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s que no se olvidan nunca. Los dolores grandes son los dolores que más perduran en nuestra memoria, los que a fuerza de padecimiento desgarran la carne para siempre. ¿Pero no acabas de decir que para ti murió? -Sí. Por eso precisamente quiero honrar su memoria. ¿Cómo? Escucha y lo sabrás. Hoy hace dos años que nos conocimos, y hoy concebí la idea de conmemorar el suceso poniendo a una calle, a su calle, a la calle que tanto paseé, un nombre poemático y evocador: Calle del amor perdido. ¿Te parece bien? -Muy bien. -Ya hice el rótulo. Es una simple hoja de papel; pero no importa. A veces el papel dura más que el mármol. Y como tú eres serio y eres comprensivo, y como, además, sabes tocar la ocarina, vengo a rogarte que me acompañes para dar mayor solemnidad al acto de colocar el letrero. De muy mal talante, porque la noche y la compañía de un pobre loco no me seducían, pero, ocultando la contrariedad que me causaba, acepto la invitación, y hasta pronuncio unas frases de gratitud por haberse acordado de rri. Timoteo se ata dentro de su trinchera, mete la cabeza debajo del sombrero y empuña el paraguas. Yo cojo el gabán, requiero la ocarina, y partimos para el lugar de la ceremonia. La noche estaba empapada de agua y de negrura; no hay más que serenos por la calle. Caminamos silenciosos bajo la cúpula del paraguas que lleva abierto y que nos defiende del viento y de la. lluvia, y de esta manera llegamos a una calle en cuesta y angosta; calle que es como un tubo de chimenea por el tiro que hace. -Ya estamos- -exclama, deteniéüdose ante la barandilla e un piso bajo- Ya i estamos junto a la hornacina de mis amores; jaula vacía de la que sólo quedan los hierros. ¡Oh; piedras queridas; oh, fachadas compañeras; oh, balcones amigos! Heme aquí dispuesto a glorificar su cariño! Ágil, más que un mono, trepa por la barandilla hasta ponerse de pie sobre ella, y pega en la pared un pequeño papel, donde. entre varias rayas trazadas a modo de cua- de correr tras él, de llamarle sinvergüenza y de descalabrarle con la ocarina, ya dro, aparece el nuevo rótulo de la calle. que el duro pudo sacármelo cómodamente, Me insta a que toque cualquier cosa. Yo, obediente, requiero la ocarina y toco, la sin obligarme a salir de casa y sin expomarcha de El profeta, sosteniendo una ver- nerme a las molestias y a los peligros. de una noche tan infernal; pero no lo hice. dadera batalla coh el viento, que a toda costa pretende arrebatarle el paraguas abier- Me pareció más lógico, mas natural y más to, escucha mi tocata con contenida emo- humano dejarle marchar con el duro en el bolsillo y con la indignación en los lación. Cuando concluyo me abraza sollozando y bios. Aquel hombre vivía del timo, es verdad pero ¿acaso el timo no es un prome dice al oído: ¡Gracias, amigo mío! ¡Muchas gra- ducto de la inteligencia tan loable y mericias! Merced a tu colaboración desintere- tísimo como lo es la obra científica, la picsada he inaugurado con gran brillantez la tórica o la literaria? Indudablemente, si. Calle del amor perdido. Lo recordaré siem- Cuando la Humanidad avance máslibe. raímente por el camino de las grandes ideas, pre; te guardaré gratitud perpetua. habrá patentes de timos conforme los hay- ¡B a h! No vale la pena, hombre. De todos modos, yo quisiera obsequiar- de inventos y de descubrimientos. Y ese día el timador no será un delincuente que te ahora con un lunch espléndido, con un lunch que fuese digno de ti pero ando tan se esconda o que se encarcele; ese día el timado será un caballero respetable, un mal de fondos, que ni siquiera he cenado. personaje cuyo retrato aparecerá en los peHazte cargo de mí situación y perdóname. riódicos rodeado de los más ditirámbicos YO me hice cargo de la situación, y traté e hiperbólicos elogios. de hacerme ei sueco también; sin embargo, había tal famélica sinceridad en sus palaAdemás, Timoteo me había entretenido bras, que, apiadado, saqué un duro del bolcontándome un cuento, representando una sillo y se lo entregué. comedia y- haciéndome vivir una película. -No era esto lo que te pedía- -murmuró, En su consecuencia, lo timado era el proguardándoselo- pero, en fin, te has adeducto de su esfuerzo, de su trabajo, de lantado... y bien está. No quiero entretesil labor, y representaba el sueldo, el jornerte más. Vete, restituyete a tu hogar; yo nal. ¿Tenía yo derecho a perseguirlo? ¡No! me quedo aquí, a solas con mi soledad. Eti cambio, él tenía derecho a protestar Le estreché la mano, le deseé una buena de mi tacañería. Un duro era poco, muy noche, y, empujado por el viento que sopoco para lo que él había sudado y deplaba a favor, emprendí la marcha. 1. a vioclamado. lencia de éste y la energía de mis zancadas Convencido de mi mal proceder, y depermitiéronme desandar la calle, doblar la seando subsanarlo, corrí calle adelante, llaesquina y guarecerme en el quicip de un mándole a gritos, rogándole que se detuportal para encender un pitillo. Momentos viera oara darle más duros; después, Timoteo cruzaba por delante de- ¡Timoteo... nTimoteo! mí sin verme. Iba agazapado bajo el paraPero él no estaba dentro. de mis intenguas y monologando con voz perfectamente ciones ni dentro de mi pensamiento, y, clara y sonora: sospechando cosa distinta, puso las piernas- ¡Tacaño! -rugía indignado- Despaa toda marcha v desapareció en la noche. charme con un duro, en estos tiempos y Lo sentí mucho, lo sentí de veras. Me después de haberte aguantado la lata de hubiera gustado alcanzarle para darle lo la ocarina. Si todos me gratificasen igual... suyo. ¡menguado negocio sería el mío! Comprendí que hablaba de mí, y comEMILIO MÉNDEZ D E L A TORRE prendí que explotaba un truca ideado para sablear a los conocidos. Tuve intenciones (Dibujos de Baldrich. r 1 (1
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