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J B 1 C. DOMINGO 14 DE ENERO DE LEA 1934 E D I C I Ó N USTED D E ANDALUCÍA. P A G 2 S. Lleva nuestra nación querida un peso enorme de tradición cristiana en sus entrañas, que forzosamente habrá de condicionar, Dioá quiera que por siglos, todas las manifestaciones de su vida social y política. E s fenómeno que notaba nuestro Balmes y del que nadie podrá desentenderse en el gobierno del Estado, español. Con una palabra se quiso borrar el hecho secular y grandioso: no se aniquilan con palabras los hechos, y no se han requerido más que meses para qué otros hechos dieran un mentí a las palabras. N a d a encontraréis en España que sea general, uno, capaz de formar un espíritu de nacionalidad sino l a religión... Sólo ella domina esta multiplicidad de elementos que difícilmente se avienen y que a veces hasta se rechazan dice el gran filósofo español. Casi un siglo hace que se escribieron estas palabras, y son de palpitante actualidad. P o r esto, porque el fenómeno religioso- ¡mejor, el hecho católico- -es en España tan universal y tan profundo, quien tenga en sus manos los resortes de la religión tendrá, mientras el hecho dure, influencia decisiva en la cosa, pública de nuestra Patria. Y éstos somos nosotros, queridos sacerdotes, que, no por medro personal o por reconquistar una influencia social universal que ya pasó, sino por amor patrio, porque haciendo religión se hace Patria, no debemos ceder un ápice de nuestros recursos espirituales n i de nuestro celo en utilizarlos. Plácenos, escribiendo en Toledo, recordar lo que en nuestra historia patria significan sus Concilios, hasta en el orden político, en cuyos cánones y leyes se vació el espíritu nacional, previamente formado por el cejo de nuestros sacerdotes, y qne fueron como el punto de apoyo de los resortes que durante L a coordinación jerárquica ¡LAICO Y NEGRO es ta mejor de las revistas siglos labraron nuestra grandeza. Dispútase si eran Concilios o Cortes generales, sigue Bálmes. ¿Qué importa el nombre si estamos de acuerdo en lo que él significa? S i eran Cortes cuando se ocupabgrí de los negocios civiles, estaban dirigidas por los obispos de tal suerte, que no se descubre, una sola centella de inteligencia que no salga del seno de l a Iglesia, n i un elemento de fuerza que no se apoye y radique en las doctrinas y ascendiente de l a Iglesia; no se ve que l a sociedad dé un solo paso no recibiendo la dirección y el impulso de la irwisma Iglesia. Estos humildes trabajadores de la viña del Señor, os dará la medida de vuestro valer social y de l a eficacia de vuestros m i nisterios. E l cura, ío decimos sin poetizar, es el ángel de Dios que pronuncia el mensaje del cielo, al. pie del altar, en el confesonario; desde el pulpito y en l a intimidad de los hogares; en las santas conversaciones en que siembra a voleo l a doctrina d i vina, y a la cabecera del enfermo... Vuestra intervención promulgando en los conflictos sociales las leyes eternas de la justicia y los principios cristianos de la caridad, tiene más eficacia que las leyes c i viles, porque vuestra acción es más profunda y es un factor imponderable del equilibrio social. j E n vuestra parroquia se aprenden las lecciones del bien trabajar y del bien s u f r i r e l respeto a l a propiedad y a la ley, la sumisión a l a autoridad, la inviolabilidad de los contratos y la santidad de la familia. P a r a que esa labor social pueda realí zarse en el pueblo es precisa l a coordina ción jerárquica, que brota de la unión orí gánica de la Iglesia diocesana. Esto debej considerarse en su constitución, que se exi pande en fuerza de su misma fecundidad, ü E l Cabildo Catedral, senado y conseja del obispo, que le ayuda en el régimen diocesano y que es como 3 a voz de la diócesis que canta por él las divinas alabanzas y ¡tributa a Dios culto solemne. t, E l Seminario, colegio de formación dé los futuros sacerdotes, adonde confluyen de toda la diócesis ios llamados por Dios a los sagrados ministerios, que luego refluyen a las parroquias paira ejercerlos en nombre del obispo que les impuso las manos. L o s Arciprestazgqs, institución de antí quísimo abolengo eclesiástico, mediante lai cual el prelado conoce mejor las necesidades de cada región, transmite su impulso hasta las últimas parroquias y multiplica su presencia, en todo el vasto territorio diocesano. Y esta serie de instituciones y obras, diocesanas y parroquiales, institutos religiosos! que colaboran con el obispo, organismos dé administración, de propaganda y celo, de piedad, de beneficencia, de Acción Católi ca, para todos los estados y condiciones que, al par. que son una prueba de l a vitalidad inagotable de la Iglesia, hacen refluir PII ella los frutos variadísimos de la vida cris tiana. Esta es, venerables hermanos, escrita 3 grandes rasgos, la constitución de una Iglesia diocesana. E s como l a Iglesia católica de la que forma parte, una unidad jerar quizaría de orden espiritual, cuyo fin nd puede ser otro que el de la misma Iglesia, ando no lome producto a base ele s u s t a n cias que puedan ser peligrosas. Recurra siempre a los que se usan sin peligro, hasta en Sos n i i o s de pecho. En los casos de ACIDECES y DOLORES de estómago es maravilloso I