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lies l a vida está. siempre de paso. E l desierto fes estrecho a su ambición; les estoribá saber que hay otros además de ellos que aspiran al dominio de la arena, al dominio de. lo que nada vale, y desde lo largo de los siglos se van eliminando, antes con lanzas, luego con espingardas de d i fícil manejo, hoy con máuseres, que los cuervos del Zoco Chico tangerino saben dónde se compran y se venden. A s i el toareg asegura: ¡N o hay una sola caravana beréber que pueda ir del Draa hasta T ú n e z! Y el berebere replica: -E n todo ei Sahara no he visto un solo berebere con canas. ¡Dos magníficos programas de paz... 1 L a conversación pasa por el puente de mi guía, del moro de Casablanca, al que casi me atreveré a llamar m i moro de Berlín Conoces el recodo del D r a a? -Sí. ¿De dónde adonde sabes que va su curso -De donde empieza adonde se oculta. De- donde surge de nuevo adonde va a morir. ¿Q u é europeos existen en el territorio del recodo del Draa, en la zona disidente? -L o s que... t ú sabes, seguramente, i- ¿Y prisioneros? -N o pueden ser prisioneros los que son jefes. T ú has viajado m á s que vo... Sabes mejor los recodos del río de la vida, los desiertos y los oasis de quienes mandan en ti y en mí. Seguro que sabes mejor que yo quiénes son los europeos de detrás del río. Sin vacilar un momento respondo: -N o sé quiénes están ahora v quiénes se. han icio hacia el Oriente. Explícame quiénes hay, de todos modos. -L o s mismos de antes. Los mismos hombres rubios que tiñen sus cabellos de negro y visten de árabes. A h o r a sólo son dos. -Se habla, sin embargo, de un n ú m e r o grande de cautivos esoañoles procedentes del R i f -U n número grande no puede haber de nadie. E n todo el recodo del Draa apenas si se mantiene la disidencia con trescientos fusiles. ¿T i e n e n relación los de aquí con otras cabilas en disidencia? -N o me muevo de por aquí ahora. N o sé... E n la disidencia hay nómadas que se aprovisionan con mucha dificultad, y que por no tropezarse con los sometidos, que son muchos más, llevan una vida difícil, porque tienen que evitar, en lo que cabe, seguir el camino de los pozos. E l agua misma es para ellos un enorme problema. Utilizando siempre la intervención de mi espolique insisto, porque, dada la enorme importancia de este punto a dilucidar, toda insistencia me parece débil: -Pero, sino cautivos, ¿hay m á s europeos que esos dos en la zona occidental? ¿Los ha habido y se los han llevado? E l hombre medita ahora su respuesta, asiente al fin con la cabeza y el intermediario traduce: -S í hay. ¿Muchos? -Uno. -i Español? -Español p francés. N o lo sé. Habla árabe. Hace tiempo que no le veo. N o estoy seguro, pero me parece un fugado de la Legión. Sé ha hecho musulmán y se llama Mojad. ¿L e j o s de aquí? -M u y lejos. E n el lugar que domina la saouia de Tanebrat. Se ha casado con una mora y tiene un hijo. M e pareció que estaba muy considerado en ei aduar y que era amigo del cheij de ia saouia. U n silencio para recuperar tuerzas. ¿N o hay nadie m á s? Estás segurq -Nadie más. Estoy completamente, egwi ro. Como no sea... Y a sabes lo que se. Jhar dicho de Ben- Kassem... Se ha dicho que eí caudillo de la rebelión es un europeo. Y o no lo he hablado j a m á s -Y entre los mismos disidentes, np. puede haber cautivos españoles? -Todo puede ser... Pero si lo hay Jiaií. d e estar muy identificados con los déniá guerrilleros. S i no yo sabría algo. No flri. nómadas estos que luchan por esta p 4 ¿fc H a y pastores, hombres que tienen mújéres r asnos y camellos... Gentes que labran la tt, e- j rra... Esos europeos a que te refierej. tehr drían que vivir por alguna parte. Y o t digo que por ésta no están. ¿F u i s t e ya, ai Sahara? ¿Pasaste los siete oasis de Taffíalet? Pero tampoco creo... E l que es cájíaíz de perderse tanto tiempo se encuentra en donde se ha perdido consigo mismo. Mírsj, las mujeres: van de uno a otro y cúañfió; vuelve el primero no le conocen ya... Estas últimas palabras, aue ha tsf datfcf en interpretar- el moro de Casablanca r S ón sus últimas palabras en la noche da fés ruinas próximas a Agadir. Tiene el á r a be cierta propensión poética a decir sentencias. Y este hombre no se quiso despedir de mí sin dejarme el regalo de algo que no fuera esta jadeante pregunta y responder, sobre lo que sigue sin tener respuesta. r ir Ruinas en la noche clara, después de la campiña salvaje del camino de A g a d i r Otro camino para mí cerrado con el negr. o muro negativo. Quisiera en el final de ésta. ruta decir a quien me lea que me v a í g í r siempre de informaciones directas y a b s j lulamente personales, que su buen criterio ha de añadir a todo lo hablado y escrito: sobre este asunto difícil, compulsándolo cóiflo que otros dijeron. Y o apenas si me te- fiero a nada de lo ya conocido y para rió hacer interminable la lectura, hablo un poeó