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Iba nunca al teatro; no pisaba un cine. M i vida era ciertamente poco envidiable. Los libros me ios proporcionaba algún compañero de estudios o los compraba de lance, pero ¡las dichosas matrículas y las d i chosas p r á c t i c a s! ¡qué fatigas me hacían pasar í A I estudiar el segundo curso de la carrera de Derecho tuve la fortuna de lograr una beca. Cambió la decoración. Dejé la casadonde servía y me instalé: en una pensión modesta. Cobraba ya cincuenta duros mensuales y esto me permitía v i v i r como un estudiante. Comenzaba a ser un hecho el plan que trazara al venir a Madrid unos años antes. Y a disponía de tiempo para asistir a clase. No tenía por qué ocultar mís libros ni por qué negar que éstos constituían mi afición favorita. Se habían acabado las bromas mortificantes y las ironías de los que aparentaban admirarse de mi tenacidad y m i ambiciónC Y las prisas y los p retextos para salir a la calle, pues, sobre todo, en los días dé exámenes necesitaba ir a la Universidad, fuera como fuese. A este respecto recuerdo, que en cierta ocasión alegué que faltaba hielo en la c á m a r a frigorífica y hube de acudir a una fábrica para adquirir una barra. A l regresar a m i casa, me dijo un compañero de- estudios que habían empezado los exámenes de Derecho, canónico y no se me ocurrió otr- a cosa que dejar la barra en el portal y meterme en el aula, donde, en efecto me examiné al poco rato... ¡claro es que cuando salí a la calle la barra de hielo había desaparecido... Y a era, en fin, estudiante, y nada irías que estudiante. ¡M e parecía estar s o ñ a n d o! He aqm, la. foto auténtica del chalet -villa Le Vtewe Logis- en Chamonix, dónde Después... perdí la beca, pero me auxilia- se suicido Stavtsky. A la derecha, en el mismo sitio en que se halla- el- gendarme, sé ron en la Universidad. abre la puerta de eútrada a la habitación escenario del drama. (Poto Vidal. ¡O h aquel ilustre maestro Ü r e ñ a! ¡E l bondadoso D Felipe Clemente de D i e g o! i E l siempre tolerante D T o m á s M o h t e j o! ¡C ó m o olvidar sus nombres! Acabé mi carrera, pero como carecía de medios económicos; y ya no era posible volver al trabajo en las mismas condiciones que años atrás, l e g r é que el S r Callejo, ministro a la s a z ó n con P r i m o d e Rivera, ms proporcionase u ñ a colocación en el ministerio de Instrucción pública. Y a partir de aquí todo fué bien... M e incorporé eri el Colegio dé Abogados, acepté asuntos, trabaj é con entusiasmo, porque la profesión me encanta, y aunque mi destino oficial reclame mi actividad unas horas todas las mañanas, dedico las restantes al despacho... H e logrado lo que me propuse, y no le oculto que siento una gran satisfacción, porque cuando recuerdo que hace ahora diez, años no sabía leer ni escribir... E n efecto; pensamos: no se puede hacer en menos tiempo más de lo que este hombre singular, gran administrador de su energía, ha conseguido realizar, siguiendo, sin saberlo, el ejemplo de los griegos, para quienes lo esencial en el trabajo era ir derecho, seguir su camino sin dispersar nunca la atención. ¡Y en constante lucha con la falta de medios económicos! Verdad es que, según Payot, los grandes descubrimientos de la ciencia no se han hecho en los laboratorios más ricos y mejor instalados de A m é r i c a del Norte, sino en los m á s pobres de Alemania, Por lo. demás, está muy generalizada la creencia de que el que comienza a trabajar con muchos auxilios no intensifica su esfuerzo ni logra resultados eficaces. D e aquí, sin duda, que Carnegie dijera en uno de sus libros, repitiendo palabras del presidente Garfield, que la herencia más rica que un joven puede encontrar al nacer es la pobreza Alvarez Suárez, po. brísimo, solo y desamparado, comenzó, pues, a luchar por la vida en clase, de rico heredero. Y es indudable que su herencia, esa Herencia de pobreza, repudiada por todos, le La señora de Stavtsky, sostenida después de bajar del coche por mi inspector de Poha llevado ai triunfo. licía, llega a Chamontr para ver el cuerpo, ya inanimado, de su esposo. En el hospital MANUEL T E R C E R O ante él cadáver, la viuda del estafador sufrió una violenta crisis nerviosa. (Foto Ortis- Keystone. 1 i El chalet donde se suicidó Stavisky.