ni l o que van a- ver. Unos contestarían que por m a t a r u n par A R C E L Págnol no ignWa nada de esto, de, horas, cuando agoniza la tarde, o por dor pero él defiende, sobre iodo, su teamir ja digestión de la cena al amparo de tro filmado magnífico, en, efecto, la obscuridad; otros, sabemos de antemano y se apunta los éxitos de Marius y Toquedo hacen por documentarse q porque pase cometiendo la injusticia de olvidar a es de buen, tono hablar, nial dé las películas Alexandcr Kordáy Louis Garnicr, que fueque hay en. cartel. ron, en un plano más modesto, los lean A todos sería piadoso aconsejarles que Choux de sus comedias en la pantalla. -no malgastaran su dinero acudiendo; al c i A. B. nematógrafo, yá que su ignorancia- -que eso es, en definitiva- -no les permite apreciar e! valor de una película cultural, el sacrificio que significa impresionar, las incidencias de una expedición polar ni el m é rito de- un- -reportaje interesante. Aquella señora, q ue con una perfecta caU n a de las más poderosas Empresas c i- tetez desconfiaba de la realidad en Trader nematográficas americanas acaba de pagar ITorn, h a b r á digerido, probablemente, con a Edviiia. -Roth, eh concepto de indemnizauna facilidad pasmosa, el terremoto de El ción, un- millón d e d ó l a r e s N o se trata de diluvio. reparar económicamente los desperfectos su. Son lo. s que dicen, siempre que el pescado fridos por unas piernas- bonitas o por una es caro; espalda estatuaria. E s- a l g o m á s s e r i o q u e ALFREDO MIRALLES todo eso. Edvina Both, por poco tiempo alejada a ú n a la sazón del teclado de su m á quina de escribir, partió hace dos años, a las órdenes de V a n D y k e y en compañía de un puñado de artistas y operarios, hacia las selvas africanas. Iban- a rodar Trader A l iniciarse en el pasado otoño la temHom, y lo rodaron. E l realizador de Somporada cinematográfica, los productores de bras blancas, animado por el éxito que el películas derramaron sobre las planas de los ambiente exótico de su famosa película obdiarios l a simiente del optimismo. Cada tuvo, siguió por el- camino emprendido, y, día lanzaban el anuncio de un film llamado del mismo modo que un día plasmó en el a asombrar al mundo, a iniciar una nueva celuloide el poema de los mares del Sur, era en l a historia del cine o a resolver un recogió en su nueva expedición las pálpiproblema que, a t r a v é s de. los años, no ha taciones de la vida, la belleza grandiosa de bía encontrado solución. Pero... los paisajes del Continente negro. Pero como Y a llevamos más de tres meses de tempono puede haber victoria sin derrota, también- rada- -y y a se han estrenado, además, los en esta ocasión el cristal del triunfo se vio films m á s pretenciosos- y n i el mundo se empañado por la amargura de una desgracia. ha asombrado con los esfuerzos comerciaL a aventura tuvo un triste epilogo: desde su les de los yanquis ni los técnicos alemanes regreso a Hollywood, l a bella protagonista de han iniciado era cinematográfica alguna n i ÍTrader Hom se debate en el lecho entre la se ha resuelto, en fin, ninguno de los gran vida y la muerte. Sorteó los peligros de la des problemas que acosan al moderno cineconvivencia entre hombres y fieras, pero su ma. Todo sigue igual que antes. T a l vez, naturaleza frágil, de lirio de. estufa, no pudo peor, por haberse derrunibado; el gran punresistir los embates de esos enemigos, i m tal de la esperanza. placables y traidores que son las enfermePor todo esto, entre m á s de cien pelícudades tropicales. Para ella, para sus ami- las q u é s e han estrenado en lo que llevagos, una tragedia; para la poderosa E m mos de temporada, es. natural que solamenpresa cinematográfica americana, un accite tres: o cuatro nos hayan recordado los dente del trabajo algo, costoso, pero sólo un buenos tiempos. del cine. Solamente tres o accidente... cuatro films... y; tres hallazgos. S í tres hallazgos, pues nos referimos a unas películas que han pasado, inadvertidas, y a un par Esto me recuerda una frase que escuché de momentos de otra que, sólo en contadas pocos días después de estrenarse aquella peexcepciones, han sido justamente valorilícula en Madrid. D e t r á s de mi butaca tomó zados. acomodo un matrimonio cincuentón y aboHelos a q u í tagado: dos ejemplares de esa, fauna suiUn viejo film de King Vidór. -En a l cida que, sin advertir, al parecer, el acegunos cines de barrio se lia proyectado, no cho, constante de l a diabetes y del artritishace a ú n muchos días, Billy tlie Kid, semo, come bien, no pasea, y duerme mucho. gundo film parlante realizado por K i n g V í L a pantalla reproducía una de los m á s ctor en 1930, c o n j o h n n y M e B r o w n y Walbellos extenores del film: la barca en que láee Beery de protagonistas. Billy the Kid viaja, el traficante en marfil surca lentase ha estrenado en esos modestos salones por mente las aguas de un caudaloso río, abriénque nadie lo ha querido estrenar en los del dose paso, entre un verdadero ejército de centro. L o s empresarios, que se esfuerzan caimanes que surgen de las márgenes, bajo p. or contratar la última opereta y el m á s cuya vegetación exuberante aguardan ios flamante monstruo llegado al mercado, no saurios el probable alimento de una bestia se han- atrevido a dar su público una pelícudistraída o de un desdichado n á u f r a g o E l la realizada por el mejor director americamomento tenía cierta emoción, que la seno. ¿P o r q u é? P o r la razón elocuentísiñ o r a rompió. al proférir, y subrayándola con ma de tratarse de un film sencillo, sin una sonrisilla despectiva, la frase que ahograndes estrellas ni escenarios fastuosos. r a viene a m i- m e m o r i a ¡C ó m o se ve el Nada más que por esto, su título no lo han decorado! trazado los neones en las fachadas, de los Soltamos la risa, unos cuantos, sin poder grandes cinematógrafos, ni ha sido anunremediarlo, pero es indudable que la apreciado en las páginas- de los periódicos. Se ciación invita a reflexionar. E s un tipo que ha conformado con recibir, los aplausos y abunda: mucho, por desgracia, en nuestras los gritos de los chiquillos cíe arrabal. salas de espectáculos ese que está siempre de vuelta él de esto es truco; a m í no Y sin embargo, Billy tlie Kid es un gran me l a dan Gentes que asisten a l a profilm. E n muchos momentos alcanza tonos yección con un criterio previo de esceptide leyenda épica, y en todos es un poema cismo, de suficiencia. A veces, se nos. ocude la joven America y de su historia roSwa traducción en imágenes. Por algo, para iodo el mundo, lean de la Lime en el teatro, es una comedia de Marcel Achard, y en el cinema una película de han Choux. mántica y- heroica. Ademán, jtiéne un v a l e de precursor que no d e b í a h a b e r s e silencia- do. H a s t a que Vitlor lo realizo, nadie i n tentó sacar el micrófono dé dos estudios. E l fué el que, sin vacilación, lo lanzó por el escenario infinito de la Naturaleza para que captara la trayectoria deíEi Kid. auténtico Quijote americano, que- recorrió las llanuras sin fin de California; trazando sobre la arena. de los desiertos s ü leyenda romancesca. 1 L OS QUE ESTÁN DE VH EL T A H A LLAZGOS Dos películas de Fatty. -De Fatty teníamos nosotros, dos que nacimos quince añoá después que vi cinema, u: a impresión algo confusa. E n los días de nuestra niñez- -que fué cuando alcanzo popularidad su figura- -había muchos gordos en la pantalla, a ios que les sucedían. -idénticas avéhturas. A todos los- llamábamos Fatty, pero, a ciencia cierta, no fsabíarnós cuál de ellos era. Por, esto, ha sido para nosotros. ün verdadero hallazgo encontrarnos ahora i 5o n el a u t é n tico Fatty. H a aparecido interpretando dos películas tan cortas como magníficas. Tanto, que podemos asegurar que, en isu estilo, son las mejores que- últimamente hemos visto. ¿S u s títulos? N o los recoidaíríp s. Las dinámicas incidencias que sucedieron a los rótulos anunciadores, los borraron de nuestra memoria. Pero lo que no: olvidáremos ja- más en sú gracia ingenua! -y arrolladora. E s a gracia que descubrió Chaplin enl, sus primeras producciones y que había desaparecido últimamente del cine yanqui: la gracia del absurdo, producida por las; cosas irrealizables que todos quisiéramos realizar. L a gracia magnífica que, al romper la risa, descubre en todos los hombres u n- e s p í r i t u de niño. (Ahora que ya conocemos ja Fatty, que ya distinguimos su gordura, qúe ya ño po- demos confundirle con n i n g ú n ¿tro- gordo de la pantalla, es cuando hemos I sentido verdaderamente su muerte, porque i es cuando nos hemos enterado de lo que significaba su vida. i 1 El cuento cinematográfico -E l cinema, arte esencialmente narrativo; sigue en su marcha las huellas marcadas! por la litera- tura. N o solamente ha bastado en ella infinidad de sus obras, sino que muchos de sus c i clos son semejantes a los literarios. L o s p r i mitivos films de episodios, tienen su antecedente más- directo en las, tn s primitivas aún, novelas por entregas. L a s películas pasionales, en l a novela francesa; de fin cíe s i glo. L o s ensayos devanguardiajen. las obras literarias de sus propios creadores. Y los modernos dibujos animados, en las fábulas infantiles. Solamente había un g e n e r ó que nadie se atrevía a trasladarlo al cincina: el cuento. L a narración breve, desprovista de complicaciones y alardes literarios, jcüyo valor, radica únicamente- en sus matices, no había; servido nunca de. base para realizar un film Pero ahora- -desde que se ha; estrenado ¡Si yo tuvier. a un millón! -ya no puede decirse lo mismo. E n esta cacareada producción de los- siete directores y de las catorce estrellas, entre sus muchos defectos é infinitas vacilaciones, han aparecido dos cuentos cinematográficos. Dos cuentos narrados en breves minutos por. muchas imágenes y- pocas palabras. E s t á n realizados por- Lubi- tscii y E s tephen Roberts. Y nos descubren los espíritus de dos seres en toda su amplitud: el dé un veterano oficinista. y el de una mujer de la calle. Unos simplesr gestos- y dos o tres detalles son suficientes para mostrarnos unas violas como tal vez no nos las hubieran mostrado en seis rollos de celuloide. Y este hecho, que para tantas- lia pasado inadvertido, es lo que nos hade- resaltar a nosotros, en esta, tcmpprada gris y monótona, la aparición del cuento cinematográfico. T a l vez el mayor hallazgo del cinzma en los últimos tiempos, 1 HÁFAEÍ, GIL iniurmimimsniffiHTr nnrr inHrMnnTTEinir ic 11 i n F a i M m r n m i m
 // Cambio Nodo4-Sevilla