Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
MUJERES EXTRAORDINARIAS LA CARA Y LA CARETA DE SARAH BERNHARDT A devoción de F r a n c i a por sus grandes figuras, lejos de decrecer y entibiarse, crece y se aviva noblemente. E n su ejemplaridad p a t r i ó t i c a m á s que u n nacionalismo f é r v i d o se encierra aquel sentido de h e g e m o n í a intelectual que hace de l a nación vecina l a segunda p a t r i a de todo espíritu curioso. E n t r e sus famas siempre en boga destaca la genial actriz, cuya vida, misteriosa y extravagante, resurge en el reciente libro de M a u r i c i o B a r i n g B a r i n g no es ciertamente un fino psicólogo, n i un paciente investigador, n i un vano y pedante erudito. Toda su obra es llana, clara, de simple narrador ameno. M á s que una biog r a f í a sutil, moderna, documentada, M a u r i c i o B a r i n g ha compuesto una i n f o r m a c i ó n periodística, curiosa y con ribetes sensacionales. N a d a nuevo, n i en el c a r á c t e r n i en el espíritu. S u Sarah no rebasa el tipo corriente, archiconocido, supermanoseado. Sólo se acerca a l a i n t e r p r e t a c i ó n c o n t e m p o r á n e a por su insistencia en el- misterio. Y aquil surge l a paradoja. Difícilmente hay otra artista m á s rebuscada, analizada, popularizada, discutida; pero t a m b i é n difícilmente hay otra mujer cuya vida ofrezca m á s enigmas interiores, m á s misterios. Sin embargo, el libro no los descifra. L a cara de Sarah. B e n m a r d t queda oculta por l a careta, como antes. L Otro libro y otro misterio. La cara y la careta. Sarah Bernhardt es un Baudelaire triunfante. L a misma sensibilidad en carne viva, el mismo penacho cyranesco de; A m í ¿q u é? igual preocupación a r i s t o c r á t i c a contra l a bohemia, a n á logos prejuicios bohemios contra los a r i s t ó c r a t a s sed de meter ruido, fiebre de producir asombro. Sobre todo, una identidad sentimental; ambos hogares, el de Baudelaire y. el de Sarah tienen ambiente hamletiano L a s madres, infieles a los padres; los hijos, sombríos, patéticos, t é m a n s e i r ó nicos, sarcásticos, como el inmortal príncipe de Shakespeare. E n sus Memorias, publicadas bajo el expresivo título de Mi doble inda. campean, como en las de Baudelaire, Mi corazón desnudo, l a despreocupación y él énfasis. Pero, como en el poema de Musset, bajo l a careta, que r í e está l a cara humana llorando l á grimas vivas. Sarah, como el infortunado Baudelaire. cree en su genio, en su predestino; pero lleva, como él, clavada la saeta de Shakespeare. Cada vez q u é nombra a su madre, con frialdad respetuosa, asoman tras de la careta unos tristes ojos humanos. v í: l fichero familiar. S u madre no l a quiere, n i la comprende, n i la tiene consigo. É s una elegante egoísta, bella, frivola, equívoca, despreocupada. H a y u n padre, huido, borroso, que reside en China U n padrino tan rico, servicial y torpe, como un h é r o e de George Ohnet. U n a nodriza, en una granja de las afueras. U n a tía, coqueta y suntuosa, que desciende del carruaje y deja en l a granja un cartucho de dulces y otro de luises de oro, como en las novelas de S u í Y luego la tnuerte misteriosa del padre. E l notario, anunciando a Sarah que es heredera única. L a madre rondando a l a hija, t m p u j á n d o l a hacia el convento, por una miserabie captación de bienes, como en Balzac. Infancia de h u é r f a n a rica, en un legado de folletín, convento y notario. Adolescencia, entre equívoca y fastuosa, en u n hotel, donde l a tía, linda y coqueta, lleva como satélites a l duque de M o r n y y a F é l i x Faure. juventud de Conservatorio, intrigas, ejercicios de batalla, como en Augusto Germain. Y por fin, ¡el sueño dorado... sociétaire de l a Comedia Francesa. L a reina de Rtty Blas- -escribe ella misma- -me c o n s a g r ó definitivamente. Desde entonces f u i- S a r a h Bernhardt. Y como no le basta P a r í s va a Londres, a Estados Unidos, al Canadá, y monopoliza la actualidad universal con Lésseps, al punto de que Carlos Nartey, gravemente enfe ¡rmo, le dice, desde el lecho, a Dumas, h i j o I C h i c o no te entristezcas por rní. L. M u e ro dichoso. Y a no volveré a oír hablar n i de Sarah Bernhardt n i de. Lesseps! I L a decadencia nos la ofrece en ijiuestros días, octogenaria paralítica, representando absurdos melodrama? de su nieto, el mediocre Verneuil, entre sueltos de caridad periodística. i V ¡í 1 1 El luto de Hamlet Melancólica, como todos los ocasos; triste, como todas las ruinas, esta supervivencia de Sarah v a del sollozo, en la oda de L a martine, al silencio, en las meditaciones de Kempis, como u n cartujo va de suj oración en la. celda al mutismo en el huertp, donde cava su sepultura. T a n patético es su dolor, que nos recuerda a la Infantina, del R o martcero Y de una vez me muriera, y no tantas cada día... r La sed ele fama. P e r o el renombre l a embriaga, la alcoholiza. D a r que hablar, promover disputas, batir en los hogares como un viento de tormenta. Y como no le basta el teatro, Sarah pinta, esculpe, monta a caballo, sube en globo, abofetea a una actriz, insulta a un director, polemiza virilmente con un crítico, duerme to. das las noches en su a t a ú d como en un lecho. ¿F u n d ó escuela? ¿D e j ó d i s c í p u l o s? R o m á n t i c a y genial. su arte, sin métodos n i cánones, m o r í a cada noche para resucitar a l a siguiente. Sólo de vez en vez, comtj una i m placable necesidad de su doble v i d a Sarah, de enlutada ropilla, encarnaba al sombrío Hamkt... í CRISTÓBAL D E CASTRO
 // Cambio Nodo4-Sevilla