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altas que sean, y se dejan arrastrar blandamente hacia el terminar fácil en el mar vecino; pereza en el camino y llanura baja en el fin; también como l a mayor parte de las: intenciones que tuvieron un día ansias de elevación. E l A r h o se c u r v a y se retuerce al atravesar la ciudad, como en un desperezo, y, no muy distante, bosteza abriendo la boca frente al m a r latino. Está cansado, acaso, de días iguales y dormita en la calma de estos años pacíficos, con nostalgias de otros en que venía a engrosar su caudal, y a ponerle noble manto de púrpura, la sangre v e r t i d a en asonadas y disturbios civiles, en lances de guerra y asechanzas de encrucijadas; porque el A r n o fué uno de los ríos guerreros que se engalanaba, como los milites de otros tiempos, con los despojos de sus víctimas, y se creían destinados sólo a empujar hacia el mar sin orillas su tributo de muertes. H o y sha cambiado el aspecto del mundo, y el del Á r n o también; aquél parece que y a no siente amor ninguno por la púrpura sobre los arroyos y los campos, y se viste de h o ras g r i s e s grises como el color de estas aguas tantas veces rojas cuándo eran los días de los Bergofíni y los Raspanti en Pisa, y de los ¡Güelfos y Gibelinos en F l o r e n c i a Cuando al cabo de un paseo por. los lungaftios ó riberas del río, y por la calle de Santa María, que imita al A m o en el retorcimiento de su camino, vamos a d a r frente al baptisterio, la Catedral y la torre, se nos ciegan los ojos como si la ciudad, en el ademán ele tendernos su mano, hiciera b r i llar, bajo el. sol, las facetas múltiples d e s u tresillo iluminado y luminoso. H e aquí, j u n tos, los tres diamantes con que se adorna Pisa. v E l baptisterio es semiesférico; la Catedral, en cruz, y lá torre, elevada. S i n p r o ponérselo, acaso, hicieron los alarifes d i s tintos, y en tres épocas diferentes, este t r i duo devoto, que pone, entre la media esfera del mundo conocido entonces y las intenciones altas, el camino único de la crur. E l baptisterio, obra de B i o l i s a l v i c o n retoques posteriores de gótico, se engalana con mármoles de Nicolás Físatto; la Catedral, de Reinaldo y Busqúeto, se adorna con talHas de J u a n de B o l o n i a la torre, de Bonano y Guillermo de Insbruck, tiene su mayor ornamento y fama en ese milagro de r e n d i r a suelo con su pesadumbre, sin venirse el a abajo; pero, sin duda, le asusta a ella misma el alarde atrevido, y enmudeció su campanil con el temor de que 1 E L BAPTISTERIO S E ENGALANA CON M A R M O L E S D E NICOLÁS W S A N O N A C I M I E N T O D E J E S U s sus voces gloriosas provocaran su ruina. E n una calle apartada, frente a lá gracia, misteriosa siempre, de un huerto cerrado, hay una casita de dos pisos, y, sobre la p u e r t a de e n t r a d a una placa de mármol: Aquí nació Galileo G a l i e r i el año 1564 E l portal es sombrío, y del interior no llean ruidos ni voces, odo es apagado y triste en esta casa, como si el único mofador fuera el espíritu apagado y. triste de quien nació en ella. Es -te profesor de M a t e máticas que nos roba una i l u s i ó n al desenmascarar las estrellas y acusar a las de Venus y M a r t e las dos que brillan con mayor fuerza en el firmamento, de plagiarías, porque traen engañado tanto tiernpo al mundo, que las cree l u minosas y sólo tienen la luz que le toman f tLÍi m 1 í L A CATEDRAL, E L BAPTISTERIO Y E L CAMPANIL... H E AQÜI J U N T O S LOS T R E S D I A M A N T E S CON Q U E S E ADORNA PISA 1 4
 // Cambio Nodo4-Sevilla