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Informaciones reportajes. Las A h o r a que van a crearse en los distintos distritos de Madrid, por acuerdo de su Corporación m u n i c i pal, estos humanitarios y benéficos establecimientos- -c u y o nombre se nos antoja no muy adecuado, porque la guardería suele- referirse mejor a los ganados y a las tierras- queremos nosotros recordar que tan hermosas instituciones han tenido su origen; en Sevilla, en el asilo de San Cayetano, que fundara el excelso varón D Agustín María de la Cuadra, cuya muerte f u i acaecida en- zq de enero de iSSe, Dicha i n s t i t u c i ó n por cuyos m a n t e n i miento y desarrolló vela la caritativa A s o ciación sevillana de Hijos de San Cayeta- quarderías de n i ñ o s El aseo de los niños. tío, ha sido ejemplo a imitar en l a propia ciudad de la Giralda, naciendo otra semejante en l a reciente barriada del Retiro Obrero, stablecida por la Caja colaboradora del Instituto Nacional de Previsión como secuela de los servicios sanitarios afectos al Seguro de Maternidad, y l a que funciona, desde hace dos años, en l a parte del edificio del hospital de la Cruz Roja Española, en Capuchinos, donde, estuvo establecido un Comedor de Madres lactantes. D e este amparo de niños queremos ocuparnos brevemente en este trabajo. Obtenida l a consiguiente autorización, penetramos en l a estancia donde están recogidos los niños, una sala bien espaciosa, llena de aire y de luz y limpia como los chorros del oro. Sus blancas paredes están alicatadas de azulejos blancos y azules, hasta buena altura, y en l a principal lucen tres cuadros, también, de cerámica trianera, representando a Nuestra Señora del. Rocío, a J e s ú s del Gran Poder y l a Cena. Primorosa sala, como un hogar, sevillano, con toda l a alegría y el arte m á s típico de esta tierra. Cuando traspusimos los umbrales presentóse ante nuestros ojos una bella escena, llena de gracia y de ternura. U n centenar de n i ños de ambos sexos, el que menos de dos y el que m á s de seis años, ocupaban unos banquitos, removiéndose y agitándose con los naturales impulsos de su corta edad. Los niños estaban colocados a la derecha, y las niñas a la izquierda, con una breve separación. L a hermana de l a Caridad sor A n a María, ayudada de unas muchachas del barrio, que ganan su pan empleadas en este servicio, mantenían el orden y exhortaban a l a infantil grey al silencio, haciendo sonar como una castañuela con una de sus nacaradas manos. Sor A n a M a r í a iba de un lado para otro, resuelta, ágil, cariñosa: como la m á s desenvuelta, trabajadora y tierna de las madres, como una madre de cada una de aquellas criaturitas. A todas las llamaba por sus nombres, de todas sabía sus gracias y flaquezas y a todas besaba y mimaba, como si de propios hijos se tratara. ¿Y qué vida hacen los chicos en este benéfico hogar? -preguntamos a la bondadosa madre. Y ella, amablemente, nos fué diciendo: -P o r la m a ñ a n a los traen sus familiares antes de- entrar al trabajo en talleres y fábricas y los recogen cuando dan de mano en él. Aquéllos que no vienen limpios se les baña o lava en el cuartito destinado a tal menester, y a todos se les ponen los baberos. de la Casa sobre la mísera ropita que visten. Así puede usted verlos tan aseados, menos a este llorón- -éxcsarnn. dulcemente sor A n a f i a ría- ¡que no hay, quien pueda tenerlo limpio un momento. Los niño, en el comedor.