Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. V I E R N E S 2 D E FEBRERO D E 1934. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G aa. la responsabilidad. ¿Puede un ministro en- I comendar eso al Instituto y prescindir de J lá ley? E l ministro de A G R I C U L T U R A Por eso lo traigo a las Cortes, y no lo he hecho por decreto. E l Sr. R O D I G U E Z J U R A D O L o que yo digo es que el decreto quebranta l a ley y que los cuatrocientos diputados dé las Constituyentes estuvieron haciendo dos meses el ridículo, discutiendo ésta, para que líiego don Marcelino Domingo hiciera desde su despacho lo que le dio l a gana. E l decreto tiene gérmenes revolucionarios. L a convalidación de los hechos consumados hecha por el ministro, es revolucionaria. Dentro de un a ñ o otro ministro dice ante las fincas invadidas en E s p a ñ a E s un hecho Consumado y convalida los despojos. U n D I P U T A D O ¿N o decís que en materia social sois revolucionarios? E l Sr. R O D R Í G U E Z J U R A D O A un propietario a quien han invadido sus fincas. L a señora N E L K E N ¿E s el señor Castillejos? E l S r R O D R Í G U E Z J U R A D O Son m i les los propietarios despojados en toda E s paña. E l Sr. M A N G R A N E H a y hambre y l a República no ha. tenido energía para poner remedio. E l Sr. O R I O L Y a i r é a su fábrica. (Pequeño escándalo. E l P R E S I D E N T E Reconocerá el señor Rodríguez Jurado que ahora, por lo menos, ha producido una revolución. (Risas. E l Sr. R O D R Í G U E Z J U R A D O L o que 110 se puede tolerar es que a un agricultor se le despoje de su finca sin oírle previamente ni darle audiencia en ningunos expedientes, cuyo paradero ignoramos; pues l o mismo que se van a revisar los casos de los funcionarios separados, h a b r á que hacer lo mismo con los agricultores aludidos. ¿E s revolucionario el agricultor, que, acude a un juez, promueve una diligencia y en ella obtiene sentencia firme? N o será revolucionario el juez. E n ese cuadro revolucionario lo único j u r í d i c o ha sido ese interdicto, esa actuación de propietario, ante quien tienen l a autoridad conocida por el Estado; por ese Estado que representa el ministro de Agricultura, para dar a cada uno la razón y reconocerle su derecho. chos ilegales. Habla de la pobreza de l a tierra de Cáceres, rocosa y poco apta para el cultivo; describe la riqueza de la r e g i ó n olivos, encinas, robles y alcornoques. Pero ras comarcas feraces son escasísimas, aunque, se roturaron durante la guerra terrenos casi totalmente improductivos. L a acumula- ción de la propiedad en Cáceres es debida a la necesidad, a l a inexistencia de valores industriales, por lo cual todo el ahorro va a la tierra. E l aumento de población hace que se cultiven tierras que n sirven m á s que para pastos o forestales. U n diputado: ¿S a b e su señoría cuántas cabezas de ganado puede mantener por hectárea l a provincia de Cáceres? Pues muy pocas. D e lo que se deduce que tampoco es ganadera. E l Si- F E R N A N D E Z Pues, ¿qué podrá, ser, forestal? E n definitiva: que no es agrícola, rio es cerealista; olivarera tal vez. Otro diputado: Debe ser ganadera. N o se puede pedir otra cosa. E l Sr. F E R N A N D E Z Así, pues, al venir la crisis, los propietarios acudieron a los alojamientos. Después, el decreto de intensificación de cultivos, que se aplicó hace poco en Cáceres. Hace una larga historia de lo ocurrido en l a provincia de Cáceres, y principalmente en Zorita. E n Trujillos- -dice- -se convalidan invasiones de fincas de los alrededores asentadas sobre terreno granítico e improductivo para todo lo que no sean pastos. Se dio el caso de invadir fincas y dedicar parte de ella al cultivo y parte a pastos, pero el ganado ya no podía pastar, sin riesgo de que devorase las siembras. Allí e n t r ó l a fiebre de invadir, pero los invasores cedían las fincas a. otros individuos, comerciando con la cesión. H a habido propietarios que voluntariamente permitieron l a entrada en su fin ca, y al cabo de un año, cuando las han reclamado, no se les devuelven. Las invasiones violentas pueden tener una justificación, porque se hizo creer a aquellas pobres gentes que donde tuvieran un poco de labor de barbecho iban a tener un derecho cuando la ley se aprobase, por lo cual se estableció un verdadero pugilato para invadir fincas. H a b í a quienes invadían seis u ocho. Todas las que podían. E l Sr. G R A N A D O S Y sigue la cosa igual. E l Sr. F E R N A N D E Z Con lo cual suE n los radicales: ¿E n nombre de quién cede que se perjudican no sólo los arrendatahabla su señoría? E l Sr. R O D R Í G U E Z J U R A D O E n el ríos, sino los mismos vecinos, porque como acuden de todas partes gentes a v i v i r de las de numerosos propietarios. (Rumores. tierras, invadidas, no hay producción para Por discreción no había dicho que hace tres días se reunió el Comité de Enlace de población tan extensa. Los yunteros son personas que tuvieron un borrico, y que se ayutodas las entidades agropecuarias de Espadaban para labrar l a tierra con una yunta ña y ha adoptado el acuerdo... de esos animalitos. Ordinariamente viven U n diputado: E n contra de l a Federación en otras profesiones, y han desplazado a los de Propietarios de Cáceres. E l Sr. R O D R Í G U E Z J U R A D O E n sen- verdaderos cultivadores; no a los grandes propietarios. Los que teñían una o dos yuntido totalmente coincidente con mi voto partas de muías podían abarcar treinta o cuaticular. (M u y bien. Aplausos. renta fanegas. H o y los yunteros pequeños E l Sr. A L V A R E Z M E N D I Z A B A L de ocupan, en porciones menores, l a tierra. Y la Comisión, contesta a los oradores, reficlaro, los nuevos aparceros están pasando riéndose, en general, al discurso que pronunhambre. Y ésta no tendrá remedio j a m á s ciara el ministro de Agricultura. porque el mal es de origen. H o y muchos E l Sr. A L C A L Á E S P I N O S A también prefieren el jornal a l a tierra. A otros les rectifica. alienta l a esperanza de llegar a ser dueños de ella, porque el instinto de dominio es Curiosos y pintorescos relatos innato en él hombre. 0 cultivo. Pero mientras tanto, hágase atra vesar el ferrocarril de Talavera, de V i l l a nueva de la Serena, la Cantera de Placencia, y l o g r a r á n favorecer el carboneo de! a r e gión. L a caza ha sido aniquilada y constituía una gran riqueza que conviene restau- rarla. E n suma, hay que acudir a re, nediar: la miseria de Cáceres, que. es general. E l Sr. B L A Z Q U E Z socialista, interviene para hacer análogas imputaciones que las de otros oradores de su minoría y para e x i- gir que no se desposea dé las fincas r e i n a das a los asaltantes que entraron en ellas y que las han. cultivado. i E l presidente suspende l a discusión y se levanta la sesión a las nueve. Acotaciones de un oyente; A y e r se debatió algo que yo rio comprendo bien: las consecuencias de las distintas actitudes que en política adoptan los estudian- tes. Las consecuencias sí las comprendo, pero el nexo entre l a idea política y l a condición, de estudiante es el que se me antoja incongruente. Ante m i razón, decir estudiante fascista o comunista es como si se intentase encadenar dos peculiaridades que, si bien es cierto que pueden coexistir, no se relacionan ni influyen entre ellas, y l a misma sorpresa me causaría oír hablar de el ingeniero vegetariano el cocinero derechista el guardia de Asalto hiperclorídrico o el archivero naturista M e explico un matemático einstem ano; pero no puedo explicarme, por ejemplo, una química lerrouxista o una obstetricia hitleriana. Y como no se debe hablar de lo que no se entiende, renuncio a analizar eso que para m í es ó un galimatías o un convencionalismo, que sólo puede sostenerse en épocas de pasión y dentro de un Estado débil, de autoridad quebrantada. Pero en los discursos pronunciados, a propósito de este tema absurdo hubo afirmaciones que merecen ser recogidas. Tales la queja formulada por A Sr. H e r n á n d e z Z a n cajo contra las víctimas que entre l a muchedumbre afiliada a los partidos obreros causan las pistolas de los burgueses, y su aviso de que. por cada uno que caiga en sus filas voltearían ellos diez en las de enfrente. N o se puede negar que el Sr. Zancajo tiene sólidos puntos de apoyo para sus lamentaciones. C a s i todos esos ciudadanos que, según los periódicos nos cuentan diariamente, caen con un balazo en la espalda son sacrificados por l a burguesía. De algún tiempo a esta parte muchos banqueros han adquirido la fea costumbre de asaltar a sus cobradores y maniatar a los conductores de taxis. Grandes propietarios de fincas urbanas practican asimismo el deporte de asesinar a boticarios inofensivos y vendedores de periódicos derechistas; mientras que los tenedores de resmas de papel del Estado se inclinan sombríamente a la fabricación de bombas y saborean un extraño deleite en atracar a las estanqueras de más de cincuenta años. Estas son verdades conocidas de todo el mundo, y el Sr. Zancajo hizo muy bien en denunciarlas enérgicamente a la faz del país. E n cuanto a l a declaración de que por cada hombre que caiga en un bando morirán diez del contrario, fué recibida con una encantadora tranquilidad. E l Gobierno ni aun necesitó retirarse a deliberar para convenir u n á nimemente en que la proporción no era disparatada, y l a aprobó, con su autorizado s i De momento el Gobierno debería sacar sobre las invasiones de fincas lencio. Nadie se e x t r a ñ ó Desde hace tiemde las tierras á esos yunteros y llevarlos a sus po viene hablándose sin reserva alguna de antiguos oficios. L o s célebres y u n t e r o s y el h a m b r e de la toda clase de proyectos de violencia. Los pePide la realización de obras públicas, en provincia de C á c e r e s riódicos publican informaciones acerca de Cáceres sobre todo, de proyectos y de la cómo será l a próxima revolución. De todo el E l Sr. F E R N A N D E Z G U T I É R R E Z i n Confederación del Tajo, que haría regable programa, con fechas y detalles, como si se una gran extensión. terviene, por amor a la provincia de Cátratase de unas maniobras. Los líderes de los ceres, y dice que no se opondrá a la aproE f S r A L C A L Á E S P I N O S A E s a es la partidos de extrema izquierda- -unos, desde verdadera reforma agraria. bación del proyecto, aunque es opuesto a él el Congreso; otros, desde la cárcel- -avisan como, hombre de leyes, pues reputa peliE l S r F E R N A N D E Z De este modo togroso que se convalide una porción de he- das esas dehesas de pastos serían puestas en. asimismo, el acontecimiento, y comentas, sua
 // Cambio Nodo4-Sevilla