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ABG -EN LONDRES La evolución de la opinión inglesa aríte el triunfo de ias derechas españolas M á s de dos meses han transcurrido desde que triunfaron las derechas en nuestras elecciones de noviembre, pero el acontecimiento no pierde interés ante l a opinión extranjera; al contrario, pesa más, conforme avanza el tiempo. Los hechos trascendentales que ocurren fuera de un país determinado tienen, dentro de él, una doble repercusión en primer término la de l a noticia ¡periodística, escueta o adornada con detalles, que publican los diarios y que es leída con mayor o menor avidez, m á s o menos Sensibilidad, por l a gran masa de lectores; y después, el significado profundo del hecho mismo, que se aquilata y se mide por los que orientan a la opinión. E s un fenómeno comparable al sonido y el eco, y en uno y otro caso, no es raro que el efecto sobrepase a l a causa, aunque ésta sea m á s visible y; aparatosa. Así, l a noticia del día. puede llegar a convertirse en el acontecimiento del año. Como e l suceso m á s alentador acaecido en. Europa, desde hace muchos a ñ o s califica The Engüsh Review, en su n ú m e r o de enero, a l a victoria de las derechas españolas. Aparecen esas palabras en la revista de política extranjera que en dicha publicación firma sir Charles Petrie, quien a ñ a d e Pese a los esfuerzos realizados para corromper al pueblo español, así en el orden moral como en el político, su civilización latina ha resultado suficientemente fuerte para resistir el intento de destruirlo, y los vencidos en l a lucha han sido los partidarios de l a revolución, no sus contrarios. Se ha visto claramente que l a segunda República no representa m á s que a l a minoría de españoles que la trajeron, E n tales circunstancias prosigue el escritor, sorprende leer en el Times, la afirmación de que el triunfo socialista en, Madrid está llamado a ejercer una i n fluencia estabilizadora sobre l a situación política. E l aserto nos lleva a pensar si el Tunes t r a b a j a r á por el triunfo de los socialistas el próximo mes de marzo, cuando se celebren las elecciones del County Council de Londres- -organismo algo semejante a nuestras Diputaciones provinciales- por considerar q u e e s a victoria estaría destinada a ejercer una influencia saludable en Inglaterra L a verdad del caso es, como tuve ocasión de señalar en un artículo reciente, que l a actitud del Times, respecto a España, ha acabado por provocar l a indignación profunda de los conservadores ingleses. Les indigna que un diario, defensor durante siglo y medio de ideales derechistas, enjuicie, con benevolencia extremada, una serie de hechos cuya posible repetición en Inglaterra excede los límites de l o imaginable. E n el mismo n ú m e r o de The English Reviera, otro publicista inglés de primera fila, Douglas Jerrold, dedica un comentario oportuno a los puntos de vista del Times; alude a l a victoria de nuestras derechas precisamente para censurar, con m á s motivo, l a postura de ese periódico, y a continuación dice: L a actitud del Times frente al ignominioso r é gimen que acaba de terminar ha ido bastante m á s allá de esa tolerancia indiferente, pero complaciente, a que nos tiene acostumbrados. S i en Inglaterra surgiese un régimen, como el que España ha tenido que sufrir, desaparecería todo lo que el Times representa. Sostener, como ha sostenido con frecuencia la Prensa inglesa, que un régimen ya desacreditado, causa de tantos males para España, representaba el progreso del pueblo español, era, no sólo insultante, sino, como han demostrado los hechos, absurdo. E l régimen fué. establecido por un golpe de Estado, y ha sido destruido por el primer voto que emiten libremente los electores. Afortunadamente, nuestra actitud frente a esa banda de conspiradores inquietos, no ha impreslonado a los españoles pero ha inferido grave daño a nuestro prestigio en el extranjero, provocando dudas sobre l a sinceridad de nuestras simpatías monárquicas y tradicionalistas Esto debe interesarnos, porque refleja la evolución verificada en el pensamiento i n glés acerca de lo ocurrido en España. L o que fué, m á s que tolerancia, benevolencia decidida, se ha convertido al fin en desaprobación total por parte de un sector muy importante del p a í s y es de notar que la primera actitud de muchos ingleses, explicable, aunque no excusable, tuvo perplejos a sus amigos y admiradores. Se explicó por la indiferencia de algunos ante las vicisitudes de E s p a ñ a por l a ignorancia de la may o r í a por l a apatía, inacción o inexistencia de organismos derechistas que influyan sobre l a opinión como lo hacen las A s o ciaciones sectarias. N o olvidemos tampoco que Inglaterra es protestante, y que durante los últimos años, en E s p a ñ a se ha perseguido al catolicismo, lo cual no eximía a los protestantes británicos de l a obligación de saber que tras esa persecución sufrida por los católicos había un ataque a fondo contra los ideales cristianos. A u n teniendo en cuenta todo esto, no es fácil hallar excusa para- la actitud adoptada primeramente por muchos ingleses, y mantenida por a l gunos todavía, frente al cambio de régimen en nuestro país. A l principio, aquel hecho tuvo los caracteres de una incógnita cargada de amenazas, por lo que sobraban las palmaditas en el hombro. Despejada rápidamente l a incógnita, causó extrañeza ver a una nación que odia los cambios violentos, ama l a tradición, mantiene una ordenada disciplina, respeta a la ley, administra justicia verdadera y permanece fiel a las instituciones, mirando con ojos de favor a una política que sólo debía inspirarle repugnancia invencible. Pero el tiempo ha sacado a relucir l a causa directa de esa inconsecuencia, lograda por medio de un esfuerzo organizado para engañar a l a opinión británica y, sobre todo, a los llamados a i n formarla. Douglas Jerroid pone el dedo en la Haga cuando escribe, refiriéndose a E s p a ñ a N o es l a primera vez que se intenta movilizar a l a opinión mundial mediante una propaganda cuidadosa, presentada bajo la apariencia de estudios imparciales y académicos sobre l a situación existente en un país. Desde el siglo x i x ésta ha sido una de las armas m á s potentes de l a revolución. S i n embargo, es hora ya de que los escritores conservadores se. abstengan de auxiliar tal propaganda, haciendo suyas las premisas falsas que sustentan la filosofía revolucionaria. L a primera de ellas es la doctrina del progreso automático, con l a ob igada secuela que encierra la frase no podemos retroceder Este. absurdo palpable se cubre con una tenue capa de cámelancia científica, diciéndonos que el mundo se halla en estado de evolución E l mundo, claro está, no es un organismo, y en tanto que las civilizaciones siguen una ley de desarrollo, ese ley indica un período de actividad creadora, un período de madurez, y un período de decadencia rápida y continua. Rechazamos esta teoría como necesariamente cierta respecto a todas las civilizaciones; pero es indudablemente exacta en cuanto a todas las civilizaciones que el mundo ha conocido, y si nos colocamos en la postura fatalista, tenemos, para ser ciennficos, que aceptar l a decadencia final, y no el progreso continuo, como ley a l a cual se ajustan las civilizaciones. L o que al menos es cierto es que la suerte de las Sociedades organizadas es en extremo azarosa, que ninguna, hasta ahora, ha evitado el desastre, y que si las Sociedades no pueden de hecho retroceder por estar obligadas a derivar con las tendencias del momento, der i v a r á n hacia l a ruina. Estas palabras dan en el blanco como flechas certeras, y el blanco es l a argumentación de los que, en E s p a ñ a y en. Inglaterra. han s s e i o fá cfíder. cífc o t nd ultima de h ¡revolución española, su excelencia como medio supremo de progreso, y su inevitabilidad como secuela lógica de las tendencias imperantes en nuestra época. L a asiduidad con que se han difundido estas idioteces pomposas, y el empeño en sostenerlas contra l a evidencia de los hechos, obedecen- -no faltan pruebas para afirma. rlo- -a una campaña organizada por elementos interesados en l a consolidación definitiva de una política ruinosa para España. Pero nunca nos cansaremos de lamentar que determinados órganos derechistas, publicados en el extranjero, se hayan dejado influir por, fuentes de información evidentemente sospechosas, o no hayan tenido las claras l u ces que son precisas para descubrir l a ver- dad y ofrecérsela íntegra a sus lectores, L u i s ANTONIO B O L Í N Londres. LOS ANIMALES WAGNER DE No creo ridículo su dolor; en querer a un perro o a u n hombre, la diferencia no es muy grande; lo bueno es amar. (Flaubert, en una de sus cartas a la señorita de Chaníepie. i Cuidado, que no voy a hablar de aquel famoso dragón con el que supo acabar la espada de S í g f r i d o! Otros animales son los que van a ocuparme; no hijos de l a fantasía, sino seres vivientes, que dieron interés a un hogar conturbado, y que d u rante el primer matrimonio del compositor, ilustre, a falta de hijos, sirvieron de enlace entre M i n n a y Wagner, cónyuges desavenidos a causa del contraste de la vulgaridad femenina, quizá mal soportada por el marido, y del poderoso genio de éste, tal vez poco admirado por l a esposa. U n loro, llamado Papo; un perro, Peps, y luego otro, Fips, fueron los pequeños actores que intervinieron en las comedias y dramas familiares, resultando así útiles para aproximar dos corazones humanos que no acertaron a amarse, pero que, amando al loro y a los perros, encontraron extrañas fuentes de afecto unidas por tales animalejos en un cauce común. E l loro era un portento. Minna le h a bía enseñado a hablar y a cantar. Cuando Wagner subía l a escalera de casa le conocía de lejos y entonaba con su timbre gutural y agrio los últimos compases de l a Sinfonía en do menor o los primeros de la Octava en fa mayor, ambas de Beethoven, o alguno de los alegres motivos de l a obertura de Rienzi. Otras veces, desde el salón, llamaba a su dueño, gritando: ¡R i chard! ¡Richard y si éste no acudía v o laba hasta el despacho, se posaba en l a mesa, jugueteaba con plumas y papeles de manera inquietante según decía el maestro, o estaba largos ratos inmóvil, mirando fijamente al célebre compositor dar rienda suelta a su inspiración al escribir. W a g ner, inclinado a interpretaciones de cosas difíciles, pensaría que l a mirada del animal tenía algo misterioso cual la enigmática del buho de Minerva. ¿I n s p i r ó Papo a Wagner l a idea de que las aves pudieran hablar cantando en medio de l a selva? L a muerte del inteligente loro fué en aquella casa un desconsuelo. Coincidió con la terminación del manuscrito wagneriano Opera y Drama, del cual había sido Papo mudo colaborador. Parecía que el animalito esperaba tal fin para caer yerto al suelo. L a pena de su marido Ja compartió Minna. E l afecto común que ambos dedicaban a sus animales domésticos f u é durante largo tiempo el lazo de unión en s u existencia conyugal (Wagner. E l perro Peps exige párrafo asarte, N
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