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los de l a angélica Isabel, hacen del Prado, P r a d o era invadido por los puestos de flode San Juan de 1631, en agasajó de los R e como antaño, paseo de las elegancias madrires, albahacas y torraos, y como ahora, yes, y que tuvo lugar en los jardines reunileñas. Cumkacos y Hotís- -su redingote a por los columpios y tíos vivos, todo ello endos de los palacios de Macedá, Monterrey l a peregrina bien abotonado y sobre l a vuelto en el pestilente (humazo de algún y D L u i s Méndez de C a m ó n conde del melenuda cabeza, peinada a l o Montresor puesto de churros. Días de l a RestauraCarpió, éste espléndido palacio; que luego por Falconi, el lustroso y monumental somción y de l a ¡Regencia; se lucen los poliOTVfué del marqués de Alcañices, duque de Sexto, situados en los terrenos que hoy ocupan los edificios existentes entre l a calle de Alcalá y Carrera de San Jerónimo. E n ella se representaron dos comedias: una, de L o p e de V e g a titulada, La noche de San luán, y o t r a de Quevedo y D A n t o n i o Mendoza, con e L título de Quien más miente, medra más, terminando todo aquél espléndido regocijo, después de una alegre mascarada y copiosa cena, en suntuosa rúa, por el paseo, hasta el amanecer. Carlos I I I qué trajo de Italia refinamientos de suprema, elegancia, quiso dotar a su nueva Corte de una. belleza monumentalj y el P r a d o fué transformado en espléndido paseo, adornándolo con magníficas fuentes: l a de Neptuno, que, ejecutada por Pascual de M e n a según proyecto de D V e n t u r a R o dríguez, fué colocada en donde estuvo la del caño dorado, a l otro extremo, junto a l a huerta de Juan Fernández- -hoy ministerio de la G u e r r a- -y comienzo del Prado de R e coletos, en donde luego estuvo l a célebre botillería del Prado, la de l a diosa Cibeles, y en medio, como presidiendo el Salón, l a de A p o l o o Cuatro Estaciones, según diseño, también de D Ventura, aunque realizada ésta por Manuel Alvarez. L a antigua tor r e c i l l a de l a música fué suprimida; el palacio de L e r m a y a de Medinaceli, transformado, y. sobre el solar del derribado de M a- ceda es levantado, bajo l a dirección del arP l AZA DÉ NEPTUNO; AL FONDO, LOS PALACIOS DE LERMA Y VILLAHERMOSA, EN 1850 quitecto Aguado, el de Villahermosa, que aún se admira. mos pañolones de M a n i l a sobre las faldas brero de J a y- -s e dan a las dos de la tarde Estas sucesivas mejoras fueron haciendo de percal plancheo y las patillas a la alfoncita, junto a la fuente, para flechar a las ganar en importancia y belleza al paseo, a l sina ponen un dejo de flamenguismo en los adorables dammdas, engalanadas con sus que aún reservaba su historia u n más alto rostros cetrinos de los madrileños. A l o l a r vaporosos trajes asul Cristiana. A l g ú n gadestino: la fecha épica del 2 de mayo go del paseo se extienden, como oasis en las llardo capitán, venido del Norte, el pompode 1808. L o que un día fué lugar de fiestas noches estivales, los aguaduchos famosos, so airón de su morroneete meciéndose coproceres y paseo obligado de l a Corte, vióse que son trono para la moza que los regenta queto, y en la ara tostada el bigote recorconvertido en campo de guerra y de matanza ante su parroquia, compuesta de pollos de tado a l o Espartero, completa la sugestiva en la jornada brutal y memorable, Infinidad veinte y sesenta abriles... Frontero, en donestampa, mientras, a l fondo, y a l caer de de heroicos madrileños sucumbieron ante la de hoy se alzan los palacios de M a r i n a y l a tarde, por el andén solitario medita P í inexorable orden de Mürat, y cuando cesó el Comunicaciones y antiguamente se extendía garo... estruendo de la fusilería, sólo un montón de la H u e r t a del Rey, viejos jardines de! a p r i cadáveres se agolpaba, inmortalizando con mavera que rodeaban al albergue de los a l Vanse días, vienen días, su sangre aquel sagrado suelo. caides: del Retiro, que luego ha de serlo del venido era el de San Juan, infante D Francisco de P a u l a se enconL o s románticos tiempos f emanamos y donde cristianos y moros traba el Buen Retiro, animado recreo que hacen gran solemnidad. los de la Reina gobernadora, la bella nasupo distraer inocentemente a l a inocente politana que vino a substituir en el tálamo sociedad madrileña desde el remado de A m a regio a aquel angelote sajón que se llamó Y como en el viejo romance, en el venir deo a la Regencia. T r i u n f o de los polisones, doña M a n a Josefa A m a l i a y más tarde de los ídías, al llegar el de San Juan, el presidido por el quiosco en donde la orquesta deleitaba con música de B a r b i e r i de O u d r i d o Gaztambide. Casi pegado a l a verja, el teatro Felipe, en donde Ducazcal se añade u n tanto más. a su popularidad y conquistan laureles Valverde, Felipe Pérez y Chueca con L a Gran Vía, y no Tejos, junto a l a B o l sa, u n gracioso guiñol pone un motivo lleno de encanto. T A ú n tiene empaque el paseo, y gracia, que es alegría para los niños, y a invadido por ellos. E n el enarenado salón mariposean b u lliciosas bandadas que remozan con sus i n fantiles juegos el alma del secular paseo; los cochecitos tirados por borriquillos lo cruzan de extremo a extremo, como, cabalgata de cuento de hadas, y en el centro s e f o r m a n los corros en que las niñas cantan los viejos romances. Pero un nefasto día para l a estética madrileña, lo que era grata explanada se convierte en horrendo jardín, postrera etapa y último arreglo, estúpido y grotesco, que privó de u n lugar a l infantil esparcimiento y de una bella perspectiva a M a d r i d H p y la barandilla, fea e inútil, al desaparecer, se lleva u n íntimo detalle. L a v i e j a e tampa se ha esfumado ya, y del glorioso pasado queda tan sólo, como flotando en el ámbito del moderno jardín, la amargura de los días dorados y pretéritos, l a melancolía de lo que fué... EL SALÓN DEL PRADO, CON LA FUENTE DE LAS CUATRO ESTACIONES, EN l8 gO Luis D E SOTO