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sTiLOGRAiHAs V a i n o i ii C o ii n e r lu Quand j a i bien faim et que Je m nse, menticio se ilumina y, mientras el transeún ¿te lee en el A B C al cronista que me haya- E t que j a i bien de quoi choisir, Je ressens autant de plaisir substituido, asimila el número de voltios que Qu a gratter ce qui me démange. 1 c -ponen ahito. L a lámpara se apaga y el transeúnte discurre feliz por la calle. H a E l símil de Scarron presenta el sentida almorzado. del gusto en su verdadera categoría: cómo subalterno, sensorial, lo mismo que rascarH a almorzado, como almuerza ahora un se. Son satisfacciones que el hombre- espíautomóvil en la estación provisora de gaso tu permite al hombre- bestia en el que está lina. E s máquina también. L a estampa pareencerrado. N o desdeñemos, sin embargo, ce el reverso de aquellas otras estampas de esa parte de Calibán. Comer lo hemos conun Jan Stcen, en las que el bárbaro centro vertido en arte, y tratadistas agudos se ocudel cuadro, es el placer físico de ingurgitar paron de pulir una percepción selecta. C o y a ú n regurgitar. Hombres ebrios de grasa mer es lo que la (Humanidad hace en común se aprietan el vientre, estallante por la masa y transforma en ceremonia social, lo cual engullida. L a congestión de la gula arrebola no ocurre con los restantes placeres Corpólos rostros con insolación de vino. E n las reos. Comer no es sólo masticar, deglutir, mesas están los restos, y los ojos a ú n se cosino conversar. E l día que se inventó el temen lo que ya no cabe en la boca. L a cocina, nedor, el hombre hizo de l a necesidad aral fondo, revienta de piezas de caza, averió, tificio, y, por lo tanto, elemento estético. pemiles, cadenetas de salchichas. Los asadoUna cena, presidida por la Divinidad, eleres girando son la réplica a la rueca de las va a categoría sacramental el pan y el vino. pai cas. U n a inmensa satisfacción, l a de los Es también la consagración cíe l a pequeña sabores sabiamente graduados y l a abundansociedad, de la hermandad que se forma a l cia, es la atmósfera del lienzo. Satisfacción rededor de la mesa. L a alquimia no ha proorgánica, l a que habría en un paraíso sin gresado en otros órdenes como en la elapensamiento, con sólo sensaciones. Alegría boración de líquidos y sólidos cocinados y de vivir bien puede titularse toda la obra combinados. Las papilas nerviosas de la de Jan Steen, esc colosal glotón de la pintuboca vibran hoy con mayor escala de sabora. L a alegría de Baltasar del Alcázar, cuanres que la retina con las gradaciones de codo admira, al través del vinillo aloque, a lor o el tímpano con l a serie de timbres. Es decir, hemos creado riqueza de sensaciones para el gusto m á s opulento que para la morcilla, gran señora los restantes sentidos. U n a minuta bien disfría de v e n e r a c i ó n di; puesta es superior en matices a una sinfonía. Alegría de bodas de Camacho, en que la próvida Naturaleza satisface con rumbo ¿Conseguirá la plaga de sabios suprimir cuanto anhelo de felicidad digestiva encierra la delicia de comer a la Humanidad? L o el cosquilleo del hambre. ¿T a m b i é n la matedudo. De lo que nos mostramos m á s avaros ria tiene ternura? es de nuestros placeres, ya que el repertorio es tan escaso que, según la cuenta de Teófilo Gautier, desde el principio del mundo no hemos sido ca... paces de inventar u n pecado nuevo. Y a que poseemos tan sólo cinco sentidos comproba ¡dos- -es dudosa la verificación de los restantes- -no nos suprimamos un goce. P o r que si la gula no excitara la alimentación, si el plato no nutriera, si saborear fuese un entretenimiento sin res u l t a d o práctico y ocioso, también comeríamos. Comemos por placer m á s que por sostener la vida. De no ser así, los exquisitos preparados del fogón, múltiples, r e f i n a d í s i mos, los substituiríamos con cantidades sin condimento, a modo de receta de botica. Cuando los puestos de irradiación eléctrica se hayan establecido y l a energía g a s t a d a se provea en el organismo con el reflector de luz, a ú n sigilosamente se buscará el restaurante clandestino para saciar el deseo de sentir sabores. Como ahora con los inútiles efluvios clel perfume, acallamos la insinuación al placer del sutil olfato, TOMAS BORRAS Peligra el sentido del gusto. L a plaga de sabios que inventan y trabajan para desanimalizar al hombre está a punto de suprimir la cocina. E l guiso, suculento y sabroso, dejará paso, quizá en nuestros años, a la alimentación por. irradiaciones. Vamos a comer luz. E l razonamiento de la plaga de sabios es irrebatible. Injerimos substancias que, después de un difícil y largo proceso de asimilación, se transforman en calorías. Nuestro sistema digestivo es la boca de un horno, y todo el cuerpo trabaja penosamente, máquina bioquímica, para convertir la mas. i ingerida en energía. Ergo (el latín es de la plaga) dotando al cuerno de esa energía resultante, de modo directo, se evita la cadena de actos fisiológicos digestivos, el desgaste del organismo y las enfermedades que resultan de la faena de laboratorio que inconscientemente realizamos. Se han medido los kilográmetros de energía que se gastan en la actividad diaria; se ha calculado la correspondiente substitución en unidades de electricidad y, lo que es peor, se ha fabricado el aparato, el restaurante mág- lco que nos empapará en ondas reconfortadoras. E l profesor A M L o w de L o n dres, facilita ya comida de luz a quienes deseen sustentarse con brujería científica, despreciando verduras, pescados, viandas. Ü n próximo tiempo se nos anuncia con atrofia del paladar e inmovilidad del esto mago y sus complementos. E l Estado ha dispuesto en cada calle una columna unida por cable subterráneo a la dínamo central -la gran olla- E l transeúnte tiene apetito. Se detiene ante la- columna e introduce en la ranura correspondiente una pieza de diez céntimos. L a lámpara del puesto ali- El profesor A. M. Low, de Londres, alimentando con su aparato de lita a una ¡oven. El criado sostiene detrás, en la bandeja, ta equivalencia en manjares de lo qué laimuchacha está asimilando. (Foto Días Casariego.
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