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DIARIO I L U S T R A D O A Ñ O TRIGÉSIMO. 10 CENTS. f NUMERO DIARIO I L U S T R A D O A Ñ O TRIGÉSIMO. 10 CENTS. NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A STAVISKY Y COMPAÑÍA ¿Cuándo cae en Francia la. República? me vengo preguntando hace ya un año. L a s cosas no marchan tan de prisa en l a realidad cómo en el pensamiento; pero cuando se discurre con veracidad, sobreponiéndose a desees y temores, las cosas suelen i r aunque m á s lentas, por la misma ruta que nuestras previsiones. Y la verdad es que el r é gimen? democrático es tan caro, que n i l a rica Francia podrá seguir costeándolo. M a i n- a s dice que la República es el r é gimen que m á s necesita sostenerse en la virtud; pero el que suscita más las tentaciones, t i l escándalo Stavisky no llega a ponerí. al descubierto las raíces del daño, pero remueve tanta tierra, que no anda muy lejos- íie mostrarlas. T é n g a s e en cuenta que Stavifky no es m á s que uno, que inmediatamente j d e s p u é s de su muerte se ha descu biertqíque otro señor llamado Alexandre ha robado a l ahorro francés otros doscientos millones de francos; que antes de Stavisky había surgido, uno tras otro, toda una teor í a de grandes estafadores del ahorro, y que tedas estas grandes estafas se caracte rizan por la colusión de los estafadores con los hombres públicos, al objeto de torcer en su provecho la vara de la justicia. E l asunto: Stavisky había hecho ya caer a dos ministros, mostrado los modos de v i vir dé algunos periodistas que se atienen al dicho árabe de: l a palabra es plata, pero el silencio es oro y ha acabado por obligar a dimitir al Gabinete de M Chautemps. E s probable que no ocasione por sí solo. la caída de la República. E s seguro que tendrá que dejarla maltrecha y desacreditada, por mucho que haga por mantener un honesto equilibrio entre el escándalo y la impunidad. Porque si arroja l a luz de la publicidad sobredio acontecido, la gente tendrá que escandalizarse; y si lo tapa, se escandalizará m á s todavía. Ñ o es posible que personajes desacreditados; como Stavisky, puedan dedicarse a estaiar por centenares de millones los ahorros de las gentes, sin altas protecciones. U n periódico francés refiere que Stavisky gastaba, en su vida de crapuloso manirroto, 1 0 0 0 0 francos al día. Así h a b r á disipado, desde 1926, unos 25, millones. ¿P e r o dónde se le fueron los 6 0 0 millones que ha sacado a l a credulidad de los franceses? P o r lo visto se los han repartido los miembros de l a horda de políticos, periodistas, policías, abogados y hasta magistrados venales, que se aprovechaba de su falta de escrúpulos y de su habilidad de estafador, para apropiarse ingentes sumas, en l a confianza de que Stavisky, en la hora de la retribución, pagaría por todos. Otro diario francés ha contado que Stavisky había confiado un paquete de bonos, con un valor nominal de 2 0 millones de francos, a un periodista llamado Darius, encarcelado en la actualidad, para que lo Colocase en Alemania. A l regreso de la operación, Stavisky ofreció al periodista d 3 0 por 100 de lo recaudado. E l buen Darius se quedó con todo, por la razón de que los bonos eran falsos, y ni expresar sn sorpresa Stavisky, el periodista le retó a que le denunciara ante los Tribunales. L a verdad del caso es que Stavisky robaba para todos, y que los Centros oficiales le facilitaban los medios de hacerlo, dejándole actuar en l i bertad, a pesar de las reclamaciones de l a justicia. L a gravedad del hecho estriba precisamente en esta tolerancia de la Administración pública. E n todos los regímenes se dan estos ejemplos de corrupción, pero cuando la Administración de justicia depende de poderes seculares, interesados en que la justicia se. haga, para asegurarse la perennidad, no es tan probable que esos poderes intervengan en su curso, como, no sea para velar por que sea íntegra. Pero cuando la justicia depende de poderes inestables, que han de someterse periódicamente al refrendo del Cuerpo electoral, la ¡influencia de l a política sobre la justicia dependerá de la que tenga que ejercer sobre los electores para sostenerse en el Poder. Y es mucha verdad que en horas de graves crisis nacionales, cuando l a opinión pública se encuentra tolerablemente informada de lo que sucede, e i difícil que los electores voten contra sus propios intereses, porque a los pueblos, cómo a los individuos, les repugna el suicidio, pero esas crisis nacionales sólo se producen una vez, si acaso, en el curso de. una generación. Ordinariamente la conciencia de: las gentes no llega a interesarse por los problemas políticos del día. L a llamada opinión pública se deja llevar de la voluntad del los partidos. Y los partidos han de sostenerse c o n favores distribuidos entre los miembros de los C o mités. Aquí empezamos a vislumbrar l a causa de la grave crisis, por que Francia atraviesa. L o s políticos han sostenido a Stavisky, porque éste había dado grandes sumas para la caja electoral del partido gobernante. L o s partidos no pueden ser demasiado escrupulosos respecto del origen de sus fondos. L o s ingleses recaudan los suyos con donativos de aspirantes a títulos de nobleza. Los norteamericanos, con los de los i n teresados en contratas públicas. L o s franceses los buscan donde pueden. Y aunque ello está muy mal es todavía preferible a l a compra directa del Cuerpo electoral por medio de favores del Estado. Porque así es como los presupuestos han llegado a su presente agobiador volumen. Los diputados no sienten m á s que un interés abstracto y vago en las economías de l s gastos públicos, mientras que las presiones concretas de sus electores les obligan a solicitar todo el tiempo aumentos en los gastos. Y ésta es la verdadera causa de la crisis de las democracias en el mundo. RAMIRO D E MAEZTU G A C E T I L L A D E GEOGRAFÍA Y AFÁN Macotera E n el Diccionario Geográfico, Estadístico e Histérico de España v sus posesiones de Ultramar, que a mediados del siglo x i x se iba imprimiendo en la calle de la Madera 13 aja, con originales de D Pascual Madoz, hay 3 2 líneas que en el décimo tomo hablan de la villa de Macotera. E n la fría tarde de estampa matritense, asomados los ojos a los árboles de Recoletos- -extrarradio de los paseos de. L a r a con el marqués de Molíns- volviendo precisamente de la villa de Macotera, perdida allá entre A v i l a y Salamanca, es agradable contrastar la opinión directamente formada con la que Pascual Madoz llevaba a l a imprenta de D José Rojas, en el a ñ o 1847. v. con A y u n t del que dépennde el desp. del Fresnillo, en l a prov. y dióc. de Salamanca. (7 leg. Part. jud. de P e ñ a r a n d a de Bracamonte, aud. terr. de Valladolid. (1 8) y c. g. de Castilla lá V i e j a Se compone de 550 casas de mediana cons, tracción, entre ellas la del Ayunt. en cuyos bajos está la cárcel. Tiene una escuela de primeras letras, concurrida por 1 5 0 niños de. ambos sexos, cuyo maestro tiene de asignación 2 0 0 0 rs. Conviene no olvidar esta: escueta prosa de diccionario que; a mediados del siglo x i x nos servía Madoz, inocente, como nosotros hasta hoy, del papel que uh: tíía puede desempeñar en la historia de l a nueva contrarreforma española la villa de Macotera. Esa, que cerca de Roma la chica alzaba, en tiempos de D Pascual Madoz una iglesia parroquial, la de la Asunción, beneficio de término, servido por un cura y un teniente; más tres ermitas, bajo l a advocación de Nuestra S e ñ o r a de la Encina, el Santo Cristo de las Batallas y Santa A n a Entre los t é r m i n o s de N a v a de Sotrobal, Bóveda y Salmoral, por el Norte, con el de Santiago de l a Puebla, al Sur, y al Oeste, con Tordillos, Macotera, cruzada por un r í o pequeño, que transporta aguas claras desde la Sierra de A v i l a al Tormes, está desde hoy señalada por quienes el domingo oímos misa mayor en su parroquia, como la posible y mínima Covadonga de las Castillr. s. 1 Nos Vemos favorecidos diariamente con innumerables cartas, en que los lectores de A B C exponen iniciativas y observaciones, muchas de ellas oportunas y plausibles. No s i é n d o n o s posible materialmente contestar a tan copiosa correspondencia, rogamos a nuestros comunicantes que reciban con estas l í n e a s nuestra disculpa y no interpreten a d e s c o r t e s í a la falta de respuesta particular, J íbamos haciendo escolta de carretera al nuevo macoterano Federico García Sanchiz varios amigos de su v i d a a d r i l e ñ a Manuel Delgado Barreto, Manuel Benedito, Pedro Fagalde, L i v i n i o Stuyck, Bernabeu, y, con las familias de éstos, otras personas m á s de nuestro mundo, cuyos nombres- -como sucede en las crónicas de sociedad- -s? escapan de la memoria para después llenarnos de arrepentimiento. E n Macotera, esperando la llegada de los autos madrileños, G i l Robles y los diputados por Salamanca, Cima Leal y Castaña, con D A r g i m i r o P é r e z Tabernero. Macotera había engalanado sus calles y unos jinetes charros nos recibieron a la entrada del pueblo. Espigada estampa, atavia-
 // Cambio Nodo4-Sevilla