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P 1 ARIO ILUSTRAD O A Ñ O TRIGÉSIMO. 10 C E N T S N U M E R O j j DIARIO ILUSTRA D O A Ñ O TRIGÉSIMO. 10 NUMERO CENTS. f F U N D A D O E L i D E J U N I O D E 1905 P O R D. T O R C U A T O L U C A D E T E N A LO D E A U S T R I A E l partido socialista h a sido d i s u e l t o (N o t i c i a de V i e n a) LA M U 1 ER YEL ALCOHOL L o s doctores Jean. P a r a f y H P K l o t z aseguran que e l a l coholismo h a adquirido más i n cremento entre las mujeres que e n t r e los h o m b r e s (U n a revista profesional. REALIDAD E l G o b i e r n o de A u s t r i a d u e ñ o de l a situación, d i r i g e u n u l t i m á t u m a los s o c i a l i s t a s (D e l a P r e n s a de a y e r t i E n ningún otro país parecerá tan fácil la. victoria a los socialistas como en Austria, cuando se lanzaron a la revolución. Toda A u s t r i a no cuenta más que seis millones de habitantes. Pero sólo Viena, la metrópoli roja, tiene dos millones, de los cuales, varios cientos de miles son judíos. L o s socialistas, dueños de la ciudad, poseen, por añadidura, desde 1920, no ya municiones y armas escondidas, sino un ejército propio, la Schutsbund, con militares profesionales a la cabeza. Y finalmente, los enemigos del socialismo estaban y están enconadamente divididos entre s í a un lado, Dollfuss y el Gobierno, con la. Guardia rural, la Hciimuehr, por toda defensa; del otro, y enfrente, los nacionales- socialistas. A pesar de todo, y de escoger a su antojo la hora de la revuelta, los socialistas han perdido. ¿P o r qué? Por la misma razón que ha de hacerles perder en todas partes, salvo el caso suicida de Rusia. Por haberse acogido a la fatal bandera de l a lucha de clases. Por la misma causa que les ha hecho desaparecer como partido en Italia y en A l e mania. P o r haberse obstinado dice. Le Temps, en una acción de clase, ya rebasada por los acontecimientos desde hace mucho tiempo; por haber negado al canciller D o l l fuss los medios de gobierno, en circunstancias excepcionales, cuando se trataba de la solución de la patria E l socialismo tiene su fuerza verdadera en los sentimientos de solidaridad y hermandad entre los hombres. Somos solidarios, porque necesitamos unos de otros. Somos hermanos, porque el m á s alto de nosotros puede caer v el más bajo levantarse del pecado y mejorar de conducta. Apelando a estos sentimientos han logrado los socialistas todas las ventajas conseguidas. E n nuestra civilización cristiana todo el que se encuentre caído u oprimido cuenta de antemano con la simpatía universal. Y donde ello no ocurre, es la revolución la que conquista las generales simpatías. Pero en vez de apelar a los sentimientos de solidaridad y de hermandad, han preferido les socialistas atizar los rencores y levantar la bandera de la lucha de clases, con el señuelo de establecer la dictadura del proletariado, aunque en realidad no conozca el mundo otra dictadura socialista que la de los agitadores. Ello nos. explica su derrota. Entre un partido que proclama la primacía de una clase y los movimientos sociales que se fundan en la solidaridad y necesidad de todas ellas; entre un sector que se erige en él partido de una parte y los que hablan a todos en nombre de todos y de la necesidad de todos y de su solidaridad y su hermandad, es natural que prevalezca la totalidad sobre la parte. Y prevalece, precisamente, porque ha sabido poner de su laclo aquellos sentimientos a que los socialistas debían su progreso: la solidaridad y hermandrd de los hombres. RAMIRO D E MAEZTU E l fenómeno no es de ahora. L o s profesores Chauffard y Brodin lo descubrieron experimentalmente hace diez años, y la A c a demia de Medicina de P a r í s se d i o por enterada. ¿Q u é podría hacer por impedir o atenuar el estrago? L a ciencia está casi desarmada frente a ciertos vicios nacidos de. la depravación de las costumbres. Mientras- 110 retorne la afición a la vida sobria y tranquila, no se verá el remedio. Nuestros ascendientes, más afortunados, ignoraban esta ansiedad emotiva que nos posee a casi todos y que sólo se aplaca o se mitiga con el engañoso placer del alcohol. E n su comunicación a la Academia de los Hospitales, aquellos médicos atribuyen la causa del mayor consumo de bebidas por la mujer a su participación, de día en día creciente, en el trabajo masculino. E v a no solamente pretende igualar al hombre en derechos, sino que quiere asumir sus deberes. Después de codearse con él en. el taller, -en la fábrica y en el comercio, en los afanes del campo y en las actividades urbanas, ha concluido por. sentarse a su lado en las Asambleas políticas. Y es claro: la comunidad de preocupaciones ha traído consigo la necesidad de placeres análogos. ¿E s un bien o un mal? ¿Q u é va ganando la mujer con esa nivelación de los gustos? Porque lo malo no es que la obrera beba el mismo alcohol que que el bracero. L o peor es que en la sociedad de los privilegiados el bello sexo demuestra igual intemperancia en el uso de la bebida. L o único que diferencia a la mujer pobre de la rica es que ésta Consume el cock- taü caro y aquélla el brebaje adulterado de los bares. Pero el vicio es idéntic o y su arraigo ofrece en las dos clases el mismo peligro, porque la pobre y la rica, con aptitudes, maternales, son las depositarías del porvenir de la raza. ¿Q u é se podría intentar para corregir esa afición malsana de la mujer al alcohol? Obscuro problema impenetrable para este superficial comentarista. S u solución exige las luces del médico, los consejos del confesor y el influjo directo del gobernante sobre las costumbres. Licurgo, ante un conflicto de esta naturaleza, no vacilaría en prohibir que el alcohol le fuera servido a ¡a mujer. Cuando el marido tenía autoridad cu su hogar se hubiera podido contar con su ascendiente sobre la mujer, pero ahora el progreso político, que no implica necesariamente- ventajas morales, ni mucho menos, el hombre limita su papel, fuera de las obligaciones conyugales, a ser un simple interlocutor de la- señora, que casi siempre le- i m pone sus opiniones o sus caprichos. ¿No trabaja lo íMsriJo- que él? ¿N o tiene. los mismos derechos? L o demás cae de su peso. Entretanto, la sociedad, o. -mejor dicho, el país, Sufre las consecuencias de tales desórdenes, porque 1 a depravación de las costumbres rebasa, con sus ¡efectos, el presente y alcanza a las generaciones venideras. Corren malos vientos para el socialismo. E n Austria lo destruyen por la fuerza de las armas; en Alemania, por la declaración de uno de sus más. famosas Icaders, el ex presidente del Reichstag, Loebe. Parece, en lo que a Austria afecta, que la llamada organización obrera era plenamente militar y política, y en lo que a Alemania respecta, que la doctrina se ha agotado infecundamente. N o fuera malo, para el socialismo el aplastamiento material bajó la bandera de reivindicaciones obreras, lo- grave ha sido su derrota en lucha impuesta a los traba jadores por intereseá. queí- no eran suyos, y lo- irreparable sería iqüe su fondo doctrinal se hubiese disipado tí consumido. L o que sedujo a los obreros en el marxismo no fué ninguna concepción política- -pues no lo es la mera aspiración a la conquista del Poder, que no habían de regir sino por personas interpuestas de la- burguesía frustrada- sino la promesa de satisfacer su interés de clase y los lejanos atisbos r ¡elacioñados con la supuesta capacidad exclusiva de creación del valor, que M a r x equiparando literalmente el obrero a la bestia dé carga, ponía en el esfuerzo muscular del trabajador manual. Y junto a todo ello el socialismo ha repudiado, al alzarse, en armas su concepción de clase. L a conquista del Poder no se iba a realizar en Austria por el proletariado, sino por, elementos -militares y, mediante m i litarización previa de la masa. ¡Buen ejemplo de consecuencia doctrinal y de íe en las ruedas de molino con que M a r x ha venido haciendo comulgar a los suyos, Pero tanto como el triunfo de Dollfuss interesa hoy comentar la lamentación de Loebe. ¿E s cierto que el socialismo se ha agotado por faltarle época histórica adecuada? Loebe, al suponerlo, rinde al socialismo un fúnebre homenaje. N o és eso. E l socialismo no ha tenido jamás fondo doctrinal que pudiera agotarse, por la razón sencilla de que en él todo hedía a anticientífico. S u concepción de una sola clase social no era más que la negación del p r i n c i p i o- o r g á n i co, de la división de trabajo que en su aspecto social crea necesariamente varias: la materialista de la; Historia, ta antítesis de la naturaleza humana, que, por la superioridad del espíritu, ha de subordinar a sus manifestaciones, las de la materia; la del valor, la más absurda y denigrante de las especulaciones que. al hombre afectan por l a equiparación de su fuerza de trabajo a la de las bestias, y la de la plusvalía, una cómica infracción del principio, fisicomatemático d é l a conservación de la energía. N o el socialismo no se ha agotado doctrinalmente. Su quiebra fué causada 110 ya siquiera por falta de base científica, sino por tener como fundamentos falacias notorias. J a m á s fué otra cosa que bodrio de errores. Por eso, antes de que Dollfuss lo aniquilase con las armas, antes de que L o e be considerase su misión cumplida, había muerto. Que se hallase insepulto no significa lo contrario. MANUEL B U E N O VÍCTOR P R A D E R A