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DIARIO ILUSTRAD O A Ñ O TRIGÉSIMO. 10 CENTS. W NUMERO F U N D A D O E L i. D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A BC (La Prensa. DIARIO ILUSTRA D O A Ñ O TRIGÉSIMO. 1 0 CENTS. M NUMERO N U E V O S PARIAS Actividades contra el régimen reputiicano o desafección manifiesta contra el mismo. (Nueva causa legal de jubilación y separación de funcionarlos públicos, según l a Prensa de ayer. L o que fué- -según se dijo para su exculpación o excusa- -un movimiento pasional inspirado por el instinto de conservación se intenta trocar en precepto reflexivo de vigencia normal e indefinida. L a función pública no será entregada en lo sucesivo a los adversarios activos del régimen republicano o a quienes les merezca manifiesta desafección. Es, sin duda alguna, un sistema de gobierno. Estimar que los funcionarios p ú blicos deben pertenecer a partido, facción u oligarquía que haya conquistado u obtenido el Poder, es apreciación tan vieja como la Humanidad. Así pensaron los sátrapas, los tiranos, los Reyes absolutos, las Repúblicas dictatoriales, de abundante cosecha en la Historia. A s í se pensaba todavía en los comienzos del régimen parlamentario. Y no faltaba lógica en el juicio. Cuando una forma de gobierno o una agrupación de individuos, más o menos honesta, se identifica con la nación, el antecedente postula que la autoridad se estanque en Jos partidarios de aquélla o entre los que componen la segunda, Pero cuando se- rige a los pueblos con principios tan rudamente primitivos, no cabe ninguna de. estas dos cosas que sus rectores preconizasen lo contrario cuando se hallaban alejados. del Poder y de su predicación se: beneficiaran coii refinamientos, y que en la norma fundamental que ha de ser respetada por los gobernantes y constituye el palladium de los gobernados figuren preceptos opuestos a la separación de los ciudadanos en dos. grupos. Eso es, sencillamente, añadir la burla a la injusticia, y puede el hombre soportar uno de los dos agravios, pero no ambos de consuno. ¿P o r qué proclamar solemnemente que ni las ideas políticas ni las creencias religiosas podrán ser fundamento de privilegio jurídico, y que toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, si los afectos al régimen han de ser los que disfruten de los cargos públicos, y los que pregonen ideas contrarias a la República pueden incurrir en l a sanción tremenda de l a miseria? ¡Y en q u é momentos se pretenden cercenar los derechos naturales de ciudadanía... M u y cerca de la transcripción, del inconstitucional proyecto de ley aparece en los periódicos el anuncio de los propósitos socialistas, que no constituyen meras actividades contra el régimen republicano, sino intentos de subversión del orden constitucional todo entero, que la ley sanciona. Y el propio Gobierno que persigue la ciudadanía, presencia impasible la conspiración. Y ello parece indicar que el carácter de excepción del proyecto de ley es enormemente mayor que el denunciado por sü texto. N o comprendería en la práctica a los funcionarios socialistas- -que también los. hay- -incursos cu ella, sino pura v simplemente a los monárquicos. Los parias volve- rían a la vida social. A la República- -no a mí- -toca meditar si sería p: ra su bien. LOS DIPLOMÁTICOS D E CARRERA E l Gobierno italiano ha dado su placet al nombramiento del Sr. Ocerín para la E m bajada en el Quirinal. ABC EN CHILE M a n o s a Ja obra M i obligación periodística, Sr. Lerroux, me impone el deber de decirle, muy eran- plidamente, que los españoles residentes en Chile, con excepción de unos pocos obce- caaos en la impenitencia socialista, suponían; que la consecuencia del veredicto electoral- -ese semiplebiscito que ha sido una. -pala- dina rectificación de doctrina popular- se- ría su exaltación al Poder de manera definitiva, sin riesgo de zancadillas azaño- Iargoprieto- casareñas. Y como se trataba de Sai a solución de sentido común, no hace faita asegurar que su reincorporación- a. la pre. sidencia del- Consejo de ministros ha satisfecho a todos. España, Sr. Lerroux, merece- ser decididamente gobernada. Esto quiere decir: paz, trabajo, progreso. Paz significa. orden; trabajo significa bienestar; progreso significa grandeza de- la Patria. H e ahí tires. cosas; que son tres piedras fundamentales del edificio soberbio de la nación. -Y la nación, o si. se quiere entender por tal el Estado, ha de ser una. Nada m á s que una. U n a U n a Una, Sr. Lerroux. Esa unidad no excluye determinadas modalidades de índole administrativa, como los antiguos conciertos con las comarccS vascas. Pero nada más. Nad, m á s Nada de jugar a las pequeñas independencias, que son traiciones disimuladas o. separaciones delictuosas, que sirven sólo para engendrar odiosidades y para alimentar en los corazo- nes aspiraciones bastardas. Los reinos de an- i taño permanezcan en los cementerios de l a Historia. Eso es un asunto terminado en las vísperas de la expedición de Cristóbal C o lón a las Indias. E n este- Nuevo Mundo, que es una completa prolongación peninsular (hablo de las Repúblicas hispánicas, naturalmente) no se sale del asombro del famoso Estatuto catalán, que es. una negación, de l a unidad española. Estatuto que no podrá -hacer otra cosa que presidir la decadencia de. C a taluña y su retroceso. Por lo menos, en América nadie está dispuesto a elegir el dialecto catalán como idioma oficial y vulgar para reemplazar al lenguaje castellano, que se habla con orgullo y apasionadamente. E n América fracasarán todos los viajeros- comerciales (eí hombre del baúl, de Ortega Mutulla) qué se presenten hablando lenguas regionales de limitada difusión. Robustecer la cordialidad regional, asegurar la libertad de pensamiento, proteger la cultura espiritual, reducir los gastos públicos, incrementar la riqueza campesina, fomentar la alta industrialidad, hacer del ciudadano un ser educado incapaz de tener relaciones con el Código, penal, vigorizar el concepto de potencialidad del país en el exterior; en suma, dar nuevos bríos y mayores pujanzas a España, es todo lo que se necesita, Sr. Lerrcux. Se quiere que sé gobierne bien, sabia y tranquilamente. Nada más. 1, 1 Esa designación parece indicar el criterio del Gobierno actual en una materia que el jacobinismo desenfrenado del Sr. Azaña trató con su torpeza habitual. H a y que felicitarse de ello, pues nunca es tardía una reparación si satisface plenamente al agrá viado. L a propio de todo país organizado jurídicamente es que cada elemento social ocupe el puesto a que le destina su función. N o se puede negar, sin embargo, el principio de que la política gobernante tiene derecho a salirse de ciertas convenciones, por respetables que parezcan, para la designación de ciertos cargos que deben responder a su confianza, utilizando prestigios y aptitudes no clasificados en ningún escalafón. Ese principio ha regido aquí y fuera de aquí a propósito de la alta diplomacia. Pero ya decía Julio César que si se viola alguna vez la ley debe ser para imponer la evidente superioridad de quien la conculca o i n- fringe. Porque, ¿se nos quiere decir qué beneficios ha reportado España de un método de reclutamiento del personal diplomático, que excluye sistemáticamente a los hombres que han demostrado su idoneidad, por la simple sospecha de que fuesen monárquicos? Monárquico era el Sr. Zulueta hasta la víspera del advenimiento de la República, y ala diestra de D Melquíades Alvarez estuvo esperando lo que debía otorgarle, un poco más tarde, su parentesco con el Sr. Besteiro. A nadie sorprendió, pues, porque nadie supera el celo del catecúmeno, que el digno alumno de la Institución Libre de Enseñanza, vivero de cucos, que siempre encuentran una nómina propicia que les com- pense- de los desvelos- pedagógicos, a nadie sorprendió, decía, el que D Luis de Z u lueta entrase, hacha en mano, en el personal diplomático con la furia del ¡lanero cubano en la manigua. E n vano. se le hizo ver lo absurdo de aquel procedimiento. E l ministro de Estado, que ha hecho del silencio eí penacho de su incompetencia, no supo qué contestar en aquellas circunstancias, -y mantuvo la radical medida que excluía de. la carrera a no pocos funcionarios, que han tenido siempre el buen sentido de posponer sus ideales políticos al servicio de la P a tria. ¿V a el Sr. Lerroux a enmendar aquel abusivo criterio? Debemos esperarlo de su clarividencia y de su templanza de carácter. L a revisión de los expedientes para- el reingreso en la carrera no puede hacerse con estudiada lentitud, sino con. la misma, premura, por lo menos, que puso el Gobier- no del Sr. A z a ñ a en consumar una injus- ticia. demasiado flagrante para que subsista. MANUEL BUENO EL BACHILLER Valparaíso, ALCAÑLCKS VÍCTOR PRADERA