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La Tuna Universitaria de- Mad d. fesionales, se obstino en cultivar un sensacional i smo anticuado y burdo, complaciéndose en la rrroseria y en eí descaro, insistiendo en una extravagancia pobre, aparte ese constante desbarrar en materias artísticas o simplemente culturales. Tam j: j. -n! honra mucho que digamos el desenfado con que lleva su enchufismo De monumentos se hablab? Sin que aspire yo a aleccionar- ¡guarda, que es podenco a aleccionar a nadie, creo qií e todo hombre, y en especial las figuras notorias, deben ir haciéndose su propio monumento, según adelantan en años y en prestigio, hasta aparecer como un símbolo entre las. nuevas generaciones. Pienso en D Juan V a l e ra, en Galdós, en Víctor Hugo, en el supremo modelo de Goethe- -Goethe, a qtiien sí que le hablaba Roma- Porque, en el fondo, mi señor D Ramón, será muy triste; qué la juventud no venere esas barbas, confundiéndolas con las de un espantapájaros, y que haya maliciosos que repitan que lo del brazo no fué en Lepante FEDERICO G A R C Í A SANCHIZ BUEN LI 1 D A D O R E n aquella, como en todas las capitales de la risueña, patriótica y feraz Andalucía, se habia progresado extraordinariamente en estos s; ete años inolvidables, que cada partido Momento de ser impuesta a la bandera de la Tuna Universitaria de Madrid la corbata califica a su modo, cosa que no es de e que le ofreció el cuadro artístico El retablo de Mdese Pedro y bordaron las Mñofiias x t r a ñ a r ya que cada uno habla de la feria según le fué en ella. L a pavimentación y que forman parte del mismo. Foto Díaz Casariego. saneamiento del subsuelo, el alcantarillado, las aguas abundantes esterilizadas, el trabajo y el sosiego, habían hecho disminuirla mortalidad en tal proporción, que en las tulias provincianas en la fjx corte. ¿Q u é? boticas y funerarias no se vendía ana esbas se convirtiesen en hierba, no el caballito ¿Q u e ha escrito bellos libros? ¿E s que no coba. ni el caballote francorruso, sino el de Padua pueden escribirlos los aldeanos? A m á s de y el de Venecia, junto con el de Roma, meCon tan fausto motivo, don Dimas Corneque al escribir, este aldeano era el clásico recerían regalarse con el extraordinario pasjo, propietario del establecimiento de pomcontrabandista rural. O j o los carabineto. S i les apetecía, que lo dudo. pas fúnebres L a Esperanza, estaba pasando ros! Y no yo, pobre d e- m í todos los grandes una borrasca económica, que más que boartistas, desde su inmortalidad o en su pres- ¿Queréis una prueba del aldeanismo de rrasca- parecía un tornado, razón por la cual tigio contemporáneo, desafían al señor D e l D Ramón, por si no bascase su nostalgia del no cumplía con sus acreedores. Figuraba en Valle- Inclán a que demuestre que las menpueblo, en medio de la grandeza de la urbe tre éstos don Manuel Perruca, hombre rico, cionadas esculturas del siglo x v m y del x i x por antonomasia? Acordaos de su lección ordenado y bonachón, propietario del inmueson superiores, ni siquiera comparables, a lo- -otra lección- -a uno; opositores a cátedras, ble donde estaba instalada L a Esperanza, mejor que produjo el Renacimiento. que, si no era un edificio bueno y suntuoso, cuando regresó a la r. atria. Todos los perióservía al menos para el objeto a que se le dicos la recogieron. V consistía en el comen- Otro hallazgo de la linterna en la supuesdestinaba, constituyendo además la morada tario a que figure i u estatua de Trajano en ta inspección del palacio olvidado. U n trasde don Dimas, personaje curioso, con tipo la famosa V í a del imperio. E l Emperador, to, un cachivache: yo mismo, señores. Dice y hechos de avaro judaizante, bizco de los nacido en Andalucía, está allí- -aseguraba el D Ramón que en la inauguración del monudos ojos, a quien sus con venemos conocían mento a los Quintero no debería faltar una insigne indiano óel T í b e r- -p a r a demostrar por el remoquete de Animitas. charla de García Sanchiz. Y no confiada al que a Mussolini no le inquietan los prejuigramófono, sino pronunciándola yo en percios del metequ ismo. Nadie ignora la reaDon Manuel vivía tranquila y holgadasona. E n efecto; si tuviese la honra de que lidad. Trajano, como Nerva, como César, mente con su familia, constituida por una se me otorgase esa comisión, procuraría como Augusto, fueron representados en la esposa digna, por una suegra algo endiablacumplirla sin escamoteos ni reservas. Los avenida en cuestión, porque ésta se encuenda y un tío carnal muy viejo, don Cayetano, hombres vulgares somos así. Todo lo contra enmarcada por cuatro forros, construido que era en aquélla casa una verdadera relitrario que los geniales, quienes un buen día cada uno de ellos por cada uno de los cuatro quia, de cuyo cuidado y limpieza estaba en. confiesan en público su desastre económico Emperadoras. D e esto, de la información de cargada Dolorcitas, mujer supersticiosa, hay anuncian el envío de sus hijos a un asilo, Valle- Inclf. n a la del baturro que reseña una bladora y entrometida, representante fiel de logrando conmover al Gobierno, que les conópera anto sus compadres, no va más que el ese tipo de criadas antiguas, que se creen cede un alto cargo, por ejemplo, el de direcacento regional. con derecho a mezclarse en todo y a opinar tor de la Academia de E s p a ñ a en Roma, y, sobre todo lo que en la casa donde sirven Recuerdo que ya entonces advertí de su en lugar de ir a ocupar esc puesto, honroso se trata. error a D R a m ó n y tal vez de ahí venga y lucrativo, se visten con ropas nuevas y dela alusión que me dedica a propósito del U n día entregó su alma a Dios don C a rlícanse a gastar el cimento tuyo y mío, lecmonumento a Tos Quintero. Pensó en el de yetano, haciéndole sus familiares un entietor, en la cabe de Alcalá. Roma. rro de primera, cuyo servició corrió a carDe esa calle afeada por tantos edificios P e r lo demias, ¿a qué preocuparse de las go de L a Esperanza. Transcurridas algunas que horrorizan a D Ramón del Valle- Incharlas, por el insigne escritor abandonadas, fechas, se presentó Animitas con l a factuclán. ¿P o r qué no se quedó en Roma? ¡A y desyués de un coqueteo sin consecuencias? ra, que ascendía a dos mil y pico de pesetas. Roma no le dscía nada al eximio escritor! D o n Ramón del Valle- Inclán ha ensayado- ¿Q u é le trae por aquí, don Dimas? -le A l diálogo con las piedras más ilustres y la conferencia en América. Y yo no sé a qué preguntó el dueño de la casa. evocadoras del globo, piefiere el mármol case deba; pero, siendo formidable el confe- -Saludar a ustedes, darles mi m á s senfeteril. Allá pasó inadvertido, para colmo. renciante y niuy aficionado al género el pútido pésame y preguntar si es corriente esta l o tenía m á s amigo que su chófer. Con él blico- -recuérdense los éxitos de Guillermo notita. dialogaba en el Corto. S i el reportero de la Perrero, Anatole France, Clemenceau, O r- -Venga. V o y a pagarle su importe. lección vuelve a consultar a su maestro, y le tega Gasset, etc. lo cierto es que nunca- -V e r á usted, don M a n u e l como yo le oye referirse a un cardenal, ya sabe que se acudía la gente los teatres donde se anundebo mucho m á s por alquileres, podríamos trata del mecánico, su confidente, al que el ciaba el ínclito literato de Flor de santidad. rebajar... egregio patrón confunde con un purpurado, Y de las Sonatas, Romance de lobos, los- -Bien- -le contestó, y sacando un legajo como suplanta al coleone con Pedro el GranEsperpentos y tantas otras bellísimas p á g i de recibos, le dio los suficientes para cande. N o entró Roma en Valle- Iñclán, pero nas Porque eso es lo doloroso que un aucelar la factura del entierro. Roma c u b r i ó en el su verdadera personaténtico- gran escritor, a quien debernos insís o habían transcurrido cuatro meses -lianlidad l a de un aldeano, cacique de las tertantes rnágicos y exquisitas enseñanzas prodo se murió la suogra, que, aunque no era 1 T n- iimnn