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pobre D Cecilio Rodríguez los m á s violentos apostrofes porque talaba unos arbolitos desmedrados y entecos y podaba otros á r b e les enfermos necesitados de esa intervención de la cirugja jardinera. ¿N o les habrá, quedado, después de aquello, a mis queridos compañeros un peco de amor al árbol y un poco de energía para p r o t e s t a r c o n t r a el crimen de estas talas anárquicas que const i t u y e n una grave amenaza: la de dar a l traste con l a riqueza y l a hermosura forestal de l a Casa de Campo? Y o les invito a que contemplen el dramático cuadro de esos pobres árboles asesinados por l a furia destructora de unos leñadores inexpertos, que seguramente se lanzan a e s t o s excesos impulsados por l a necesidad, pero para c u ya necesidad deben las autoridades hallar remedio diferente de esa absurda tolerancia t á r cita para la b á r b a r a desvastación. Y les i n vito también a que refuercen m i modestia con su prestigio y avalen m i petición de amparo para este j a r d í n orgullo de Madrid, que e s t á sufriendo trato Otro aspecto de la Casa de Campo, por la que se diría aue acaban de pasar las hordas de vándalos que muy distinto del que mandaba Gunderico. se le debe. 1 ejemplares de las choperas y ele las alamedas. S i a pesar de los. carteles prohibitivos, el público ensucia los paseos y los macizos depositando allí con censurable contumacia el papel que envolvió l a típica tortilla de es- ñadores, a los que los cartelitos no hacen ninguna referencia, y con l a seguridad de que el escaso número de guardas que hay actualmente no permite realizar una escrupulosa vigilancia? E l espectáculo es verdaderamente ate- rrador. Y o lo presenciaba consternado y cabechs, la botella que contuvo el, tinto arrecordaba aquellas feroces campañas de l a gandeño o el envase vació de las sardinas en aceite, ¿qué no hará el ímpetu de los le- Prensa de Madridj qué lanzaba contra el Evocación 1 histórica Allá por el siglo i v dice l a Historia que, unidos a los godos y gépidos, a los suevos y alanos, los vándalos, mandados por el Rey Gunderico, pasaron de l a Galia a E s p a ñ a y la asolaron. A i salir ayer de la Casa de Campo tuve que ahogar mi deseo de preguntarle al guarda mayor: ¿H a visto usted a Gunderico por a q u í Porque, en realidad, cualquiera diría que por el bello parque madrileño acababan de pasar, arrasándolo- las hordas de Sihngos que capitaneaba el vándalo Fndilbaklo... JÓSE SIMÓN VALDIVIELSO (Fotos fiel autor. Bl cartel que han fijado en este arbolito recomienda que no- se tiren botellas, latas, papeles sucios... Ved aquí cómo se respeta la recomendación anterior.
 // Cambio Nodo4-Sevilla