Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. J U E V E S 8 DE FEBRERO D E 1934. EDICIÓN D E ANDALUCÍA. P A G i d decir sino aquello que l a conveniencia del; momento político demandaba. P o r eso midió! las palabras de requerimiento a la minoría socialista, para que declarara en el salón de sesiones lo que dice fuera del Parlamento, en orden a sus aspiraciones revolucionarias; Palabras comedidas en la forma, pero de, gran energía en su fondo y que estrechaban cada vez más a los dirigentes del socialis- l mo, paria que expusieran su pensamiento. i ¿Cómo contestó el Sr. Prieto al discurso del presidente? Hemos de apartar de núes- tro comentario todo lo que se refiere a l a i parte espectacular del discurso. E l ex minis- tro socialista sabe bien qué recursos debe emplear pana obtener el aplauso de sus ami- j gos. Pero el hecho evidente es que en e l Parlamento no se expresó con aquella deci- ¡sión y claridad con que los líderes socialis- tas hablan en los mítines. A vueltas de que- J jas por la actitud del Gobierno, de acusaciones de traición para los republicanos quei ¡no quieren ayudar a una política sectaria y ¡de clase, de lamentaciones por el incumplí ¡miento de las leyes sociales y por la caída! vertical de los jornales en el campo, vino a i decir que los dirigentes del socialismo estaban rebasados por las mesas y que si se persis- tía en una política antiproletaria y antimar- j xista, l a revolución sería un hecho. Está: Condicional no se oyó jamás en los discursos mitinescos y apareció ayer en la Cámara. 1 1 1 mkió diciendo- -que es una falsa interpretación. Más tarde, los periodistas preguntaron al ministro de Trabajo si uno de los puntos acordados en el Consejo de anteayer era el declarar fuera de la ley al partido socialista. -Y o sólo puedo decir- -contestó- -que el Gobierno tratará de conocer la postura de ese partido político, y, según lo que ellos digan, así obrará el Gobierno; pero, mientras, nada más puedo decir. I m p o r t a n t e s a c u e r d o s d e la m i n o ría r a d i c a l Se reunió ayer mañana la minoría radical, bajo l a presidencia del S r Guerra del Río. Facilitó l a referencia! D Emiliano Igle- ias, y dijo que se había estudiado la cuestión política en relación con los demás partidos de l a Cámara, y, después de oír con suma complacencia las manifestaciones que hizo el ministro de Obras Públicas, la minoría acordó, por unanimidad, solidarizarse con las directrices del Gobierno, así como ratificarse de una manera emocionante en su adhesión al Sr. Lerroux. Y a ausente el ministro de Obras Públicas, Continuó l a sesión, exponiéndose por distintos diputados l a necesidad de que para afrontar con entusiasmo, como corresponde a las circunstancias, todas las incidencias que pudieran surgir, es de absoluta necesidad que la política preconizada por el partido, cuando se hallaba en l a oposición, se lleve resueltamente a la práctica, para que los afiliados y los simpatizantes tengan l a interior satisfacción que permita utilizar l a formidable fuerza de opinión que representa. Se acordó, por unanimidad también, facilitar todos aquellos medios que el Gobierno necesite contra cualquier movimiento de transgresión, esperando que el postulado democrático de igualdad ante l a ley, sin excepción alguna, se haga efectivo, porque es preciso para dar a l a opinión española l a seguridad de que cualesquiera que sean las amenazas o los intentos de chantage político que se produzcan, pueda confiar tranquilamente en el Poder público. Se autorizó al Sr. Peiré para presentar una proposición de ley, de índole militar, en armonía ton las aspiraciones del partido radical, y ajustadas al criterio que sobre ellas tenga el ministro de l a Guerra. L a minoría se volverá a reunir el viernes, a las dos de l a tarde. E l d e b a t e U n a sesión i n t e r e s a n tísima Se planteó el debate político de ayer de una manera extraña. Reanudada l a discusión- del proyecto de ley de Intensificación de cultivos en Extremadura, los diputados que habían ocupado sus escaños en espera de l a discusión política, se vieron decepcionados. Se presentó después una proposición incidental sobre el orden público para que cesen los robos, asesinatos y perturbaciones de todas clases que vienen sucediéndose en el momento actual. Se vislumbró ya al defender esta proposición su autor, el Sr. Alvarez de L a r a que el debate habría de encauzarse y que sólo se necesitaba una declaración del Gobierno para darle estado parlamentario. Y l a hizo el Sr. Lerroux, manifestando que el Gobierno esperaba, antes de dar su opinión, que alguna o algunas de las minorías lo hicieran por. medio de sus representantes. E n este momento la Cámara estaba rebosando y la impaciencia era general. E l Sr. G i l Robles pidió la palabra y con ello comenzó, en realidad, la tan esperada discusión de carácter político. Recogemos en el extracto de l a sesión todos los incidentes, que fueron, muchos y ce interés, habidos en el curso de la sesión. Pero parece conveniente subrayar algunas de las actitudes y algunas de las afirmaciones que durante el debate se produjeron. E n realidad, en el fondo de l a discusión de ayer se agitaba un deseo, que se expresó claramente en el curso del debate: el de conseguir que se exteriorizara una discrepancia entre el ministro de l a Gobernación y el presidente del Consejo para que la c r i sis quedara planteada en el acto. Este, deseo palpitó en el discurso del Sr. Prieto, y muy particularmente en el de D Miguel M a u r a en el ánimo de quienes oían a uno y a otro se afirmaba la creencia de que ambos deseaban la posible conjunción de un Gobierno de izquierdas. E l Sr. Prieío, para que aplacara, según sus frases veladas el anhelo revolucionario. E l Sr. Maura, para impedir a todo trance el auge actual de las fuerzas genuínamente conservadoras. Pero, anticipándose a los discursos del ex ministro socialista y del ex ministro conservador, habían hablado con claridad meridiana los señores G i l Robles, Martínez B a rrios y Lerroux. E l primero, en una intervención breve, para declarar que n i atenta ni atentó nunca, a la dignidad del Gobierno; que se atenía a la declaración ministerial v no tenía por qué variar de posición, en tanto que no anticipara otra declaración del Gobierno; y que si l a posición del ministro de la Gobernación era l a de que no se encontraba con fuerzas suficientes para hacer frente al problema del orden público, él tenía que decir que no podría otorgar su confianza al Gobierno. Afirmó el Sr. Martínez Barrios que el Gobierno se encontraba en unánime estado de espíritu para desarrollar su política con plena libertad cíe iniciativa y que sus declaraciones obedecieron a Ja alarma que sintió de que esa iniciativa no fuera completamente libre. Añadió que las palabras de subversión salían de un sector y de otro, y el Gobierno tendría que pedir medios para oponerse al espectáculo de incontinencia de bocas y plumas que se está dando de un modo lamentable. Contando, con l a autoridad plena de l a Cámara podía dar al Sr. G i l Robles l a absoluta seguridad de que el Gobierno sabrá openerse a cualquier subversión de. la calle. E l Sr. Lerroux, que le siguió en el uso de l a palabra, pronunció un discurso de gran alcance político y de extraordinaria claridad en cuanto a l a postura del Gobierno, frente a las amenazas revolucionarias. Puede decirse que el jefe del Gobierno logró el asentimiento d e toda l a Cámara, excepto del sector socialista y sus aliados de extrema izquierda. Cuando denunció ante el país los manejos revolucionarios y los preparativos que se hacen para el asalto del Poder encontró frases acertadas y precisas para hacer patente la finme resolución del Gobierno de oponerse a l a subversión, por todos los medios que tiene a su alcance; y aún recordó, de una manera episódica, frases suyas, en las que afirmó que para garantizar el orden público y el principio de autoridad, no vacilaría en los medios más extraordinarios. E n el aplauso fervoroso y prolongado con que l a Cámara recogió estas manifestaciones terminantes del Sr. Lerroux, se vio con toda su fuerza pujante el deseo ferviente de España entera de oponerse resueltamente a cualquier movimiento revolucionario que había de ir contra la vida misma de la nación. A l tratar del tema político, el Sr. L e r r o u x insistió en la íntima compenetración de todos los ministros y afirmó que el Gobierno sólo se iría del Poder por una derrota parlamentaria. Puede decirse que el Sr, L e r r o u x se sometió a. una rígida disciplina mental pana no- Leída una proposición de confianza para el Gobierno, firmada por el Sr. Salazar Alón- so, el Sr. Ventosa pidió la palabra para explicar su voto. Este discurso fué modelo de. claridad y de sentido común. E l Sr. Ventosa; declaró que en las quejas fprmuladas por eiJ Sr. Prieto no había ni una sola que tuviera; rango para producir l a hondísima perturba- 1 ción social que intenta la minoría socialista. Con un profundo sentido democrático, el se- ñor Ventosa recordó cómo el voto de las elecciones municipales de abril provocó um ¡cambio de régimen nada menos, sin que a; nadie se le ocurriera considerar ilegítimo e l resultado del sufragio y cómo en las eleccio- l nes- del año 31, de las que surgió el Parlan mentó constituyente, fueron acatadas y res: petadas por el pueblo español. Ahora, en lasl; últimas elecciones, se ha manifestado tam bien libremente la voluntad popular. Puede haber algún hombre demócrata que esta ex- presión libérrima la considere atentatoria ai; sus ideales? E s a es la actitud del partido socialista, que no tiene inconveniente en i r a la revolución porque el sufragio electoral ha ¡dado sus votos a representaciones auténti- cas de las derechas. ¿Cómo puede afirmarse! que unas Cortes plenamente- legítimas no pueden revisar una legislación de otras Cor- tes anteriores? N o podrán revisar l a Cons ti- tución, sino por medio de los cauces lega- les, pero sí imponer a la política general del país otro sentido del que predominó en las Cortes constituyentes. 1 1 Encarándose con l a minoría socialista, el Sr. Ventosa le pidió que cuanto antes se lance a la revolución, porque un país no puede vivir sin quebranto enorme de su economía y de su desarrollo, con la constante amena za de movimientos subversivos que depri- r men todas las energías vitales de una nación, Tras las explicaciones de sus votos de. los señores Santaló, de la Esquerra republica na, y del Sr. Martínez de Velasco, jefe agrario, surgió un momento de una gran intensidad, verdaderamente dramático. H a s ta entonces el debate había sido interesante, pero quedaba descartada ya cualquier consecuencia política. Ahora, al intervenir nuevamente el Sr. G i l Robles para aclarar algunos extremos de los discursos de! presidente y del Sr. Prieto, hubo un instante en que pareció que cuajaba el propósito del señor Prieto de producir en el Gobierno e quebranto de una crisis. Fué aquel en gud. 1 i 1
 // Cambio Nodo4-Sevilla