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También acierta el Sr. Fernández S u á rez cúartáo anuncia el término del capitalismo, debido a una especie de anquilosis de su aparato circulatorio E l régimen capitalista casi puro ha durado mientras ha- permitido la circulación de las mercaderías, pero ya no permite que los bienes fluyan. Y eilo indica que está llegando la hora de su transformación fundamenta! E l autor dice bien cuando relaciona este colapso con el del maqumismo y explica que el día en que se consiguiese substituir a todos los obreros p o r máquinas, se daría el espectáculo de que la Humanidad se moriría de ham- bre, por falta de capacidad adquisitiva, al mismo tiempo que estaría el mundo pictórico de abundancia. Y también da en- el clavo cuando anuncia la imposibilidad de que loa Estados liaban honor a las crecientes deudas. que contraen. Y a se ha iniciado la bancarrota universal. Pero ello no significa necesariamente el comienzo de la gran revolución. También puede significar el principio de la reacción y de la vuelta a la honradez. De todos modos, -parece que el autor está en lo firme cuando diagnostica el estado actual de Europa, diciendo que se caracteriza por: l a caída de los tronos, la crisis del liberalismo y de la democracia histórica y el nacimiento de nuevos sistemas autoritarios y del doctrinarismo político dogmático Mucha verdad. T a m b i é n la de que el sufragio universal ha sido fatal para- el liberalismo, sobre todo, si se completa con la de que ahera no podemos ser libres, porque nuestro enemigo interior- -nosotros mismos- -nos tiene aherrojados y sujetos. Es probable que los tiempos de mañana sean de mayor quietud, porque en ellos nos cuidemos más del orden que de la creación. Es posible que la solución del problema social surja por sí sola, por una resignación general, dice Spengier. También lo es que los hombres se allanen al irracionalismo. Pero se me figura que el autor se engaña cuando anuncia una nueva influencia espiritual del Oriente sobre el Occidente- Antes creería en los cañones y en las manufacturas del Japón, que en sus filósofos y, teólogos. M e parece que ocurrirá lo contrario; que el Oriente influirá materialmente sobre el Occidente y que nuestra influencia sobre el A s i a será espiritual. Y ello porque creo, contra el autor, que, si no- todas las religiones positivas, la nuestra, la católica, no tardará en revivir con mayor fuerza. Aquí falla la cultura del autor. N o parece, conocer a ningún apologista de altura. U n padre Arintero le hubiera enseñado que hay todavía en nuestro Credo numerosos dogmas que aún no han desplegado su riqueza de contenido sobre la Humanidad. Todos los dogmas firiaks, desde los del- Espíritu Santo y la Iglesia Católica hasta los de la resurrección de la carne y la vida perdurable, no los han conocido los hombres, sino en germen. Sólo contadas inteligencias poderosas han vislumbrado algunas de sus inmensas posibilidades. También falla la cultura del Sr. F e r n á n dez: Suárez cuando dice que la Monarquíano puede defenderse, sino irracionalmente y por categorías dogmáticas. Esto no puede decirse después de que un Maurras ha dedicado la vida entera a propugnar la causa monárquica- con argumentos estrictamente positivistas, tomados todos ellos a la experiencia histórica. ¡Pero si las persecuciones que los monárquicos franceses padecen se deben, en buena medida, al infausto positivismo de Maurras! Supone el autor, debido a ese error inicial, que las Monarquías hereditarias no serán restauradas. Cree que viviremos bajoEstados autoritarios, pero sin Reyes. También pudiera objetársele que las actuales dic- taduras- no son sino el preludio del retorno de- los Reyes. Así lo fueron en la Roma antigua. ¿P o r qué no ahora? Es inevitable que surja otra gran guerra antes de diez años, como el autor asegura. E s inevitable que esa guerra t. pueda sostenerse, como la pasada, por el crédito de los neutrales. S i Ios- Estados Unidos, con su enorme poderío, no han logrado cobrar sus créditos, no habrá nación. neutral- alguna que en la próxima guerra venda al fiado. Ignoro si h a b r á guerra, pero convengo en que es posible que pasemos por períodos autárquicos, de recogimiento de los pueblos en sí mismos. E l autor termina con- un elogio de los tiempos- del liberalismo; en que ios ricos podían hacer lo que querían. También los artistas de gran éxito y. bis mujeres extraordinariamente hermosas, i t l autor envidia a esas gentes que pedían desafiarlo todo: el bien y el mal, y lamenta que vengan épocas de mayor presión social, donde esos seres afortunados tendrán que comprimirse. L a verdad es que sus privilegios no duraban más que unos cuantos años. Los habituados a regirse por su capricho no tardan en ser sus esclavos. Los desenfrenos acaban en la miseria, la cocaína, el alcohol, el suicidio. Dios es siempre más fuerte que los más fuertes de- nosotros. Y España fué un día su brazo en la tierra. Después de todos los nacionalismo estrechos que se anuncian, volverá a sonar sobre los pueblos el clarín de la universalidad. N i Wells ni Snengler conocen a España, ni su acción en el mundo. P o r eso es errónea su ílosoíía de ia Historia. Los españoles creímos siempre que todos los hombres pedían salvarse. Y si el Sr. Fernández Suárez hubiera meditado sobre el valor de esta creencia, hubiera sido muy- distinta la visión de su libro, tan sugestivo, de otra parte. RAMIRO D E MAEZTU fv m HAWAI