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A B C. JU E V E S ii DE E N E R O D E 1934. E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 20. don Ignacio, el juez, llevó de una manera maestra, haciendo una pieza notable. Las balas famosas, fabricadas aquí para momear 1 ALANCE los señores y que han sido para montear a E l asesinato del patrono Gaspar guardias civiles. señor... Y ahora, en una- ¡Qué sé yo, Zurita noche, todo descubierto. ¡Los que estaban presos no eran! Verá usted, señor: acá teCinco de enero; víspera de Reyes. Las nemos l o que dicen de las supersticiones, y seis y media de l a mañana. Villafranca duerlas coincidencias que chocan y dejan a uno me recostada sobre los Cerros del Calvario. pensando. Las balas que le tiraron a D GasE l Carpió, con su castillo; la carretera de par son iguales a las que han, matado al Ikijaiance, tortuosa, difícil. Algún que otro guardia civil. E l guardia cayó muerto, ¡qué ¿madrugador, cuyo tajo está lejos; un hatero cosa! junto a l a puerta del Romanones, en que vuelve a la finca. Plaza del mercado; el lAvuntamiento. l a calle de la Cuesta, y muy cerca de la mis ma casa vive Frasquito Cobos, otro de los ¿A quién veremos a estas horas? E l jefe criminales, que lo tiene preso el juez m i l i de la Guardia municipal lo sabe; ha estado tar por la revolución. levantado, toda la noche, en unión del subjefe. ¡Vio bajar a la Guardia civil, primero; lueP o r cierto- -continúa- -que vino u n propago, al fiscal; al poco rato fueron por el cogandista libertario, precisamente creo que mandante juez. llegó el día del entierro de D Gaspar; cada- -S e lo dije al jefe- -oímos al brigada muvez que del cuartel de la Guardia civil solnicipal- y en el Juzgado de instrucción taban a un detenido, los del Centro le tonos dieron a entender que había una cosa maban declaración, para que contara cuantoi grande. M u y grande debía ser, cuando n i le habían preguntado, y lo comprometían pael juez de instrucción, n i el militar- -que no ra hacer campaña contra la Guardia civil. sabemos cuándo duermen, pues, al i r los paLuego, en el periódico de ellos, vimos unas naderos de madrugada al horno, aún suenan fotografías, que son mentira, pues el tío de las máquinas de escribir- -llevan tres noches la gorra y del cuello abierto no es de aquí, en vela, y ahora están reunidos en l a sala no ha estado nunca aquí, y las manos que Audiencia. Llegó e l coche gris de l a Guarse retratan aparte, como pertenecientes a dia civil, al Juzgado, de instrucción, y bajaotro de los que fueron al cuartel, son porreron a un detenido. A píceo el cabo Duran, tudas- y del mismo tío que se puso en cuclidel benemérito Instituto, traía, con una pallas, para que lo retrataran; fíjese usted aquí reja, al Romanones, extremista muy cono- -y nos enseña una fotografía recortada- se cido. hizo una lista de nombres de los que cogieE l guardia- Godoy me dijo- -sigue nuestro ron, y. que decía el periódico que eran inoamable informador- -que el juez militar hacentes... ¡Frasquito Cobos era uno de los bía ordenado l a detención del Romanones de nombrados, y ha. resultado uno de los asenuevo. L o libertó el día 2, y. algo grave ocusinos! ¡Cómo no estaban los guardias equirriría cuando, a l a una y media de la madruvocados! ¡Señor, si nos conocemos todos, si gada, mandabit porél a su casa. y venía esconocen a todo el pueblo! posado. ¿Cómo empezó el descubrimiento? -inNos despedimos; dice. no saber mas. V a quirimos. mos hacia el. Juzgado; está cerrado; es muy Por lo que se ha podido vislumbrar- -nos temprano. Esperamos. V a n abriéndose puerdice- -no se sabe si el juez militar, l a P o l i tas, de casas. cía de aquí o la de Córdoba, conocían el apo- -A l l á va un muchacho de los del Juzgado ég -uno de ellos; pero como faltaban más, dc- -nos dice un simpático: madrugador. pues el coche tiene tiros de pistola y de esL e abordamos; es mudo, o lo parece; sólo copeta, era, difícil, por uno solo sacar a los dice: ¡Buena noche para los jueces, fiscal otros tres o cuatro. Ahora, con la revolución, han faltado, muchas escopetas y pistolas, que y guardias y para nosotros! ¡Cuando B u j a están en los pozos, y el juez militar, cuando i a n c e i o sepa... ¿Qué- -se nos escapa, enalguien le ha hablado del asunto, ha tenido tre el vaho de un día frío- N o nada... con todos buenas (palabras, pero no se claP o r fin, un portero es más explícito. reaba. Sólo decía: M i l l a n o Coca, no. E l- -C o m o y a los periódicos lo dirán, y ussabrá por lo que lo decía; D Ignacio afirted, por lo que se ve, es periodista, ha de samaba lo mismo, y ya ve usted si el juez saber que todo lo de D Gaspar se ha descubrá lo suyo. L a Guardia civil, ese cabo D u bierto. ¡Qué equivocado andaba todo el mundo i ran, no paraba. E l mismo día que el juez soltó al Romanones, la mujer del Navales, E r a n quienes menos se podía suponer. N o que está preso por l a revolución, al pasar era el Centro, n o al principio se hicieron coincidir discusiones sociales, pleitos peque- por esta acera para llevarle a su marido el almuerzo a la cárcel, viendo a los del Casino ños de bases de trabajo, que todos los años tomar café, armó un medio escándalo, y, ense ventilan a su hora, con palabras que se tre muchas cosas, dijo Más valiera qué achacaron al Coca o al Gallego. buscaran al que mató a D Gaspar, en lugar Claro, por la noche caía Zurita bajo las de meter tanta gente en la cárcel... balas, en el camino de Castro, y en seguida se ligó una cosa con otra. Pero anoche de ¡P a r a qué lo d i j o! A los diez minutos escían los jueces: Desde las tres de la tarde taba en el cuartel explicándole al cabo Jo hasta antes de las seis, no se prepara un golque quería decir aquello; y no debió explipe así y se encuentran cinco decididos. carse mal, pues a poco la vimos pasar otra Solamente l a Guardia civil estuvo cerca eu vez para su casa los primeros momentos- -aquí se para nuesTotal, que el Romanones, delante de todo tro narrador- E n fin, que lo que decimos el Juzgado, parece ser que explicó, después todos ahora: por lo visto, tenía razón el a l calde, al dar cuenta al gobernador de haber sido atracado un patrono en el camino. de Desaparecidas las causas que han imCastro, resultando herido. U n gobernador que sólo gobernó unos días; un perfecto capedido la publicación del semanario ballero; policías especiales venidos de fuera; Prensa mal. informada, y todo en el misterio. Pasó un mes, otro y otro. Presos, tres o m. M- cuatro, que sólo sospechas pedían infundir... Las elecciones, la libertad provisional; un el próximo jueves, día 11, aparecerá sumarió muy grande; labor tremenda que el secundo número de dicho semanario. LA TRAGEDIA DE BU- de dos horas de resistirse y de incurrir en contradicciones, cómo organizó una cuadrilla para atracar; cuántos y quiénes l a componían, y cómo se colocaron ía tarde del 27 de septiembre. H a y una cosa r a r a si iban a atracar, si tiraron, si hicieron carne- -como ellos dicen- ¿cómo no robaron? -Les dio miedo dé la infamia que habían hecho con un hombre tan bueno? E l l o s lo sabrán. L a Justicia lo averiguará. Todo se ha descubierto, pues no había más que ver la cara de los jueces, del fiscal, del teniente y del cabo D u ran, cuando salieron, cerca de las cinco de la mañana. ¡Qué ir y venir de parejas del Juzgado a la cárcel, y de la cárcel al Juzgado, trayendo: y llevando gente! A mi cuenta, fueron cuatro, y el Romanones, los que entraron y salieron, y eso es todo lo que sé... Satisfecho está D. Ignacio, el juez, y bien puede estarlo. Nos despedimos; vamonos a Córdoba. Por el camino, la figura del cabo Duran parece que nos acompaña. Enhorabuenas y plácemes por todas partes han sido el regalo de Reyes para esta clase benemérita. E s poco. FRANCISCO p U E S A D A Córdoba, enero 1934. L A AGITAcíoN S O C I A L Y LAS PERTURBACIONES D E L ORDEN PUBLICO Apalean a un encargado porque, no le dan trabajo Huelva- i o, 4 tarde. A n t e la Guardia c i v i l del puesto de Manzanilla se presentó el vecino Manuel R i v e r a Santiago, denunciando que cuando se disponía a trabajar, con ocho hombres, y en calidad de encargado, en una finca de aquel término municipal, se presentaron varios obreros, diciendo que ellos querían trabajar también; a lo que el encargado contestó que no podía darles trabajo sin autorización del dueño de la finca. Entonces Manuel Rivera, en vista de que los trabajadores que le acompañaban se retiraron, ante la actitud amenazadora de aquellos obreros, se marchó también hacia el. pueblo, para dar conocimiento al citado dueño de lo que ocurría. A l encuentro del encargado salieron los obreros José Romero V a c a y Antonio González G i l los cuales agredieron a aquél, dándole varios golpes con un palo, porque creyeron que en vez de dejarlos trabajar iban a dar conocimiento a la fuerza. Comprobada la veracidad de esta denun cia, la Guardia civií detuvo a los agresores del encargado. s Del incendio de una camioneta Coruña 10, 1 tarde: E l Juzgado que actúa en el esclarecimiento del atentado contra una camioneta ocupada por obreros que regresaban del trabajo, ha comprobado que la agresión ocurrió delante del atrio de l a iglesia parroquial de San Pedro. Los agresores, al arrojar las botellas inflamables c o n tra la camioneta, hicieron una descarga, re- sultando el chofer, Manuel Socastro García, herido de un tiro en el antebrazo derecho, por lo que perdió la dirección del coche, que se desvió hacia la cuneta, derribando un poste eléctrico. L o s agresores huyeron, aprovechando la obscuridad. E n una ambulancia municipal fueron llevados once obreros heridos, a la casa de so. corro del barrio de Sarita Lucía, pasando al Hospital Ramón González, Francisco F o n i tela, Eduardo Torreiro, Francisco González e Ignacio Echevarría. H o y se han efectuado varias detenciones. IH IP