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P o r l a s r u l a s p o s i b l e s le l o s p o s i b l e s p r i s i o n e r o s Los otros caulivos de Mequin la realidad de una chilaba. vee, miel sobre hieles, azúcar de l a sal, agua en la herida, amor en l a blasfemia, fortaleza en la desgana, igual que hoy mrs. mo pasean a educandos pobres a lo largo de M e q u í n e z O, M e k las murallas que ya nada defienden y que nes, si preferís l a ciutienen para el viajero el gesto pueril y digdad con este nombre. no de esas mujeres que en el otoño de sus Mequínez, sede de vidas marchitas defienden su. corazón conotros cautivos, cuando tra un supuesto ataque de ilusiones... el- Emperador M u l a y Mequínez será, para el moro- -aunque se Isriíail s o ñ ó para el mantenga en pie firme como l a Puerta ds mundo marrueco la rela Victoria, cartel puesto al turismo- -ruina conquista de España, magnífica de todo lo que pudo ser, pero, Mequínez: murallas para mí, llegado en la m a ñ a n a azul con; un Fabulosas, zocos a n i cisne de cuartillas en l a mano, es precisamadísimos, ruina de un mente el símbolo de lo que vengo buscanalto sueño imperial. do, por sus pasos contados, los oídos ce Hasta que a M u l a y rrados a la tentación de. lo sensacional, -el Isniail, no el poderío corazón ligero y los ojos abiertos, a esos de las naciones occiojos que en E s p a ñ a se clavan como garfios dentales, sino el funde afán sobre mis líneas, que, desgraciadadador de la cofradía de mente, no pueden llevar l a buena nueva los aissaonas, le dehasta la humana impaciencia esmerilada por r r u m b ó las torres de el llanto. sus sueños, Mequínez Mequínez, para m i es la estampa barbara vivió días ele fiebre. y antigua iluminada por la voz del cautiI. a fiebre del salto del vo, que aún parece cantar desde las mazEstrecho a la busca de morras horribles a los cielos intactos que la Giralda. nunca volvería a mirar. C a n t e r o s alarifes, carpinteros, toda la arA lo largo de los lienzos de la muralla, en tesanía marroquí, trael zoco bordado de ruidos, al que pone un. oaja en l a construcfondo desproporcionado y magnifico B a d- E l c i ó n de monumentos M a n s u r en las calles, sinuosas, como la searquitectónicos que haducción del amor; en- los patios de los palabían de formar la cacios, donde a ú n el chorro de una fuente nos LOÍ negros senegaleses hacen figuras en los caminos en pital digna del Impela da en el o í d o en todas partes, l a evocación visión sorprendente del paisaje nevado. r i o P e r o mezclada de los cautivos, que, después de haber hecho con la mano del á r a esta ciudad en la tierra de los ptros, muriebe, andaba l a mano ron confortados por la presencia de l a cruz francesa, la mano portuguesa y la mano esen el mundo de la media luna. De Sur a Norte, toda la costa de M a pañola. Las manos tristes de os cautivos truecas, desde Agadir hasta llegar a Rabat. Y los cautivos de antes, ¡cómo se conrenegridas por el padecimiento. l ei o sin tiempo apenas para saludar a las funden en el pensamiento con los supuestos L a estampa, doliente y hermosa al tiempo, cautivos de ahora! Porque, en caso de que zancudas que proyectan el vuelo sobre Ja éstos existan, puesto que nadie ha pedido Medina- con sus bases en- la Kasbah de los. tiene hoy una sugestión irrechazable. P a dres franciscanos, cautivos voluntarios, sin rescate por ellos, es fácil imaginar que sus ¡Oudaias. que puño musulmán alguno les apresara, paoficios son hoy, en obras menos suntuosas, De Sur a Norte, deteniéndose el autodres franciscanos, como tallados en madera, los mismos que fueron ayer: edificar para móvil diez minutos en M a z a g á n Recuerdo de sayales gloriosos, fueron a v i v i r en las ese cuarto menguante de la media luna isde una visita reciente a l presunto miniscapillas instaladas en las mazmorras para lámica que, en acoso de nubes coloniales, se tro de una presunta República rifeña en los bate a ú n entre los torreones. de arena del que a los prisioneros rio les faltara el au días malos y duros, en que a ú n el gesto gadesierto. xilio de la fe en los trances m á s duros. Los llardo del desembarco de Alhucemas no- había herida de muerte a la rebeldía, que, desangrándose de picacho en picacho, fué a morir en las lomas sagradas de Beni- Aros, con su último cabecilla, E l Jeriro, caído en el final de su crepúsculo dorado por los soles de la disidencia. Desde Rabat abandono l a costa, y por las tierras fértiles de Tiflet llego a M e quínez. Las sirenas, moras, que juegan al juego difícil de las confidencias; las- sirenas i n dígenas, siempre propicias a sonar por un poco de dinero, a desvelar un secreto en los oídos latinos cambiando el oro de su fantasía por la plata occidental, me señalaron mil puntos para obtener información de primera mano en este asunto, que me hace rodar, con los párpados pesados de sueño, pero más despierto que nunca, por el EI- Aksa. Y o he elegido en la baraja, iluminada a mano caprichosamente, la caria de Mid. elt, con un ¡A l e r t a corazón! que es l a disciplina impuesta pa- a lograr un poco de orden en esta gran mentira, con hilachas de verdad, azogue de fantasmas, desentierramuertos- desaprensivo de! romanee de guerra español. 3 or: e hay que i r a los sitios, y, si no a tod ¡w. a sus puertas, que no he podido yo. en paz con mi conciencia, aventurar una oír. hinAtcws desame de un vaso de café Bab- El- Matisour, en Mequínez, donde trabajaron los cautivos españoles, portugueses y en primer puerto africano de la costa, franceses para el sueño imperial de Mulay Ismail, allí donde un cielo andaluz apenas si resalta n uüirciuiium r ¡Li lüii- riK i m vinmiiriurjiíHnni
 // Cambio Nodo4-Sevilla