Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DIARIO SIMO. ILUSTRA 10 CENTS. DIARIO DO. SIMO. ILUSTRA 10 CENTS. DO. A Ñ O TRIGÉNUMERO A Ñ O TRIGÉ- NUMERO F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A MARRU El ECOS precio de una p o l í t i c a B o s q u e j a d o quedó en el orden c i v i l y m i litar, en anteriores trabajos, el estado de las cabilas y tropas de nuestro Protectorado, p e r q n a d á dijimos Isobre el anormal funcionamiento de nuestras plazas de soberanía. Estas ciudades que crecieron y se. desarroLaróh al calor de las campañas, y que la guerra pródigamente alimentó, no pensaron en e! mañana, y las sorprendió la paz sin: una orientación para su porvenir, y al disminuir l a Corriente dinerada que del. país recibían para sostener las organizaciones coloniaks, atribuyeron injustamente al régimen militar a que estaban unidas l a s c u l p a s de su decadencia, y, rompiendo, las amarras: y. dependencia de. la A l t a Comisaría, pretendieron v i v i r su propia vida, sin ventaja alguna para la Administración, pero con grave peligro para la obra, general de la nación española. V Por otra parte, las autoridades no supieron apreciar: los peligros que tal medida encerraba, y con inconsciencia punible permitieron que, sin una enérgica protesta por su parte, se estableciese el peligroso y anárquico régimen que. hoy sufren. J a m á s nación alguna obró con tanta ligereza. Para, todos es conocido el- régimen especial que las naciones dan a sus poblaciones y plazas fronterizas, y nada digamos del que impera en las coloniales o separadas de la metrópoli; imaginénionos, por tanto, la importancia que tienen las dos de nuestro l i toral marroquí que, enclavadas en la zona m á s pobre de nuestro Protectorado, irradian influencia en dichos campos y viven íntimamente ligadas a la situación de sus vecinos; sin contar que para tropas y cuarteles no existe esa; frontera artificial que el egoísmo y las pequeñas ambiciones han formado. Las p l a z a s e s p a ñ o l a s son plazas de guerra, cómo tales se. conservaron en la histp, ría. v si es aceptable que, sé les abra un por- jveníf industrial o comercial y no se les coihiba en su! expansión, no lo es qúe, estando enclavadas en terreno peligroso de nuestro Protectorado, su régimen rebase los. límites que las necesidades de aquél le; imponen. N o puede admitirse que desde dichas plazas el sindicalismo y socialismo estén, socavando los principios de. autoridad; y aun extiendan. su labor contra. la disciplina de las tro; pas. N o puede tolerarse que, bajo lá máscara de las libertades, se editen y repartan libelos que atacan a. los jefes militares y siembran entre sus- inferiores fermentos de indisciplina. No. dele consentirse que la C. N T afilie y trabaje en las cabilas y tencubia con este sistema las. propagandas de la. insurrección, y ¿E s que no constituye sólida prueba el. empuje alcanzado éñ Melilla por la organización sindicalista, dónde figuran muchos jefes indígenas, afiliados, ni los manejos que el jefe de estos Sindicatos sostiene en su campo: exterior, que a las autoridades t a n- to preocupó, por los contrabandos de pistolas que se: afirma introducía? ¿E s que puede continuar que el alto c o misario tenga- qi? e mendigar en Madrid l a expulsión de elementos perturbadores de las r azas; que escapan a su jurisdicción, y gas 1 1 1 1 te su tiempo en calvar estas pequeñas y múlREIVINDICACIÓN tiples: dificultades? ¿P u e d e desconocerse l a importancia y reESPIRITUAL percusión ¡ue en el campo tiene el que se coloque una bomba frente a uña ComandanPalpitan en el aire ecos de amenazas, s i l cia general o que- se; llegue a tirotear por los sindicalistas, un, cuartel en u ñ a de aquéllas bidos, de alarma, y en ios espíritus no existe la tranquilidad. Es verdad qué algo Ka re plazas? i mediado el iGó; b, ierño con relación, a. los m i Las ciudades, de nuestra soberanía no pue- litares que curan! iaii condena entre i los ase; den substraerse a l a disciplina y política del sinos deuri, penal, y aigo se intenta hacer Protectorado y qué vengan constituyendo para encauzar ¡a vida social, é. conónKca y i reductos donde tcda rebeldía tiene cobijo. E n ética de E s p a ñ a pero la désorgánizációiala extensión de nuestro territorio; de supermoral y el cnceno cíe los libertarlos ha sido ficie aproximada a alguna de nuestras pro tal, que, exige tiempo, nuicho tiéuipo y m u vincias españolas, rio p edé jjriesciipdirse de: cho tacto en las fuerzas parlamentarias patales plazas, que si la existencia do éstas- ra que no naufragué la. escuadra, l a armada justificó en su día l a asignación de un hin- dé nuestros ideales y de nuestra; fe- -que. los U- riand, que forma, nuestra zona de Protecelementos np destruirán cerno a la del Rey torado, rada aconseja l a disparatada sepa- Felipe- pero que los subuiqri ¡tps facciosos intentan echarlos a, pique; Tenernos esperan- ración que el interés político ha creado. zas -quienes confiamos cu el futuro: destino Vemos por lo expuesto, una vez más, corno todo conspira para destruir, nuestra i de la gran España inpivisíbl; e -qué los- poli- gran obra; recientes están los tristes- suce- ticos, sorteando. graves perturbaciones, alean- sos de Cabo juby, que, aunque de una re- z a r á n un ritmo, sereno, el de 1 a evolución percusión pequeña por su apartamiento del; sin- las m á x i m a s revoluciones: tiué: descenmundo por el Océano, y las arenas del de- t r a n a los pueblos actualmente, jen este comienzo de la, desaparición dé- juna época; ¡sierto, es síntoma claró, de los fermentos de comienzo, caótico horrible, del q u é ha de indisciplina y de la ligereza reinante en la surgir la era de contenido inmenso e i n elección de mandos y personas; hace poco, fué parte dé una Unidad nichavista l a que adivinable. desertó con sus camellos; hoy, fueron los Laboremos acallañdo ja queja del. cofa- -indígenas d é una inchaHa ios que asesinaron zón, poniendo nuestra, bur. ia voluntad en a sü capitán; otro día, fué un soldado lepacificar las almas: ¡Ah, si puüiéfamos llegionario el que, influido; por las propagan- gar, a las masas electri; ¿ádas por la falsía clas disolventes, dio muerte a su sargento; ¿cetaria y aplacar sus dcüos c o t i l a dulzura poco tíerncó más tardé, fué, el. propio jefe de la cristiana fraternidad y n: s el abrid e j a Legión el que moría a manos de uno go y el pan del trabajo, del trabajo a! cual de sus inferiores: tienen derecho todos los hombres! E n es ¿E s que no; son estas pruebas, fehacientes ¡tos momentos de expectación esperanzada y de inquietúdji no debemos pnyáf áz- n i ñ- de un estado de descomposición que es neguna reivindicación social a quienes én juscesario y urgente corregir? Pero aún no? queda otro factor interesan- ticia la piden ni de ningún auxilio espiritual a las desventuras humanas. Éh- nomte, el- de las Sociedades secretas, tan en auge en estos tiempos. V bre de muchas de ellas levanto mi humil ¿P u e d e ignorarse; la gravedad que encie- de; v o z spit. las m á s obscuras, las mar, i g r r á el que numerosos, iefcs, oficiales y aun noradas en la gélida soledad de un asilo de clases aparezcan afiliados a estas sectas? incurables; en el cual se ha privado a los ¿P u e d e n l o s Poderes públicos tolerar los ancianos d é la capilla, de la misa y hasta procedimientos de estas Sociedades, en. qué de las imágenes; a la cabecera de, las; camas. la prevaricación tiene su trono, y en las Lnposible parece tal furor de! laicismo en que, subvertiéndósé los grados militares, apa- esos siitips. Ki i r- recen los inferiores con mayores preémi- j Las existencias desamparadas pisáii él úl, nencias y categoría, mandando y dirigiendo j timo peldaño i, del vivir y vari: a traspasar a los en e: Ejército sus superiores j e r á r- j; el limite supremo en brazos- de la muerte. quicos? Allí, se... cierra la senda ¡que, pisaron sobre ésrjiriasl sus: pies. Allí se abren para los i n Enfermedad es ésta tan grave e importan- crédulos, el: insondable fondo de la riada y. te, tic incluso escapa a la, perspicacia de la azul. bienaventuranza para los creyentes. muchos; de sus afiliados, qué, como en M e- i Los cu; erpos exánimes, las maños anqúilolilla, eri pasados tiempos, pueden verse des- i sadás, ése dolor de la vejez irreparable no agradablemente sorprendidos al ser, juguete teman ya m á s luz en sus tinieblas n i más, de inicuas maniobras contra; su propia P á- estrella en el cerrado horizonte qué l a m i tria. N o quedan tan lejos los días en que I r a d a d e la Virgen, que en, la aíbura de la Adb- cfc- Kriiri utilizaba lá; masonería d é M e- Capillita prometía! a perenne- alegría... E s lilla para su espionaje, ni aquellos én que innato en el ser, el íforfór ai vacío, a l aní, un auditor masón brindaba su benevolencia quÜamiento. final; amamos la vida, la pera b s c ¡ue se afiliaban a las logias. petuidad de a vida en el infinito cié ÍDíos, E- da es. a grandes rasgos, la realidad que y; las ¡nanos crispadas de las viejecitas a l encierran la aparente calma, do nuestras; plazábanse a! crucifijo, y sus ojos sin luz mizas africanas y l a fingida; tranquilidad de raban aj la altura demandando ai Señor, tras las villas m a r r o q u í e s esto es a go de lo mu- o! dulce tránsito. la inmortalidaci en el. cielo. cho qué; descubrí en reciente viajé a aqueSe ha privado a los- afieiaños incurablesi. de. llas tierras y que no es patriótico ocultar. su póstf er consuelo, se les i- ha; arrancado de Este es. el precio de nuestra; política en las las salas tristes el altar, el Cristo, ál que plazas de soberanía. Esto es lo que te cues- re: ai) an su última plegaria a! morir... ta, J- uari Español, t ú j dos diputados afrib iios sufren, lloran y crdb. n... Y o con canos. el atfevjirriiento qué; da la convicción de una demanda justa, de i una reivindicación éspi! 1 1 1 r