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N U M E R O EXTRAOR DIN ARIO 20 C E N T S AÑO MO. TR 1 GES 1 ÍL OIA M EL ABC M A ESTRO NUMEROEXTRAORDlNARIO 20 C E N T S AÑO MO. T R I C E S 1 SERRANO las aficiones del maestro; desdeñó á los llobárros y mandó abrir ¡frente al mar, una gran fosa de Un metro sesenta centímetros de profundidad enterró en ellas sus antiguas ideas, bajo doscientos ochenta camiones de tierra y abono, plantó árboles frutales y hortalizas, y el hombre que produce música espontánea, sin maquil ajes de laboratorios; el hombre de mar empezó a reconciliarse con la madre tierra... y quién sabe si con el fox- tr ot. i Qué hace usted inmediatamente de levantarse? -Desayunarme. ¿Y después? -Salgo dé casa para dedicarme a las faenas del ihuerto y de la huerta. E n el primero, cuido los frutales, y en la segunda, cultivo hortalizas y verduras. Corto las hojas secas, podo los árboles, vigilo los tomates. i. -Y bajo la lluvia de oro del sol de Levante se le ocurrirían, sin duda, esas melodías... I- -Abono las zanagorias, riego los pepinos... ¡No tiene usted; idea de lo que da que hacer una huerta! BAJO LA LLUVIA DE ORO BEL SOL DE LEVANTE, EL MAESTRO SERRANO CULTIVA SU HUERTO E s el Perelló el que hace al maestro Serrano o es el maestro Serrano el que hace al Perelló? Wilde, en uno de sus momentos de sublime insinceridad, hubiera hecho esta pregunta de haber conocido al gran músico de La reina mora y La canción del olvido, al ciudadano más inspirado ¡e España y al más español de los ciudadanos inspirados. ¡H a vencido el maestro Serrano! A l popular músico y al informador les reunió úná vez Una aspiración común: realizar esté trabajo periodístico. A l guardar el escritor sus notas, después de la entrevista, recordó que el maestro llevaba más dé veinte años sin terminar la partitura de La venta de los gatos. L a indolencia del periodista vislumbró con regocijo un ejemplo a seguir, y sus notas tuvieron un momento de analogía con las del glorioso compositor, al quedar condenadas al anónimo provisional. Se entabló la apuesta muda. ¿Quién tardaría más en dar fin a su labor? Pasaron seis meses... ocho... diez... ¡doce! U n cartel de este concurso de resistencia hubiera rezado: Ellos han holgado catorce meses y, por fin, ante la desconcertante imoasibilidad del rival, el informador, aplanado bajo el pesó de su derrota, se dispuso a instrumentar sus olvidados apuntes. ¡Era imposible aguantar más! ¡Ha vencido él! E l Perelló. Al- fondo, un cielo rabiosamente azul, que ostenta la tiesura soez de la ropa nueva. Paisaje de primera medalla en salón de otoño. Mucha luz en la batería; campanadas lejanas; pasa un pescador; preludio en la orquesta... Las nueve caen desmayadas desde el reloj de una torre y se estrellan contra el suelo. E l maestro Serrano abre los. ojos y separa de la almohada su cabellera... Por las mañanas la cabellera del maestro Serrano es la instantánea de una ola. Más tarde, es el símbolo de la rebelión, sometido mal de su agrado. Los cabellos del maestro, apuntando hacia arriba, son las flechas indicadoras, del camino de su inspiración. Terminado el aseo, el maestro se coloca las gafas. Las gafas del maestro Serrano son los escaparates donde se exhibe su alma. Cuando el interlocutor las mira, como a un estereoscopio, ve, a través de ellas, la inteligencia en relieve de este músico insigne. E l maestro Serrano era un pescador impenitente. Cielitos de generaciones de llobarros de la Albufera han ascendido hasta su barca en fila india, más como homenaje al artista que cómo sumisión al pescador. Hace cuatro años cambiaron de improviso PEPE LUIS Y PACO ACOMPAÑAN A SU ILUSTRE ABUELO TODAS LAS MAÑANAS Á
 // Cambio Nodo4-Sevilla