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DIARIO ILUSTRADO. AÑO SIMO. 10 TRIGÉCENTS, NUMERO M F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A ABC DIARIO SIMO. ILUSTRATRIGÉCENTS. 10 DO. AÑO NUMERO Eli C A M I N O D E LA C 0 N T RA R R E VO L U CÍ O N ¿Qué intentáis contra el más poderoso de lds Monarcas? ¿P o r qué empeñaros en despedazar la nación en una lucha imposible? preguntaban siempre los ministros y generales de José Bonaparte al país, en proclamas y manifiestos. Para la mentalidad de afrancesado, el levantamiento, guerra y revolución de España tenía proporciones de disparatada e irracional empresa. ¡Pudiendo disfrutar de la tranquilidad napoleónica y apoderarse poco a poco de los puestos de mando, acatar primero al Rey intruso, aceptarlo después y colaborar lealmente con él más tarde, haciendo ese sacrificio en aras del bienestar nacional! ¡Verdaderamente era mucha la falta de sen tido y discreción de aquellos españoles frenéticos del- 8 al 13. Como tampoco les sobraba juicio, volviendo a la realidad actual, a los que recién proclamada la República, el 31, entre explosiones de fervor popular, se abstuvieron de colaborar en la obra antiunitaria, antirreligiosa y antisocial del sistema y la combatieron por toda clase de medios de publicidad y acción, exponiéndose a quebrantos sin cuento, y más de uno y de diez al daño definitivo. Los que se afrancesaron a primera hora les reprochaban agriamente el proceder tan indiscretamente. ¿Qué podían esperar frente a una invencible corriente nacional, de su obstinación imprudente? Sólo que ninguna experiencia histórica acaba de demostrar que las actitudes resignadas y sin excesiva dignidad sean las más eficaces, y, cosa desconcertante, ni siquiera las llamadas a ganar. H a y en. esto chascos y sorpresas concluyentes. E l de la guerra napoleónica de España fué nada flojo, y las elecciones últimas- -en su forma y manera populares, no en Ta falsificación subsiguiente- -tampoco ha sido pequeño. N o basta afrancesarse para acertar ni la orden de la berenjena creación del hermano de Napoleón, fué un salvoconducto para muchos infelices agraciados. Como tampoco lo han sido otras berenjenas posteriores. Casi parece que al contrario, seguir el impupso hondo del deber nacional, atravesar períodos. duros sin la inocente manía de estar siempre en el Poder y disponiendo de ¡los consabidos resortes, y perseguir honestamente una clara finalidad cuando lo inequívoco y bien perfilado del dañe dice netamente dónde está el remedio, sea en ta i mayor parte de los casos el mejor y tiiás práctico de los sistemas. A u n viviendo; a ratos períodos obscuros y de desesperanza. E n todo los enciclopédicos está lo de Guillermo el Taciturno: N o es preciso tener esperanzas para emprender ni confiar paira perseverar Y el Taciturno ganó la partida. E n la nueva etapa de la revolución española, algunos que mantuvieron antes opinióri decidida y resuelta, sin esperar remedios de la colaboración, cambian de camino, se afrancesan y entrr. n de Heno en los dominios del enemigo para influir desde dentro, como decían los conversos más madrugadores y eficaces del 15 de abril. Y en seguida empiezan a encontrar imprudente e ineficaz lo que ellos mismos han venido practicando estos dos últimos años. C a balleros, no empujar que dice el; señor dueño, a fuerza de codazos, de un lugar decentito en la cola. O preguntan, lo mismo que les preguntaban a ellos los del 15: S i no hacéis la contrarrevolución violenta ni colaboráis para mejorar, ¿queréis decirnos qué camino os queda? Pues queda, sencillamente, el que éstos excelentes amigos y todos los demás españoles nacionales recorrían juntos desde la revolución de abril; el que dio los curiosísimos y alentadores resultados de las últimas elecciones y está transformando en proporciones fabulosas el espíritu público español, y, sobre todo, el de los directores intelectuales de nuestra conciencia política, sin que ningún síntoma anuncie fracaso o detención siquiera; el que nos enseñan, con una proximidad de contornos providencial, los principales pueblos europeos. El. caminó de denunciar la revolución, ayudar a ver sus estragos y proponer los remedios radicales y precisos. L a creación de un estado de espíritu nacional patriótico y decisivo. Los sistemas de Gobierno, los regímenes y poderes de todas clases sólo perecen frente a una de esas fuerzas espirituales indomables, justas o injustas, que. empiezan por paralizar y medusar a los mismos encargados de representarlos y sostenerlos. Eso fué el 14 de abril, por encima de anécdotas y flaquezas, y eso fué la caída del Gobierno A z a ña, en el otoño pasado, y ahora la de Chautemps en Francia. Y llegados los instantes de saturación, propicias las circunstancias, los caminos y senderos del triunfo son i n numerables, como en toda operación humana. N o se está nunca en política ante una bifurcación inmediata y exclusiva de carreteras ti i tomando trenes de horario fijo y servicio limitado, mucho menos en los días agitados. ¿Y qué ha pasado en España que aconseje abandonar el camino de la lucha antirrevolucionaria? ¿Dónde están los intentos de restablecer la unidad nacional, el espíritu patriótico y militar, la concepción religiosa informadora antes de nuestra vida, o la paz social misma? De significar algo la absurda interinidad gubernamental es, a lo sumo, un descanso para las fuerzas revolucionarias, proporcionado por gentes en el fondo de toda su confianza, que les permita rehacerse y continuar. Operación clásica, analizada mil veces, a la que se invita a colaborar a las buenas gentes y en cuya tarea andan ya los neófitos del agro parlamentario. Operación indispensable, además, en todo empeño revolucionario, como el reposo al subir la montaña. E s que si no colaboramos, triunfará la revolución marxista concluyen los afrancesados para acabar de reducirnos. M a l a clase de razonamiento el que demasiado pronto deja cerrados trágicamente los escapes. Las chicas a punto de tropezar, también se dicen que, de otro modo, sólo les esperan la miseria, el abandono de los hermanitos pequeños. N o Triunfará la revolución en una u otra intentona, cuando el frente encuentre sólo una civilización, tan corta y sin ánimo de reforma, que a estas alturas confíe su vida a demagogos, atrofiados, gobernando ¡a ía hora de Stavisky! en el chapoteo de las maniobras de grupos parlamentarios civilización sin un grito patriótico y moral, encubriendo por mísera táctica lo que hay de mejor en ella, detrás de la jugarreta y el disimulo. De tal modo, que desembarazarse, de semejante combinación, en la que se deshace cada día buena parte de la fuerza de reacción española a beneficio inmediato de dos cosas tan vencidas y hasta concretamente caducadas en noviembre como el radicalismo histórico y el nacionalismo catalán de derecha, y, a la larga, de la revolución, constituye a la hora presente el primero de los empeños antirrevolucionarios. JOSÉ F É L I X LEQUERICA. LOS ESTUDIANTES Estas huelgas estudiantiles de tipo político son características de España, de los países hispanoamericanos y de. Ohina. N o las hay en Francia, n i en Italia, ni en A l e mania, ni en Inglaterra, n i en Jos Estados Unidos, ni en Bélgica, n i en Suiza, n i en Holanda, ni en los países escandinavos. N o hay algo que inmuniza a los estudiantes de estos países contra la agitación política? E l lenguaje no es sólo un medió de comunicación, sino el instrumento formativo del raciocinio, del entendimiento, del juicio y de la expresión, tan indispensable para el médico como para el ingeniero, el militar o el abogado. Este instrumento del lenguaje no se afila debidamente, sino con el Bachillerato clásico. E n el estudio de las lenguas clásicas, del latín, sobre todo, se va formando lentamente el hábito del orden, de la claridad, de la verdad, de lá precisión, porque todos los días, hace falta aprender a elegir la única verdadera de entré las varias significaciones posibles de un texto. U n bachiller español no ha estudiado más que seis horas de latín, es decir, dos cursos de tres horas semanales de clase. U n bachiller clásico alemán ha tenido que estudiar sesenta y ocho: cinco cursos de ocho horas semanales y cuatro de siete. Él lector puede imaginar la diferencia de los resultados. Verdad que Alemania es entre todos los países europeos el del Bachillerato más largo y más difícil. Pero en todos ellos, se dedica a las lenguas clásicas la misma, propor- ción de horas que en España se pierde en. la- enseñanza enciclopédica de materias i n formativas, curiosas ciertamente, pero que no forman el espíritu. Pongamos que son cien las horas de clase de un bachiller español y de uno europeo. Primer curso: tres semanales de Francés, seis de Aritmética, tres de Geografía; total, doce. Segundo curso, quince, y así, en los seis aúos, hasta cien. Pongamos también que son otras cien las de un bachiller europeo. Generalmente, son más que en. España, y el Bachillerato suele ser más largo, desiete u ocho años, en vez de los seis cursos españoles. Pero pongamos que las horas de clase de uno y otro son ciento. Pues nos encontraremos con que en el B a chillerato español se dedican sesenta o sesenta y cinco horas de clase a enseñanzas enciclopédicas, de esas que puede aprender el alumno curioso en una enciclopedia; veinte a las Matemática? y sólo iltiincc a los idiomas, de las cuales son nueve de Francés, a saber: tres cursos de tres horas semanales de i ÉL
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