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A B C. D O M I N G O 4 D E F E B R E R O D E 19 34. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G 23. P A R A U N OBSERVADOR I M P E R T I N E N T E Nuestra réplica de ayer al suelto publicado en el querido colega la Nación y que aparecía firmado con el seudónimo notoriamente arbitrario de un observador imparcial, estaba motivada no por la necesidad dialéctica de controvertir cosas sin fundamento e impertinentes, sino por razón de la persona a que se referían. Nadie puede ignorar, en efecto, el cariño y la admiración que nos merece la persona y la obra de Federico García Sanchiz, a las cuales ha colmado A B C en estos últimos años de loas tan entusiasta y reiteradas, que jamás- -podemos decirlo con absoluta justicia- -artista alguno ni escritor, ni otra figura de las que viven en contacto con el púbiico, tuvo en la Prensa trato que superase, ni siquiera igualase en solicitud devota, al que nosotros damos siempre al genial charlista. No era necesario insistir sobre esto, que pueden atestiguar hasta la saciedad los cientos de miles de lectores de A B C. Pero insistimos hoy para ver si se entera el observador de que la réplica que ayer le dedicamos no la merecía él. Tampoco merecería la duplica presente, si no fuera porque, sugestionado acaso por nuestro bautismo, que le ha descompuesto el seudónimo y la serenidad, se lanza despreocupadamente y con insensatez por los vericuetos de la impertinencia. Ante ¡todo, el observador de marras debe saber que no hay tal redactor de A B C con quien encararse, eludiendo los caminos claros de la polémica. De cuanto se publica sin firma en los periódicos es responsable su director. Sepa, pues, el impertinente que nuestra réplica de ayer no era de este ni el otro redactor, sino de A B C y que A B C le contestaba en aquellas líneas. Como es A B C quien le contesta hoy al decirle que la impertinencia le abulta las imágenes al observador, porque sólo así se explica tenga nada menos que por una campaña las dos o tres columnas que en dos veces dedicamos a reseñar las conferencias de D. Federico Santander. Nunca dije yo- -añade el enmascarado- -que se hiciese el silencio en torno a las conferencias del Sr. Santander. Contra lo que protestaba el impertinente, y nada menos que en nombre de la Justicia, es contra el hecho premeditado y repetido de conceder a la tentativa honrosa, pero no muy afortunada, de un imitador de García Sanchiz, la misma atención e idénticos honores que al creador de las charlas; no sólo creador de ellas, sino inimitable y con la historia de unos cuantos años de triunfos en todas partes. A lo cual tenemos que responder que cuando el Sr. Santander lleve varios años obteniendo de A B C los cientos de columnas que a Sanchiz hemos dedicado, podrá con razón ¡decir que a los dos damos el mismo trato. Añade el autor del suelto que A B C, a pesar de su legítima y enorme autoridad, no pudo convencer al público de que asistiese a las conferencias que tanto ponderaba. Puesto que así lleva de minuciosa y cominera la cuenta el observador a la concurrencia que el Sr. Santander logra para su conferencia, debía saber que, en efecto, algo debió pesar A B C y algo pueaen sus elogios cuando a la primera charla del Sr. Santander acudió medio teatro, y en cambio en la segunda se llenó éste por completo. Y otra prueba de lo que representa el eco que A B C presta a la obra de un artista lo encontrará el impertinente en que cuando Sanchiz comenzó sus charlas tampoco veía lleno el teatro, mientras que ahora, después de muchos años de prodigiosa labor- -concienzudamente y con justicia recogida en A B C- -logra para sus actuaciones ios llenos que son notorios. Claro está que en. uno y DON A L E TRANQUILO -N O H A Y CUIDADO: MARTÍNEZ BARRIO 191 LO SABRÉ Y O Í ESTA PREPARADO PARA TODO Y A L A ESPÍ 3 SA, en otro caso- -en el de Santander, como en el de Sanchiz- -nada hubiera conseguido el tornavoz formidable de A B C, si ambos ilustres literatos no ofrecieran positivos y eminentes méritos intrínsecos sobre los cuales cimentar la propaganda de los mismos. En fin. Como lo que nos subleva es el que se nos califique de injustos y a e ingratos para García Sanchiz, en quien es evidente que podemos, ufanarnos de ver en gran parte una obra nuestra, cimentada en los privilegiados méritos del genial charlista, coronada con el triunfo personalísimo de éste, terminamos haciendo juez de esta polémica al propio Sanchiz, nuestro ilustre colaborador. A Sanchiz, pues, requerimos con la autoridad que nos da cerca de él nuestra amistad para que con su finma diga lo que haya en eso de la gratitud que le debemos. Basta ya de oficiosidades indiscretas de los intermediarios impertinentes. V E L T R I B U N A L D E GARANT 1 AS La sesión de ayer Se abrió la sesión a las cuatro y media ele la tarde, bajo la presidencia del Sr. A l bornoz. Leída y aprobada el acta se dio lectura a la ponencia sobre convocatoria para oubrir el cargo de oficial mayor. Proponíase en ella abrir un concurso para provisión definitiva entre funcionarios del Estado con TEATRO IXOREIVS Hoy la gran producción Fox Secciones, a las cuatro. Vermut, a las 6,30 Soche, desde las 8,30 PEREGRINOS título de abogado y edad comprendida entre veinticinco a cincuenta años. El Sr. Alcón solicitó que se modificase la condición del título, estableciendo el requisito de categoría de jefe de Administración cor. sueldo no menor del jefe de Administt ación de tercera en plantilla. E l Sr. Taltabul sostuvo tesis análoga a la del señor. Alcón y el Sr. Pradera insistió en su criterio de la sesión anterior acerca de la improcedencia de limitar el máximo de edad. Después de intervenir otros señores voca- les se acordó modificar la ponencia en el sentido de la propuesta del Sr. Alcón, quedsndo aprobada. E l señor presidente hizo una relación de las gestiones practicadas para dar una solución a la situación insostenible del T r i bunal. Leyó al efecto una carta que dirigió, al señor presidente d? T Consejo, exponiendo aquella carta que en la fecha no había tenido todavía respuesta, oficial. Añadió que en el día de ayer había leído en la Prensa unas manifestaciones del presidente del Congreso acerca de la imposibilidad de realizar obras en eí edificio del Senado, manifestaciones que estimó inadmisibles, pues las condiciones de aquél se adaptan tanto a las necesidades del Tribunal que las obras son innecesarias. E l Tribunal ha de continuar en consecuencia en la angustiosa situación en que hoy se encuentra, por lo que es legítimo el disgusto de todos los vocales que no pueden en el estado presente dar impulso a la obra que les ha sido encomendada. No queda por el momento al Tribunal otra actitud que la de redoblar su actividad para que repercutan en la opinión sus actuaciones y se salve de la desconsideración que hubiera podido caer contra su voluntad. A l efecto, propone que se vayan despachando aquello asuntos que el pleno pueda examinar poj sí mismo y el referente al Reglamento interior, debiéndose formar para Ja próxima