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para satisfacer las espontáneas inclinaciomás intencionado, si se tenía en cuenta que nes de su corazón a l elegir esposa, desperla calumnia habírt señalado como inductor tara grandes entusiasmos. L a enjundia de del asesinato del conde de Reus al duque de hidalguía franca y jugosa que fué siempre Momtpensier. substancia del alma española permanecía l i L e contestó D Francisco Silvela con frabre aún de perniciosos contagios. Todavía ses muy breves, alegando que lo hacía en no se había iniciado n i por asomo l a invaaquella forma porque en realidad no tenía sión que padecemos ahora de modernismos nada que contestar. enrevesados e. incomprensibles, que acabaMoyano, a pesar de que figuraba como rán, si su marcha asoladora no se contiene, componente de los residuos del antiguo parcon los vestigios que quedan del rico tesoro tido moderado, habló en nombre propio. V a espiritual que fué en todo tiempo patrimoliente y entero, pero cortés y circunspecto, nio selecto de nuestra raza. se opuso, porque, según su parecer, el casamiento no reportaba beneficios a l a nación, Desdé el día feliz de la boda hasta la sen i en la política internacional n i en l a i n gunda decena del mes de junio la dicha más terior. Flageló duramente al duque de M o n t completa sé respiró en el regio Alcázar. L o s pensier, recordando las campañas que en augustos esposos disfrutaban una luna de la Prensa y en el Parlamento habían hecho miel venturosa y afortunada. Y a lo hubiecontra él los mismos que ahora estimaban ra sido en el hogar más pobre y humilde, provechosa para él país la regia boda. S u porque el amor y l a juventud sana, cuando delicadeza c o n relación a la augusta novia se congregan, mandan con soberanía absofué caballerosa. E n uno de los pasajes de l u t a pero si a esos bienes inefables se añasu discurso decía lo siguiente: V o y a h a den l a riqueza y el poder, la bienandanza cer la protesta de que nada, al entrar a. rebasa los límites del más soñado deseo. examinar la conveniencia o inconveniencia Todos los actos del Rey demostraban gran de este matrimonio, está más distante de mi propósito como d i r i gir n i una palabra a la augusta infanta doña Mercedes. L a infanta doña Mercedes está completamente fuera de esta cuestión; los ángeles no se discuten Él conde de Xiquena, encargado de contestarle, lo hizo en términos tales, que se veía claramente su tendencia a dejarlo aislado, para que pudieran el día de mañana, como ocurrió, agruparse bajo la jefatura de Cánovas los restos que quedaban del partido moderado histórico. E l tercer turno en contra lo consumió el diputado sevillano don Lorenzo Domínguez, persona de gran respeto, pero que la enérgica repulsa que tuvo para el matrimonio real estaba inspirada, más que en razones de carácter nacional, en motivos derivados de las grandes antipatías que rodeaban al duque de Sevilla. Contestó Cánovas, haciendo el resumen del debate, en tonos elocuentes y elevados, demostrando que l a boda no podía ocasionar ninguna complicación política n i diplomática; pero l o hizo sin grandes entusiasmos, porque era cosa conocida en todos los Círculos políticos de M a d r i d que había tenido que violentar mucho su criterio para estar de acuerdo con la determinación del Monarca. E l partido constitucional, acaudillado por Sagasta, guardó silenD O N A L F O N S O X I I R E Y D E E S P A Ñ A (FOTO M O R E N O) cio ante un problema tan importante. Muchos imputaron. tan ex- rraño mutismo a que los elementos de l a contentamiento y satisfacción. Se consideraizquierda anhelaban ganar el ánimo del Rey. ba el más dichoso de los hombres. E l día 23 de enero de 1878. fiesta onoE n el mes de mayo recibió una carta; del mástica d e D Alfonso, se celeb -ó la cerearchiduque Federico de A u s t r i a condiscípumonia nupcial en la basílica de Atocha, que lo suyo en V i e n a en la cual le participaba hacía tiempo era el templo donde se dessu inmediato enlace matrimonial. L a misiva posaban los Reyes de España. estaba concebida en términos protocolarios y respetuosos. D o n A l f o n s o con l a amable L a Corte y el Gobierno festejaron él fausllaneza que fué uno de sus más simpáticos to acontecimiento con las solemnidades ofiatributos, le contestó: T e prohibo que me ciales y palatinas impuestas por el protocolo y la costumbres; las casas aristocráticas des majestad en tus cartas. Trátame como nos tratábamos en el Teresiano. E n cuanto más linajudas y opulentas abrieron las puertas de sus palacios y ofrecieron banquetes, -te cases, vente a M a d r i d con tu mujer, l a cual se hará en seguida amiga de la mía, saraos y recepciones suntuosas, y el pueblo, porque Mercedes es muy buena. Nosotros este noble y generoso pueblo de M a d r i d se cazaremos y charlaremos de nuestras cosas asoció alegre y regocijado al júbilo que de entonces. A s i pasarás una. luna de miel dominaba en todas las clases sociales, contan feliz como la que yo disfruto tribuyendo a la general complacencia con sus diversiones castizas, sus bailes tradicio ¡Q u é lejos estaría de su pensamiento que nales y sus expansiones sanas y netamente la muerte acechaba, alevosa y despiadada, madrileñas. para torcer su existencia, llena de. ilusiones, Y 110 es extraño que un espectáculo tan y trocar aquellos luminosos rosicleres en obscuridades tenebrosas y aciagas! L a vida, simpático como el que ofrecía el joven M o que, con todas sus contrariedades, es tan narca, apartándose de la razón de Estado hermosa cuando la acompañan Ta salud, el amor, la riqueza y la paz de la conciencia, ofrece contrastes tan inhumanos, que, si no buscáramos el refugio consolador de la fe cristiana, nos harían dudar de la justicia i n finita. Y este caso tristísimo ofrece una enseñanza desesperante, porque jamás estuvo el idilio más cercano de la elegía. E l 20 de junio se inició l a enfermedad que había de ocasionar el fallecimiento de la Reina. L o s partes oficiales que del 20 al 23 comunicaba el marqués de San Gregorio, decano de la Facultad de Medicina de l a Real Cámara, consignaban que la enferma adolecía de fiebre, vómitos, insomnio e inquietud, pero no pronosticaban gravedad ni peligro. Avisados los duques de Montpensier, que s e h a l l a b a n en Normandía, arribaron a M a drid, erl tren especial, el 23. Desde dicho día el padecimiento avanzó terriblemente, y el 25, a las tres de la madrugada, sé presentaron hemorragias intestinales frecuentes y copiosas, que pusieron en inminente riesgo la vida de la enferma. D e su lado no se separaba el Monarca, constantemente a s i s t i d o de las i n fantas Luisa. Fernanda e Isabel y de la marquesa de Santa Cruz. L o s alrededores de Palacio eran un hervidero de gentes de todas las clases sociales. Confundidos y mezclados aristócratas y obreros, inquirían con avidez noticias del estado de l a augusta doliente. Cuenta la Prensa de aquellos días, que las vendedoras ambulantes de la calle de Toledo, el más popular de los barrios de M a d r i d abrieron una suscripción para hacer rogativas religiosas en la iglesia de la V i r g e n de l a P a l o ma para que la joven Reina recobrara la salud. A r r i b a en los aposentos reales, Ja consternación era extraordinaria. Habíase celebrado consulta en la- mañana, y lo mismo los médicos de Palacio que los consultados- -unos y otros- flor y nata del protomedicato madrileño- -estimaron la situación extremadamente grave. E n la tarde, como cedieran las hemorragias, hubo un momento de esperanza. L a regia paciente parecía tranquila y sosegada. A la una menos cuarto de la madrugada del 26 se remitieron las evacuaciones sanguíneas, y el temor de que sucumbiera rápidamente asaltó a todos los doctores. A ratos perdía el conocimiento, que recobraba pasado el acceso de gran fiebre o debilidad, y en uno de esos intervalos de lucidez ella misma pidió, con la tranquilidad que es patrimonio de las almas puras y creyentes, que le administraran la Extremaunción. E l cardenal Moreno, arzobispo de Toledo, fué el encargado de cumplir tan piadosa m i sión, y como la observara muy serena y resignada, le preguntó: ¿Sentiría Vuestra Majestad dejar esta v i d a? Y ella respondió con acento firme: S i lo sentiría únicamente por A l f o n s o y por mis padres Tras de esta escena tan conmovedora cayó en un profundo letargo, precursor del no ser; y a las doce y cuarto de la mañana del día 26, sin estertores n i sufrimientos, con la paz de los justos, entregó su espíritu a Dios. E r a un espectáculo, desconsolador contemplar cómo en plena juventud, en sazón v i gorosa y espléndida de goces que prometían largos años de regodeo delicioso y de honrada ventura, l a fatalidad mataba para siempre lo que parecia perdurable. NATALIO RIVAS
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