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ABC D O M I N G O I Í D E F E B R E R O D E ig 34. -E D I C I Ó N D E ANDALUCÍA. P A G 3. ECOS, NOTAS L E. CTU RAS Y E n las primeras elecciones que se celebraron en España por el sistema del sufragio tmivefsal; un ilustre catedrático jubilado, que residía en el campo, hablaba coa su cochero, la víspera de la elección, acerca de l a hora a que tendrían que salir a l día siguiente para votar en la cabeza del partido y estar de regreso a la hora del almuerzo. -S o n tres horas de camino- -decía e l criado- y tres de vuelta, seis; de modo que podemos salir a las seis y media de la mañana para llegar a casa a la una después de haber permanecido media hora en l a ciudad; así habrá tiempo para que vote usted, para que descansen un poco los caballos y para que yo vote también... És verdad, hombre; y a no me acordaba. A h o r a tú tienes también voto. ¿Y a quéj candidato piensas votar, a I Patricio 0 a D. Demetrio? -Y o a D Demetrio. -Bueno- -replicó el catedrático- pues no merece la pena de pasar una mala noche pensando en madrugar, n i en dar un mal rato, mañana a los caballos. N o enganches, siquiera, porque yo pensaba votar a ¡D. Patricio, así es que estamos en paz; tu voto- anularía al mío, y el mío al tuyo; lo mejor es quedarnos en casa. L a política- -decía Lamartine- -es la ciencia de las relaciones de los hombres entre ellos, de las naciones entre ellas; es el mecanismo moral de las sociedades humanas, mediante el cuál Dios hace vivir a los hombres en familias nacionales y multiplica la fuerza de cada uno por la fuerza de todos; crea. derechos, impone deberes, transforma los instintos ignorantes y egoístas en pa- triot smo y en abnegación sublime, hace progresar la Humanidad de ideas en ideas, cíe instituciones en instituciones, y. dando, por así decirlo, a cada país y a cada cen tutía su tarea y su papel en la obra colectiva, le pide la apartación en tributó a la especie humana, de un resultado; de un rog- reso, de un acto, de una idea, de una ey... Toda política que no contiene estas ideas morales: progreso y abnegación, no es una política. Es una profanación. Í EL H O M B R E D E L DÍA 1 MONSÍEUR GASTÓN. DOUMERGUE U n a vez, el presidente Wilson oyó ta fchar de utopía uno íe sus asertos sobre la L i g a de Naciones. Él gran norteamericano replicó en esta forma: Se abusa de la palabra utopía L a he oído, muchas veces, pero, no para expresar Con. ella ideas inaccesibles, sino para dar a entender aquellas otras que no queremos que sucedan. Revistando las tropas en la plaza del Carrousel, se encabritó eí caballo que montaba Napoleón, y en los esfuerzos que hizo para dominarlo, se le cayó el sombrero al suelo. U n ateniente, llamado Robussin, salió de las filas, cogió el sombrero y se ío entregó al Emperador. -Gracias, capitán- -dijo éste. ¿E n qué regimiento, señor E Napoleón se fijó entonces en él, y. reparando en los galones se dio cuenta de suequivocación y replicó sonriendo: ¡A h! E s jup. to. E n mi guardia. Comentando Tos cambios frecuentes de lugar de muchas ¿e las estatuas, de Madrid, un contertulio de café le preguntó a un crítico. -S i usted fuera escultor y tuviese que hacer un monumento en Madrid, ¡cómo lo haría usted? s -Le pondría ruedas y una lanza. 1 Sonrisa jovial, simpática, benévola y optimista de meridional es lo qué caracteriza a primera vista a Gastón Doumergue y lo que le conquistó tantos amigos. A su sonrisa le debe en parte las simpatías de que goza, pero se entiende que éstas no sé hubieran mantenido si detrás de la sonrisa no hubiese un fondo serio; Su carrera política ha sido wiaascensión constante, aunque no demasiado precipitada, ni siquiera rápida. Ha: sido varias veces ministro, presidente de la Comisión de Negocios Extranjeros del Se- nadó, y a los sesenta años alcanzó el puesto de presidente dé la Alta Cámara, que en Francia es a menudo la antesala para la suprema magistratura de la República. Un año después, por la dimisión forzosa de Alejandro Millérand, se celebraron elecciones presidenciales, para las cuales el triunfante Cartel de izquierdas presentó a Painlevé, mientras que el candidato de los moderados fué Doumergue, aunque éste procediera, de las filas radicales. Doumergue triunfó gracias al apoyo de la mayoría del Senado, y ocupó la jefatura de la República durante los siete años reglamentarios, hasta 1931, fecha en que fué substituido por su casi homónimo Doumer (también presidente del Senado, lo mismo que Lebrun) asesinado por el loco Gorgulof. En la presidencia de la República el prestigio de Doumergue ya bien cimentado, no dejó de aumentar por la imparcialidad impecable con la cual actuó siempre de Poder moderador. Los siete años presidenciales harto le. han enseñado los inconvenientes del sistema parlamentario, tal como se ejerce en Francia, de modo que cuando dejó el supremo cargo Doumergue hubo de abogar repetidas veces en pro de la reforma de. la Constitución, con la finalidad de reforzar las facultades del presidente de la República y del Poder ejecutivo. Excepto Poincaré, actualmente Doumergue es, indudablemente, el estadista que. de mayor prestigio goza, así que es natural que en esta hora, tan crítica para Francia, toda la opinión sensata ss haya dirigido hacia el anciano agricultor, que vivía en su finca rústica- -semejante a un nuevo Cincinato- designándole como la única perspna capas de restablecer la unión nacional y la tregua entre todos los partidos burgueses.
 // Cambio Nodo4-Sevilla