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NUMERO EXTRAOR D I N A R I O 20 C E N T S AÑO MO. TR 1 GES 1- m I N M E M O RI A M l s exquisiteces de su natural aristocratismo, y en donde recibía, niagníficamente, como gran señor que era. Un busto y los nombres dé dos calles, las antiguas de la Victoria y del Pozo, entrambas vecinas, y a su vez vecinas también del teatro Español, del de la Comedia y del lugar en donde, hasta más que mediado. el pasado siglo, se levantaba e l de la Cruz. Viejo barrio de los comediantes, lleno de anécdotas y dé evocaciones. Aquí los dos legendarios teatros rivales, el del Principe y el de la Cruz, y no lejos Id que íué mentidero dé los representantes; las plazuelas de Santa Ana y e l Ángel, campo de discusión y hasta de contienda, ya en los tiempos del tacón rojo, de los famosos bandos de polacos y chorizos, en que se dividían los partidarios de aquellos coliseos, y próxima a todo, como un detalle de intensa poesía y una prueba de intenso fervor, la iglesia de San Sebastián, con la capilla de Nuestra Señora de la Novena, Patrona y abogada de los cómicos. Y a es mucho todo esto aunque no sea todo lo que podría hacerse en su memoria. De todas suertes, de elogiar es, y conviene señalarlo para tenerlo presente en otros momentos similares, el haber logrado sacar del cesto empolvado de los recuerdos a los dos famosos artistas, rompiendo, al mismo tiempo y como consecuencia, una lanza en favor de una rama de arte tan respetable y tan considerable como la de la pintura, la música o,l a literatura, pese a aquellos que la otorgan únicamente un valor adjetivo. Ninguna fué mirada con más desdén o indiferencia en España, v había en ello como una mezcla de amor y de odio, de admiración y de desprecio; tal vez una insospechada envidia ante el ídolo glorioso de una noche. Para los actores son, en efecto, los más ruidosos éxitos las alegrías más intensas, más inmediato el triunfo. ¡Pero después! E l telón cae- -decía Mirbeau- y el gabán viejo y raído reemplaza los mantos reales, las túnicas áureas... E l telón de la vida cae con la muerte sobre los actores, y es telón de olvidos y de ingratitudes. De la poesía del gesto, del hechizo del aderrján, de la majestad de la actitud, no queda más que un ligero recuerdo, que se va esfumando con el tiempo, y, a veces, ni eso. Así, el rasgo de Borras merece, por su gallardía, una alabanza más. Pero aún se podía completar, como digo, el homenaje, y no se quiera ver con esto ni una crítica, ni menos un deseo, pobre, de rebajar la feliz idea tan plausiblemente secundada por la Comisión organizadora, por el Ayuntamiento madrileño y por el glorioso Mariano Benlliure, que prometió dos lápidas para las citadas calles; véase tan sólo unas sugerencias más, lanzadas desde mi modestia, por sí, tomadas én consideración, pudieran contribuir al mayor esplendor del noble intento: en el cementerio de San Justo existe, un panteón destinado á artistas célebres, allí reposan el sueño eterno Larra, Espronceda, Arjona, Rosales, Núfiez de Arce, Bretón de los Herreros, el gran Carlos Latorre, Calvo, Vico; aún existen dos fosas vacías. Por qué no trasladar a una de eüas, desde la modesta en que yacen, los gloriosos restos de María y Fernando? Seria un detalle de exquisita sensibilidad y una deuda pagada a la memoria de su excelso arte. Y todavía m á s se puede hacer más en su honor, que va, roto el silencio, no hemos de callar ni ceder en el empeño. E n el Museo Municipal cute cobija el magno edificio que fué Hospicio de San Fernando, existe una sala reservada a recuerdos de teatro, en ella se reúnen cuantos puedan contribuir al estudió del arte escénico: retratos de artistas madrileños o que pasaron por Madrid, trajes escénicos de actrices y de actores, maquetas de teatros, grabados, fotografías; un poco de todo, y el conjuntó una evocación llena de encanto e interés. Pues bien; en este curioso rincón, en el que. quedan como encasillados valores que füeron muchas veces inmarcesibles, materializados simplemente eti un retrato, unos guaníes o las hojas marchitas de una. corona de laurel, es t x ABC NUMERO EXTRAORD I N A R I O 20 C E N T S A Ñ O T R 1 G E S fMO. w y y MARIA GUERRERO ENT DOÑA INES (CUADRO DE RAIMUNDO D E MADRAZO) OR fin, y gracias a la iniciativa entusiastamente lanzada desde estas mismas páginas por un espíritu sensible como el de Tomás Borras, tienen los egregios artistas María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza dos calles en Madrid que ostenten sus nombres, respectivamente, y el gran actor de las supremas elegancias y de los supremos aciertos, tan absurdamente hasta ahora olvidado, el muchas veces genial y siempre concienzudo y brillante, no obstante ser su eterna misión dar la réplica a la más genial de nuestras actrices; el director insuperable, que elevó y dignificó el teatro en España, va a tener el galardón de un busto en el saloncillo de nuestro primer teatro, aquel saloncillo que prestigió en vida con P E N DOÑA MARÍA L A BRAVA
 // Cambio Nodo4-Sevilla