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Quién puede permanecer insensible en medio de este espectáculo. Intérprete de nuestro dolor, me atrevo a proponer que, en tanto que l a Iglesia presta sus solemnes plegarias a lá que fué nuestra Reina, a la que sólo ocupó el T r o n o el tiempo sucintamente necesario para reinar sin límite en los corazones, en tanto que las exequias se verifican, esta tribuna permanezca muda, en señal de duelo, convidando con su silencio ai recogimiento y a la oración. Propongo, además, señores diputados, que una Comisión del seno de la. Cámara, cuando las tristes circunstancias que nos rodean lo consientan, llegue a S. M el R para significarle el sumo dolor de que se encuentra poseída, para mostrarle que todos participamos de su pena, que éste es el único consuelo que cabe en tan grandes aflicciones. ¿Quién será insensible a la presente? Sóloel infeliz que se encuentre incomunicado con la Humanidad. A la misa de corpore insepulto, que se celebró en el salón de Columnas de P a lacio, donde reposaba el regio cadáver, concurrió una numerosísima Comisión de diputados de todas las agrupaciones políticas. Y es digno de consignarse con elogio que el insigne dramaturgo Echegaray, que se hallaba ausente de M a d r i d a pesar de pertenecer a la minoría republicana más radical, cuyo jefe mantenía desde el extranjero lá protesta revolucionaria con permanente tenacidad, escribió a A v a l a rogándole que le considerara como presente en la ceremonia religiosa, no obstante tener lugar en el Alcázar de los Reyes. E r a n tiempos tan distintos de los de hogaño, que nadie pensó que aquella tierna expresión de humanos sentimientos estuviera reñida con la fidelidad consagrada a las ideas. E n el artículo anterior transcribí una carta, que el Rey había escrito a su condiscípulo el archiduque Federico de A u s t r i a qut estaba próximo a casarse, invitándole a que viniera con su esposa a pasar l a luna de miel en M a d r i d Precisamente debía tener lugar la boda alrededor del día en que falleció l a Reina, y D A l f o n s o para comunicarle su desgracia, le dirigió el siguiente telegrama: M i querido F e d e r i c o L a R e i n a M e r c e des, ha muerto. Que D i o s te conceda en t u matrimonio la dicha que a nú me ha negado. E n tus próximas horas de felicidad, acuérdate de las presentes horas de dolor de tu amigo. -Alfonso. Durante mucho tiempo fué tema preferido en las conversaciones de España entera el. tristísimo acaecimiento. E n M a d r i d donde la malograda R e i n a había conquistado las simpatías y el afecto, no sólo en el ambiente cortesano y en las clases medias, sino en las más populares y modestas, no era extraño que su muerte fuera generalmente llorada. L a habían contemplado de cerca y la corriente de atracción había sido inmediata y directa. L o que fué verdaderamente asombroso es que la compasión llegó a las más remotas aldeas, donde las muchachas- -yo recuerdo haberlo vi sto- -componían y cantaban coplas tan sencillas como sentimentales, que, como todo lo que produce l a honrada musa del pueblo, llegaba a las almas con eficacia emocionante, N o quiero concluir sin relatar un episodio conmovedor y patético. y. X cultísimo poeta y periodista Enrique Cisneros, del que en otras ocasiones hube de ocuparme, era la persona de más íntima confianza para l a familia Montpensier. E l día de l a V i r g e n de las Mercedes, 24 de septiembre de. 1877, fecha en que ya estaba convenido el desposorio de la infanta, al felicitarla Cisneros con motivo de celebrar sus días, le anunciaba, gozoso, que el año venidero recibiría l a felicitación en el Trono. L a muerte truncó los deseos del amigo fiel y cariñoso, pero el desconsolado y afligido padre no olvidó aquella promesa, y cuando el día de las Mercedes de T 878 fueron los duques al Escorial para cumplir el piadoso deber de orar en la sepultura de su hija, escribió Montpensier a Cisneros la siguiente carta autógrafa, que guardo en mi archivo y que siempre leo con l a más profunda emoción: E l E s c o r i a l -2 4 sbre. 78. -Hace un año, mi querido Cisneros, usted me escribía aquí felicitándonos los días de m i queridísima Mercedes, y concluía V d su carta diciendo: e l año que viene recibirá nuestras felicitaciones en el T r o n o V d era profeta, aunque no del todo; las recibe este año en su trono, pero no terrestre, en el cielo con los ángeles. Gracias mil por su carta tan sentida que llega en este momento (ro de lá noche) a mi poder, con el primer ejemplar que hayamos visto de la Corona Poética, que voy a leer con avidez. Gracias por haber contribuido a ella; gracias en m i nombre y en el de las Infantas, madre e hija, que han soportado el viaje mejor que lo que podíamos esperar. H e encontrado también al Rey, hoy y para siempre h i j o mío, muy bien bajó todos conceptos. -Pronto espero tener el gusto de estrechar su mano en Madrid. Su más afecto, Antonio dcOrleáns. L a temprana muerte de aquella angelical y bellísima Reina, de la que el Rey estaba fendídamen e enamorado, constituyó una irreparable y dolorosísima pérdida para los suyos, pero quién sabe si, además, desvió de su curso normal la suerte de España, porque de haber subsistido, acaso hubiera sido más larga la v i d a de D. A l f o n s o X I I f NATALIO RIVAS o do at e. s- c l i o cU a 0 da ios t! e t t ¿a e te Si C Siga V d esíe ejemplo y proteja a su íamilia con él tónico nervioso que sigue ocupando el primer lugar y 1 único que mereció la aprobación de la Academia de Medicina y Cirugía de, Barcelona, Laboratorios Cera, S. 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