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LA BELLA TAR VOLUNOSA ruerna yo por n: i camino: de siempre, calle del Príncipe, Cuatro Calles, Carrera de; San Jerónimo arriba, desde donde venden el vino al por. mayor hasta: donde, lo descorchan al menudeo, cuando distraído! al cruzar el arroyo, por no mirar á él y, sí al cielo, hube de pararme un punto, porque me atrepellaba un automóvil, y advertí sin anuncios, la fachada del teatro de l a Victoria. -i Cómo! -ine pregunté- ¿hasta aquí ha llegado l a crisis? ¿O t r o teatro cerrado en pleno enero? Y alguien que oyó la exclamación, que involuntariamente hice en. voz alta, se apresuró a quitarme l a pena. -N o se apure usted: reformas; próxima reapertura; -estreno sensacional. Cosas- de Pepe Cadenas, el empresario rumboso de otras horas alegres que se decide a tirar de nuevo la casa por l a ventana. U n a opereta, nada menos. Cuando aquí estamos diciendo que ese género ha muerto, revive, en Europa- -en P a r í s lo cultivan ahora- mismo dieciocho teatros- -y Pepe Cadenas se junta con Antonio Paso y adapta del alemán Ba i in Savoy (E l Baile del Savoy) de Lorhner y Gruniwalard, con música de Paul A b r a ham. Gran 7 W en -scénc- por supuesto, y perdone el castizante si l o di ge en f r a n c é s lo pide el género. Y en l a sala un nuevo sistema de proyectores- ¡el difícil problema de la luz! -que, viene de los teatros de L o n dres y es el último grito luminoso. -Bueno; pero. ¿i n t é r p r e t e s? -U n gran conjunto, Cándida Suárez, maestra en el menester opéretístieo; Pier re Clarel, a quien arrancan de un, teatro de P a r í s ¡E n fin... ¡A h y la gran sorpres a Celia Gámez! Celia Gámez, tan española, que y a no quiere ser vedette y se convierte en tiple. -Pero: tiple de opereta, c ó mica y con voz. Y bailarina. ¡Y hasta acróbata! Y a v e r á usted... Y el amigo instantáneo y espontáneo- ¡españolísimo! -me dejó allí, donde me quedé, rumiando sus noticias, no sin antes haber retrocedido a guarecerme en l a acera. Celia Gámez empezó a repiquetearme en el recuerdo, pisándome rítmicamente, los sesos con sus pies bailarines. Sin saberlo, la gentil artista cumplía una obra de justicia. Y o pensé devolvérsela algún día en una crónica. Y evoqué la aparición de Celia en el teatro de Eslava, no hace mucho años, porque l a vida de esta, mujer no es tiempo todavía. E r a muy joven, más joven aún- ¡y fué ayer, y las piedras- preciosas no tienen edad! y volvía de su Buenos Aires nativo a la tierra de sus padres malagueños. U n payador podía cantarla en una. décinia. -y: el inolvidable Salvador Rueda l a hubiera compuesto un soneto creyendo que era una guitarra de carne. E r a en verdad, una belleza de las dos Españas. Capullo que se hacía rosa- -rosa té, por el color de la piel- tenía el cuerpo torneado y carnoso, de formas bombeadas, de muchachita muy siglo diecinueve; pero tenía ojos de eternidad. ¿E v a era rubia? N o con negros ojos... cantó, en su verso el poeta. E l óvalo del rostro trigueño lo mismo podía ceñirse el crespón del manto peruano o chileno que encerrarse entre el paréntesis de ébano sedoso de dos trenzas, de china, pampera, al cuello el pañolito azul del pericón, o dé chiva poblana, tocada con l a pirámide clara del jarano. Y también lucía hasta cegar de a d miración con un atavío de España, bajo el palio de espuma o dé humo dé la blanca mantilla torera o de la negra mantilla devota. E r a una raorenita clara de la España de acá y de allá: o andaluza que acaba de tostar sus n a r d o s árabes en el sol de los trópicos, o tierra rojiza de india que se aclara de civilización blanca, junto: a l a boca un lunarcillo triste se vestía, de luto porque no le llegaba a los labios. 1 1 Cantaba, s i pero cantaba dulcemente, i n genuamente, con una voz indefinida- -mi soprano, n i messo soprano, ni contralto- que era u m voz de señorita; que canta sin saber; les fueron precedidos por otros de música se movía en escena: sin desparpajo, con una italiana, antigua y moderna. Predominó Rospicardía no sentida, una picardía menor de sini con tres números importantes. l a Lec- edad, que resultaba, más. graciosa ahogándose ción. de Canto, original deí Barbero de Se en l a desvergüenza de l a revista. ¡Y el p ú- villa -el Adagio, de xa Italiana in úlgeri, y blico l a aplaudía por bonita! Pero ella, vo- el gran rondó de la Cenerentola, pieza de luntariosa, quisó que su belleza no fuera resistencia, llena de dificultades técnicas que un atributo sino un pedestal. Y trabajó para fuerc- n vencidas por 1 a gran cantante con encaramarse a, ella. L a popularidad l e dio tanto arte como, dominio; y con Róss ini a l una escala. Y como la veíamos subir, la aten- ternaron Pergolesi, Respighi y otros comción trepó tras ella. E n un género q u e- s i n positores italianos del pasado y el presente. duda no amaba fué creciendo en habilidad Cuatro canciones francesas, dos de Bizét y tenaz, y en los escenarios donde trabajaba, y dos de Ravel, figuraron en el programa del; en los saloncillos de los teatros, donde iba de segundo recital; eran del p r i vn e r o Les v i s i t a y en los banquetes, y en las salas de adicux de l hatasse árabe y La, coccinelle, espectáculos, donde iba a admirar soñando ambas con palabras de Víctor H u g o y del un arte que no era el suyo, descollaba su be- segundo, el aria del niño, de L e. nfant et les lleza porfiada, que quería ser algo más. Por- sort üeges, y V. ocalise en forma- de habanera. fiaba su v o buscando tina emisión justa que También cantó en francés una pieza de la hicieron cantar de veras; porfiaban sus Poldozvski, seudónimo de. la compositora brazos mesurando upa acción de actriz ver- polaca la- di Dean: Paul, que hace: algunos dadera porfiaban sus piernas y sus pies d o- -años, visitó. Madrid, formando parte de, un minando el paso rítmico de todos los bailes. y conjunto musical ingle, de primer orden. así escultora de sm espíritu, por lá vocación Aparte de estas obras, y de algunas otras fervorosa, por el trabajo constante, fué, sin. de compositores también extranjeros, l a mapretenderlo, sin cuidar la línea, escultora de teria de los cuatro recitales fue enténunente su cuerpo. espáñpla. Granados, Falla y- N i n con sus tonadillas y canciones populares, contribuTJn día, después. de no vería én algún tiempo- -en verdad muy poco para transforma- yeron grupos íntegros a los. programas; de ción tan grande- me encontré con tina mu- diversos d í a s y otros grupos de canciones jercita estilizada, como una t á n a g r a anacró- estuvieron compuestos de piezas- -firmadas nica vestida por las modistas de París, que por Manen, H á l f f t e r Turina, Pittaluga Tacantaba al piano, muy decorosamente, el -buyo, Morera, Vives y Elizaldé, el mismo Vissid qrte de Lá Tosca. A tono, a tiempo que hace pocos años- dirigra la Orquesta del y. con expresión. E n el terciopelo de sus Sávoy, de Londres, con tanto r i t m o y b r í o Una. canción de La chávala, dé ChapL y lá ojos, siempre brillantes, había ahora una luz nueva de inteligencia que se enciende; la m i- de la gitanillaeñ. La alearía del. batallón, del maestro Serrano, hicieron ver, al púbhcp lo rada, que antes acariciaba tan sólo, ahora comprendía. ¿E s a era la crioliita andaluza que podría ser la zarzuela, española con conque debutó en Eslava? Otra vez el recuerdo juntos- al nivel de Conchita- Supervía. Este género nuestro- exclusivamente nuestro, tan de Rubén B a r i o me cantó en el alma: abundante y tan rico en música. inspirada- y Tarde de vals es de Viena, genial -avalorado hoy m á s qué; nunca p o r é l ojo morisco es de E s p a ñ a transcurso del tiempo, está en e- spera de un ¡i crespa y espesa pestaña Diaghileff español que lo pasee triunfante es de latina- sirena. por J a s grandes ciudades del mundo, donde ¿Celia Gámez tiple de opereta? Y baila- ri- sería una revelación, un- éxito y. un- negocio. na, y actriz, cantante, lo que ella quiera, de proporciones comparables únicamente, al afirmé para mí como resumen de mi pensa- que obtuvieron hace años los bailes rusos. miento. Y como anochecía, eché a andar de L a circunstancia- de yacer, c- n e l o l v i d o e nuevo por nu- camino de siempre, Carrera de inéxplptado es sólo explicable por la: apatía S a n i J e r ó n i m o arriba, desde donde venden e l del. carácter español: que tan vivamente con- vino al por mayor hasta donde lo descorchan trasta con l a brillantez y fecundidad de al menudeo y allí hice alto, para brindar, nuestras producciones nacionales. con zumo jerezano a la salud de la. artista Después de hacer un recorrido, triunfal renovada, la béllayvoluntariosa, que no ha- por. el; mapa de España- -reproducido en el bía querido confeírmarse con ser bonita y programa de i o s recitales- Conchita S u nada máspervía hizo oír al público, que el programa calificó de L o s siete ritmos más; imporFELIPE S A S S O N E tantes i del folklore andaluz y gitana pe; teñeras, malagueñas, fándangüiilos; farruABC EN L O N D R E S cas, sevillanas, garrotín. y tangos. Iyor Newtori, acompañante perfecto en el: piano, fué substituido por Amaiio Cuenca, no El arte y el españolismo de Con- menosperfecto en el manejo de la. gúitárra, y 1 a ilustre cantante- sentóse, a. su lado chita Supervía para completar la- esencia- del- cuadro flaE n cuatro noches neblinosas: y frías, de menco cn el ésoenafió déi. H a l l un mes de diciembre lóbrego, inglés, Con NVd i e se x u yá raber au el ensayo, chita Supervía ha hecho el milagro de rasfué un: triunfo para la gran artista españogar las tinieblas y acortar, los espacios, para, la; ningún- miembro del público discutió si que brillaran ante nuestros ojos, con los las soleares y las. signiriyas hubieran, povivos destellos de l a realidad, los pueblos dido figurar con mejor derecho. entre l o s soleados, las naranjas luminosas y las escesiete ritmos m á s importantes o s i los t í nas alegres de las regiones españolas. E n un tulos de las bulerías y las- tarantas, para instante nos ha. transportado desde las obs- merecer tan alta distinción, no eran supecuras heladas del invierno m á s duro que re- ñores á los de las sevillanas. L o qué- suce- gistra la historia inglesa durante cincuenta dio fué que los- oles e mezciaron con años, a los cuadros m á s típicos y esplendolos aplausos, y cuando volví la. cabeza para rosos de nuestra vida nacional, como si por; -averiguar cuál de mis compatriotas jaleaarte de magia hubiese salvado, no sólo los, ba en forma tan clásica, encontré, invariaabismos del espacio, sino los del tiempo, re- blemente, que se trataba, de un inglés, u: i cíente o lejano. H a hecho gala de sus facultades asombrosas; cantando algunas de las Jingles legítimo, que, no obstante svi. nr. ciopáginas más. difíciles de l a ópera clásica nalidad y su frac, sabía s e n t i r e l canté italiana; pero como es española hasta la y demostrar su: afición- cor, arreglo a los médula de los huesos, y no lo puede reme- -c á n o n e s del casticismo. E l público de Londres ha sido nuevadiar, l a raza reflejada en su arte es lo. que ha cantado en sus canciones, lo q u e m á s h a- mente cautivado por eí arte, l a belleza, l a entusiasmado a sus oyentes durante la serie; clara dicción, l a expresión acertada y ía de recitales admirables que acaba de dar en. gracia extraordinaria de Conchita Super- vía, obligándola cada noche a conceder m i- T. ondres. merosas: propinas s i n olvidar, como fin E n los dos primeros, los grupos españo- de fiesta invariable, los. Clavelitos, que pa: z 1