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P r i m a reina Sevilla. sisa Estamos al 50 por 100 de España, y lo que no ha disminuido la mitad es que desapareció totalmente. E s lo espiritual lo más dañado. (Hidalguía y liturgia, como sentimiento, desinterés, ceremonia o galantería, costumbres e índoles que expresaban elevación, se aventaron al aire desencadenado. Noíse busque en nuestros días más que política, economía, materia. E l arte dicen que debe ser sociólogo y el amor fisiólogo. Todo cruje y rechina, en crisis de terremoto. A n tiguallas la familia, como el lirismo, el don de bien hablar o el sacrificio. E l alma es alma en pena. Contra la devastación, un esfuerzo nacional; para sostener en pie aquello que se cimenta en las tradiciones. Es el espíritu español, que no se resigna a sucumbir. R o ciado de gasolina, ardiendo, el cuerpo de i España se retuerce en imagen. E n coró, alrededor de su cruz, danza futurista de pistoleros. i Y hay algo peor que el ataque: la dejación. Parece esto, inmenso solar de cobardes domeñados y apaleados por un piquete de decididos. M i l hombres tienen atemorizados- y metidos en cintura a veinticuatro millones. Circula la frase, hija de las elecciones de diciembre: los únicos hombres han sido las mujeres A la chulería de proyocació: a calculada se contesta con un i ¡Guardias, guardias! para que nos proteja el Gobierno. Cuando un partido recibe; el bofetón, presenta, cristianamente, la otra- mejilla. Es la época del Y o no me meto H a y que ser prudentes Y a ise arreglará y N o pasa nada Antaño los españoles llevaban como lema N o importa E l no importa de España se hizo famoso. E n la segunda República el mote es más fatalista: Que reviente, a ver si acabamos de una vez Así día tras día, centímetro a centímetro, se hunde una Patria, aunque quede un E s tado. L o peor de conceder es empezar a conceder, y del juego a pérdida, no cortar la hemorragia y seguir la partida. Musulmanes, cuando nos quitan a jirones las vestiduras y cada cual se lleva un pedazo, la defensa que hacemos de lo nuestro es sentarnos a la puerta de la tienda a ver si pasa el cadáver del enemigo... por supuesto, matado por otro. H a y como un masoquismo en inventariar a diario, minuciosamente, lo que se destruye de España. E n algo nos asemejamos a los rusos: en el placer; que encontramos en sufrir. Llaman los comunistas terror científico al que producen, por un método matemáticamente calculado, en la población del país que pretender esclavizar. Consiste én una, gradación, sutil de los procedimientos violentos; en una lenta y persistente acción sobre los centros nerviosos y la psicología. Produce. la alarma continua, el desconcierto, la resignación apática, el deseo de paz y de que triunfe quien quiera con tai de que no sigamos así E s una táctica maravillosa, que infiltra el descorazonamiento, l a sensación de impotencia, de abandono, de entrega a poderes que parecen i n vencibles. EÍ terror científico es semejante a la fascinación que ciertas- especies ejercen sqbre sus víctimas: el pájaro podría, volando, huir de la muerte, pero los ojos del ofidio marean sus sentidos, hielan su sangre. L a minoría audaz, después de sugestionar a la gente, produciéndola desconsuelo y cobardía, da el golpe de gracia apoderándose de los mandos. E n Curzio M a a parte han podido aprender los discípulos de esa técnica del golpe de Estado que la sagacidad de Lenin descubrió lo inútil de las masas en las revoluciones. A las masas substituye un equipo estratégicamente ma 1 1 Estampa, bien española, de las procesiones andaluzas. El admirable José González Martn recitando una poesía a la Virgen de los Remedios en Cártama (Málaga) durante t a procesión de Semana Santa, el año pasado. (Foto Arenas. nejado, que en un instante copa los despachos de los centros directivos, da órdenes por el teléfono oficial, proclama, decretos desde las Gacetas y encarna en sí los atributos del Poder. L a s masas, previamente trabajadas y amilanadas por el terror científico no sólo no oponen resistencia a los nuevos gobernantes, asaltadores de los sitiales directivos, sino que respiran satisfechos dé que la etapa revolucionaria- por fin! -haya pasado. Y a podrán digerir tranquilamente. L a confrontación de ese método con la realidad española, ¿no da nada que sospechar a los obtusos? Los agudos se han dado cuenta del hecho y tratan de oponer a la acción difusa del terror científico l a recia muralla de lo español que forma las fibras más resistentes a las heridas de lo exótico. Pensaron que así como España sesalvó tantas veces apelando a lo entrañable, a lo substantivo, podría análogamente reaccionar ahora. N o es peor la situación que en 1808, y aquel país mísero, i n consciente, depauperado, encontró energías en sí mismo al conjuro de la españolidad. Hoy, en peligro de dejar de ser España, ¿ro ha de ser la esencia de lo español l a que produzca el efecto mágico de galvanizar el cadáver indiferente? H a n respondido la intelectualidad y la j u ventud, pero el pueblo- -salvo en C a s t i l l a- -permanece entregado a disputas económicas. Así se explica que manifestaciones que brotaron del propio centro de lo nacional, que asombraron con sü florecer espléndido, se replieguen y desaparezcan ante el terror científico que eíparcen unos pocos entre millares. E l ejemplo de más bulto es esté: ¿se concibe que no se celebre, según uso, la Semana Santa en Sevilla? Quién lo impide? L a mixtura de miedo y desidia que se diluye en el ambiente de las ciudades azotadas por el terror científico Bastarían unas órdenes enérgicas a la Policía y la decisión de los sevillanos para que resucitara Sevilla al empuje vital de su primavera. E l mayor daño al crédito español, ante el extranjero, es la comprobación de que 4 as archifamosas procesiones no puedan todavía salir porque no ha levantado su veto la corporación del crimen. Triste idea se formarán por ahí del estado del tradicional valor hispano, que ya no precisa la continuación del Romancero! ¡T r i s te idea también de la fuerza coactiva del Poder público, que no puede garantizar el pacífico disfrute de la libertad! Sevilla, ensombrecida, y España, desacreditada: éste es el balance de una omisión; culpables en Sevilla y en el M a d r i d oficial, todos. Ignoro si por instinto de conservación y por rasgo varonil se decidirán los sevillanos a aupar sobre sus hombros las imágenes redentoras tan caras a su amor. Dando, esa señal de liberación de la tiranía bárbara e irresponsable, el ejemplo habría de cundir. Sevilla está cercada, sitiada. Romper el anillo que, la ahoga, ponerse en pie con arrogancia, desafiar y vencer a los que la aniquilan... a eso equivaldría qi ¡e Sevilla siguiera en marzo el cortejo incomparable de sus procesiones. Que contra el terror hay una receta radical y sencill? 1 1 0 dejarse aterrorizar. TOMAS BORRAS
 // Cambio Nodo4-Sevilla