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U n día, cuando transcurran los años que necesita un pueblo de inconscientes para adquirir el presentimiento de lo justo, España levantará una estatua a Concha Espina. ¿D ó n d e? N o será en el rincón aldeano que tuvo l a gran escritora por cuna, sino en M a drid, en esta noble ciudad que podría pasar, por lo frivola, como la Meca de los distraídos. L a pobreza acústica del espíritu madrileño hace dudar de su salud. Aquí, el que no administre su propia gloria puede estar seguro de que se disipará en la indiferencia ambiente. Y o aplaudo a esos escritores que se preparan los banquetes y se organizan los homenajes con la cooperación de los amigos. Conocen el terreno que pisan. S i ellos se descuidasen, ¿quién repararía su negligencia? N o me asombra, pues, el soberbio aislamiento en que vive esta mujer extraordinaria, a la que debe nuestro idioma sus renovaciones más felices. E l pudor es en la gran escritora de una severidad casi huraña. E n un temperamento como el suyo, rezumante de aquel generoso mise reor cordani mullu; la reserva que se aisla no es orgullo, sino distinción de la inteligencia, que prefiere el ultraje tácito de la injusticia al barullo de la popularidad, que es la música predilecta de los osados y de los mediocres. Pero consuélese la eximia autora de tanto libro admirable. Galdós devoró la misma indiferencia de sus contemporáneos durante años y años, hasta qué Jacinto Octavio P i c ó n y Ortega M u n i l l a avergonzados de aquel depresivo espectáculo, rcclvieron que cesara. E l homenaje nacional tributado hace cuarenta años al inmortal novelista fué un simple desagravio. ¿A qué esperamos para hacer algo análogo en honor de Concha Espina? ¿Qué mujer de las que escriben en Europa que la supere por el talento? S i alguna puede estar a su nivel es Catalina Mousfiel, con la que fraterniza por el acento humano y cívico de sus obras. Son dos espíritus poderosamente intuitivos, que lo adivinan todo, que lo comprenden todo, lo mismo lo que se esconde en la penumbra de lo inconsciente que lo que aflora espontáneamente a la vida. Es lo propio de los poetas. ¿Q u é importa el que luego nos den a conocer sus hallazgos en prosa? Videncia y psicología son dos aptitudes diferentes que se comple 1 Un retrato inédito de Concha Espina. Está hecho en 10 a por Miguel Andrés. tan en una totalidad genial, que la Naturaleza no prodiga. Suelen tenerla los grandes sensitivos, c o m o si una experiencia m i lenaria, acumulada en las capas m á s hondas del espíritu, les dictase observaciones juicios, augurios y veredictos que bordean l a infalibilidad. E n los seres normales el acierto intelectual rara vez se repentiza. Casi siempre es el resultado de la reflexión. Quien se procure el deleite de leer Entre la noche y el mar, de Concha Espina, no vacilará en clasificar a la eminente escritora en la p r i vilegiada categoría de los geniales, que lo saben todo por La- insigne escritora, en su despacho. (Foto Dúqne. una presciencia anterior a sus relaciones terrestres con las personas y las cosas. ral y los convencionalismos sociales, es en ¡Q u é poder de exploración el suyo sobre las estrofas que transcribo: todo lo que la rodea! Se advierte, sin embarMujer con ojos que no han llorado, go, que la conciencia de la artista no se aumujer de carne que no ha dolido: senta de esas geniales curiosidades, porque, tü no has tenido cabello alado, si se manifiestan con el desorden tumultuoso nuncio ue ensueño maravillado, los, que, en. esta época de sórdidas disputas ni labios rojos, ni pie rendido. na y las sujeta al imperio del ritmo. Estoy Nunca rugiste como una loca, comentando la obra de un poeta de altos vueni te inflamaste como una hoguera, t ú no has gustado sangre en la boca, los, que en esta época de sórdidas disputas zumo de beso que desespera, de intereses, ha encontrado un rincón l i m porque so acaba cuando se toca. pio en el espacio para ponerse a cantar con la gracia generosa de ciertas aves. Concha Y sigue, con un arrebato, lírico que peEspina ha interrumpido su obra de novelisnetra en la vida, rompe sus pudores y desta para darnos a conocer su estro poético. nuda las almas, para concluir en una pleN o busquen en sus estrofas motivos épicos garia transida de cristianismo, que es el ni vaguedades sentimentales. Concha Espina puerto de refugio de todos los corazones no siente la menor afición por lo marcial, maltratados y ofendidos. De cristianismo, ni se inclina a coquetear con las brumas de entiéndase bien; del Evangelio que floreció lo irreal. E s un brioso temperamento r o m á n y fructificó a la intemperie sin otro estítico que se apasiona por todo lo vital y tanmulo fertilizante que el aliento del Divino gible. N o hay contradicción en lo que digo. Maestro: S u romanticismo está en su actitud ante el cosmos, que es l a misma de Byrón o de Cha ¡Qué bien se está contigo, noche obscura, teaubriand, pero, en lugar de referirlo todo regazo maternal, a sí misma, como aquellos dos insignes egoísluto de la mirada que Dios vela tas, Concha Espina hace refluir todas sus encima de la mar! emociones hacia la vida que la envuelve y rodea. Su romanticismo, luego de haber paAnte el artista que nos muestra sus creasado por la fragua de su temperamento, se i n ciones nos invade el deseo de filiarle, de serta en lo real, llámese mar, paisaje, amor clasificarle dentro de una familia, de explio dolor. Esa divergencia de su espíritu l a carnos su origen por el tono de sus preocudistingue de los grandes románticos, generalpaciones y el carácter de sus ideas. Concha Espina es una poetisa romántica, como ya mente confinados dentro de la propia persohemos dicho, por su actitud, un poco altinalidad, oigámosla: va, ante un universo demasiado pequeño Dejadme, por Dios, seguir; para satisfacernos y demasiado grande para a m i luz y m i pasión ser comprendido; pero ese romanticismo es, caminar, por lo desinteresado, casi impersonal. E s t á que nada, os he de pedir; m á s cerca de Leopardi que de Byron, por me basta m i corazón la piedad endolorida con que contempla las sin razón injusticias y los horrores que no puede reentre la noche y el mar. mediar, pero separada del uno y del otro por la fe religiosa, vagamente perfumada Más adelante d i r á de las esencias paganas de l a juventud. E s el tránsito frecuente de todos ios espíritus Soy aquella mujer de l a m o n t a ñ a que bajó a l a llanura selectos: empiezan amando a Dios a través y se bañó del mar en l a sagrada orilla. de sus criaturas y concluyen aislándose de Aquí donde abre E s p a ñ a todo lo que no traiga una viva resonancia su c á n t a b r a hermosura de lo divino. Él infinito es el último espejo a la madre Castilla. en que se contemplan los corazones sin esperanza y sin consuelo; el vasto eápacio, los Pero donde sus acentos alcanzan lo más astros, el misterio, Dios... recóndito de la sensibilidad femenina, de una sensibilidad virgen y no domada todavía por las religiones, los sistemas de raoMANUEL B U E N O