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Cuando el maestro Serrano termina sus labores en la huerta, se dirige al. salinero, donde, igual que eri Madrid, le rodean los gansos, los patos, las gallinas, los pavos reales y los polluelos. Tiene hasta trescientas aves, a las que cuida diariamente. A continuación, entra en el corral, dpncle las tres vacas que ha adquirido para la producción de abono le saludan, con mugidos de contrabajo. El maestro tiene dos nietos- -Pepe Luis y Paco- dos bebés, herederos directos de las simpatías de sus madres, Isaura y M a tilde, que, conscientes de su misión de ciudadanos de una República de trabajadores, le acompañan algunas mañanas a la orilla del mar, donde se dedican afanosos a hacer hoyitos con la pala. Otras veces- -también conscientes de la misma misión- se dedican a destruir ios claveles que plantó su ilustre abuelo. Después de almorzar éste- -dos de la tarde- -juegan con él en el comedor hasta las cuatro, y a esta hora el maestro vuelve otra vez al huerto, donde permanece hasta la hora de cenar. -Y allí, bajo el poético desmayo de un día que muere, y ante el crepúsculo vespertino, que es la dimisión diaria de un sol inepto, florecerá su inspiración divina, y la frase musical surgirá espontánea... -Recorro el huerto y la huerta, siemcon las tijeras de podar en la mano, y vrendo siempre el mar desde todos los sitios. Muchas veces se me pasan quince o veinte días sin salir del recinto en que- se encierran mi casa y la huerta. ¡No puede usted figurarse lo que entretienen una casa, tfn huerto y dos nietos! 1 L a hace siempre; a todas las horas: cuando se levanta; cuando poda los árboles; cuando vigila los tomates; cuando juega con sus nietos... la hace siempre, sencillamente porque no la hace; el maestro Serrano es la música misma, y por eso, cuando de vuelta de sus divagaciones, se recoge en su espíritu, le basta para producir darse de cara con su condición, esa condición que, a diferencia de los árboles del huerto, florece espontánea, v jamás ha mostrado a la Naturaleza el fracaso de unas hojas secas. ¿Qué obra escribe usted en la actualidad? -Escribo dos: un S a í n e t e en un acto, titulado Golondrina, libro de Fernández de Sevilla y una. zarzuela, también en un acto, con vistas a la película, titulada La última bruja, de cuyo libro es autor Maximiliano Thous. ¿Persiste en su idea de no hacer más que obras en un acto? Claro! Y a he dicho mil veces que no estoy de acuerdo con esos paréntesis entre dos actos, en los que el público- -al que ha costado tanto esfuerzo hacer entrar en si- tuación- -se enfría y aleja su pensamiento de la obra que se representa. -Ademas, será más fácil hacer un acto solamente. -A l contrario. L a labor de condensar en una hora lo que pudo durar tres es dificilísima. Por qué su producción es menor que- la de casi todos los músicos? -Debe de ser porque yo no escribo nunca sin tener ganas. Los esfuerzos en arte me parecen ridículos. No obstante eso, no hay quien me gane a hacerlo de prisa. Y o he estrenado en tres años Los de Aragón, Las hilanderas, Los claveles y La Doloroso, y nunca me han producido mis obras más que en estos tres años de crisis teatral. Si cada músico hubiera escrito lo que yo, no existiría, a buen seguro, esa llamada crisis del teatro lírico. L a facilidad en el arte es inconsciencia. E l maestro Serrano encuentra al escribir la dificultad de expresión de todos los seres inteligentes, por eso su producción es menos copiosa que la de esos músicos en los que el arte no avanza un paso, porque son como los camareros de café, que andan, a grandes velocidades, cientos de kilómetros sin salir nunca del mismo recinto. ¿P o r qué los músicos españoles en general huyen ustedes del personaje vestido de smoking para hacer cantar a los labriegos? -Perqué el labriego del pantalón de pana tiene más lirismo. Vibra más el alma popular dentro de una faja que detrás de un chaleco escotado. -Pero ¿y la universalidad de la producción? -S i la producción refleja sentimientos humanos, es siempre universal, aunque, la acción de la obra se desarrolle en el más humilde burgo podrido. Después de la intoxicación lírica de pronóstico reservado que ha ocasionado ai mundo el vals Ramona, puede afirmarse que la música del maestro Serrano carece de esa dosis exacta de estupidez para gustar al gran público. No salen de su mente esas mermeladas musicales que corren el orbe en carrera triunfal por el solo hecho de sermás idiotas que una promesa de amor eterno. Y, sin embargo, la música del maestro, tan española, es universal. Está hecha para poblaciones de más de cincuenta mil habitantes, El que esto va zurciendo presenció una. vez; en un restaurante popular de París, cómo el sexteto rompía a tocar el famoso coro de Moros y cristianos. En el primer momento a los españoles más cursis que se hallaban en el local aquella música les hizo el efecto de haberse presentado en bata y en zapatillas en un baile de gala. Los menos cursis evocaron la patria lejana, y los que sabían observar vieron a aquellas francesas, que tenían ios ojos azules como la llama de. un pudding al ruin, seguir extasiadas el ritmo con los cubiertos en ¡a mano, mientras ellos, por exceso de pies, se limitaban a llevar el compás con el abaniqueo de sus mostachos. Como siempre, venció Serrano. E l silencio se corrió como un toldo sobre aquel bosque de. cabelleras rubias y menas de diez francos, y por primera vez en la historia de Francia se dio el caso de que un camarero dejara pasar, inadvertido, un pour voir. De noche, vuelvo a casa y ceno con la fantíHa. Después se van todos a dormir y me quedo solo en el comedor. ¿Y entonces... -Entonces hago música Siempre trabajo de noche. ¿Dónde- trabaja mejor, en el Perelló o en Madrid? -E n cualquier parte, con tal de estar- solo y de que sea dé noche. Nunca he hecho música. de día. El maestro Serrano cree de buena fe que hace música por la noche. Profundo error. De una y media a dos de la madrugada se acuesta el maestro Serrano. Se acuesta engañado, como siempre, creyendo que ha hurtado un día más a su profesión de músico, cuando, en realidad, lo que ha hecho ha sido trabajar en ella intensamente; pero trabajar haciendo una labor de selección, que le impide avanzar en cantidad a la velocidad dé sus contemp o r á n e o s Pero se acuesta tranquilo. H a cuidado su huerto, ha creado una melodía y ha conservado su puesto el del ciudadano más inspirado de España y el más español de los ciudadanos inspirados. T I E N E AHORA M A S DE TRESCIENTAS A V E S A LAS Q U E CUIDA DIARIAMENTE. (FOTOS LÓPEZ EGEA) LEANDRO BLANCO
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